La Falla de San Andrés es uno de los sistemas geológicos más estudiados del mundo debido a su capacidad para generar terremotos de gran magnitud. Su constante movimiento ha despertado durante décadas el interés de científicos que buscan comprender cuándo podría liberarse la enorme energía acumulada entre las placas tectónicas. Aunque no existe forma de predecir el momento exacto de un gran sismo, el llamado Big One continúa siendo uno de los escenarios más analizados por especialistas, ya que podría afectar a millones de personas en Estados Unidos y el norte de México.
Falla de San Andrés: el sistema tectónico que divide dos placas
La Falla de San Andrés es una falla transformante de aproximadamente 1,300 kilómetros que marca el límite entre la Placa del Pacífico y la Placa Norteamericana. Se extiende desde el Mar de Salton, en el sur de California, hasta el triple punto de Mendocino, al norte del estado, conectándose con sistemas tectónicos que continúan hacia Baja California y Sonora. Su desplazamiento lateral alcanza entre 20 y 35 milímetros por año, un movimiento que, aunque imperceptible para las personas, acumula tensión durante siglos hasta liberarse mediante terremotos.
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Contrario a lo que suele imaginarse, no se trata de una única grieta, sino de un complejo sistema formado por distintos segmentos y fallas asociadas, como Hayward, Calaveras, San Jacinto y Cerro Prieto. Esta configuración explica por qué la actividad sísmica puede presentarse en diferentes regiones y con características distintas, dependiendo del segmento que libere la energía acumulada.
Las ciudades que atraviesa la Falla de San Andrés
En California, la falla pasa por o muy cerca de comunidades como Bodega Bay, Point Reyes Station, Daly City, San Juan Bautista, Parkfield, Hollister, Cholame, Frazier Park, Gorman, Palmdale, Wrightwood, San Bernardino, Desert Hot Springs, Palm Springs, Indio y Banning. Aunque grandes ciudades como Los Ángeles o San Francisco no están directamente sobre la traza principal, su cercanía hace que sigan siendo altamente vulnerables ante un terremoto de gran magnitud.
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En territorio mexicano, el sistema tectónico continúa mediante fallas relacionadas que afectan principalmente a Mexicali, Tecate, Tijuana, Rosarito, Ensenada y San Luis Río Colorado. De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), estructuras como la Falla de Cerro Prieto, responsable del terremoto de Mexicali en 2010, forman parte del mismo contexto geológico, lo que convierte a esta región fronteriza en una de las más activas sísmicamente del país.
¿Qué es el Big One y por qué sigue siendo motivo de estudio?
El Big One es el nombre con el que se conoce al hipotético gran terremoto que podría producirse en el segmento sur de la Falla de San Andrés. Los especialistas consideran que este tramo no ha experimentado una ruptura de gran magnitud desde el terremoto de Fort Tejon de 1857, estimado en una magnitud cercana a 7.9, por lo que continúa acumulando tensión geológica.
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El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha desarrollado modelos como el escenario ShakeOut, que simula un terremoto de magnitud 7.8 con una duración de tres a cinco minutos. Aunque el fenómeno es considerado inevitable a escala geológica, no existe ningún método científico capaz de predecir cuándo ocurrirá, por lo que las investigaciones se centran en comprender sus posibles efectos y fortalecer la preparación de la población.
¿Cómo sería el impacto de un gran terremoto?
Las simulaciones del USGS estiman que un evento como el Big One podría provocar alrededor de 1,800 fallecimientos, más de 50,000 personas heridas y pérdidas económicas superiores a 200 mil millones de dólares, además de afectar infraestructura crítica como carreteras, puentes, acueductos, líneas eléctricas y sistemas de comunicación. También podrían registrarse incendios urbanos, deslizamientos de tierra, licuefacción del suelo y miles de réplicas durante semanas o incluso meses.
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Las regiones cercanas a San Bernardino, Palm Springs, Indio, Palmdale y el Inland Empire experimentarían algunas de las sacudidas más intensas, mientras que ciudades mexicanas como Mexicali, Tijuana, Tecate, Rosarito y Ensenada también podrían resentir fuertes movimientos debido a su proximidad con el sistema tectónico. Si el terremoto ocurriera en determinadas zonas cercanas a la costa, algunos especialistas consideran posible la generación de tsunamis locales, aunque este escenario depende del tipo exacto de ruptura que se produzca.
Preparación: la mejor herramienta frente a un fenómeno inevitable
Tanto el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) como el USGS recomiendan elaborar un plan familiar de emergencia, identificar zonas seguras dentro de viviendas y centros de trabajo, fijar muebles pesados y revisar periódicamente las instalaciones de gas y electricidad. Estas medidas reducen considerablemente el riesgo de lesiones durante un sismo. Además, se aconseja mantener una mochila de emergencia con agua potable, alimentos no perecederos, radio de baterías, linterna, silbato, botiquín, medicamentos personales y copias de documentos importantes, suficiente para cubrir las necesidades básicas durante al menos 72 horas, ya que los servicios esenciales podrían tardar días en restablecerse.
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La Falla de San Andrés continúa siendo objeto de monitoreo permanente por parte de la comunidad científica debido a la energía que acumula y a la gran cantidad de personas que viven cerca de ella. Aunque el Big One es un escenario que los especialistas consideran posible, nadie puede anticipar la fecha en que ocurrirá. Lo que sí está claro es que la investigación, la prevención y la preparación siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el impacto de uno de los fenómenos naturales más importantes del continente.




