La Niña está entrando en su recta final y, aunque aún se siente con fuerza este invierno, todo apunta a que dará paso a una fase Neutra en primavera, con efectos importantes en el clima de México. Este cambio no solo influirá en las temperaturas y las lluvias de los próximos meses, sino que también abre la puerta a una pregunta que inquieta a científicos y curiosos por igual: ¿regresará pronto El Niño? Entender qué está pasando en el Pacífico ecuatorial es clave para anticipar un año climático lleno de contrastes. Y sí, lo que ocurra en los océanos puede sentirse directo en tu día a día.
La Niña seguirá activa, pero su final ya está marcado
Durante las próximas 4 a 8 semanas, La Niña continuará dominando el panorama climático. Según el Centro de Predicciones Climáticas (CPC) de la NOAA, las anomalías de temperatura del mar en el Pacífico ecuatorial se mantienen alrededor de -0.5 °C en la región Niño 3.4, aunque otros indicadores hablan de una Niña moderada cercana a -1.2 °C en semanas recientes. Esto explica por qué seguimos viendo días soleados y cálidos interrumpidos por irrupciones de frío intenso, lluvias y hasta nevadas en algunas regiones.

Este comportamiento es el “sello” de La Niña: contrastes extremos. En México, esto se traduce en frentes fríos más activos, masas de aire ártico alcanzando el norte y centro del país, y episodios de lluvia fuera de lo habitual para el invierno. No es caos climático, es un patrón bien conocido, aunque cada evento tenga su propia personalidad.
Fase Neutra en primavera: menos extremos, pero no calma total
Los modelos climáticos coinciden en algo clave: entre febrero y marzo, La Niña perderá fuerza y el sistema ENSO entrará en fase Neutra, con una probabilidad cercana al 90 % durante la primavera. Esto no significa que el clima se vuelva “normal” de un día para otro, pero sí que los extremos tienden a moderarse.

Para México, esta transición suele traer menos olas de calor prolongadas, ingresos ocasionales de aire polar y un aumento de tormentas eléctricas y granizadas, especialmente en el noreste, centro y oriente del país. El calor se sentirá (porque la primavera es primavera), pero su intensidad y duración podrían ser menores comparadas con años dominados por El Niño. Es un respiro temporal en un planeta cada vez más caliente.
¿Regresará El Niño en la segunda mitad de 2026?
Aquí es donde el tema se pone interesante. Las proyecciones actuales muestran un 50 a 60 % de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre junio y septiembre de 2026, conforme las aguas del Pacífico ecuatorial continúen calentándose y los vientos alisios se debiliten. No es una certeza, pero tampoco una simple especulación.

Si El Niño comienza a establecerse desde el verano, sus efectos más claros se sentirían en otoño e invierno. En términos simples: más lluvias en amplias zonas del país, temperaturas reguladas en algunas regiones y cambios importantes en la circulación atmosférica. Cada evento de El Niño es único, pero históricamente se asocia con temporadas más húmedas y frías en el norte, centro y occidente, mientras el sureste suele experimentar menos frío extremo.
Lo que este cambio climático significa para México
Primero, la temporada de lluvias. Bajo una fase Neutra, las precipitaciones suelen iniciar en tiempo y forma desde mayo, con posibilidad de que sean normales o ligeramente superiores al promedio. Esto favorece la formación de ciclones en el Pacífico y aumenta la frecuencia de tormentas severas en primavera, incluyendo granizadas e incluso tornados aislados. Si El Niño se consolida más adelante, el verano y otoño podrían estar marcados por periodos de lluvias intensas, pausas breves de calor y condiciones bochornosas en costas. En el norte, no se descartan temperaturas superiores a 35 o 40 °C, mientras el centro-sur podría mantenerse por debajo de los 30 °C, un contraste que define muchos años Niño.

La Niña está diciendo adiós, la fase Neutra se prepara para tomar el control y El Niño asoma como una posibilidad real en la segunda mitad de 2026. Este vaivén climático no es solo una curiosidad científica: impacta el agua que bebemos, los alimentos que consumimos y la forma en que vivimos el clima día a día. Entender estos ciclos nos recuerda que habitamos un planeta dinámico, donde todo está conectado. En un mundo que se calienta cada vez más, la gran pregunta no es solo qué fenómeno vendrá después, sino cómo nos adaptaremos a los cambios que ya están en marcha.




