Chapula, una pequeña comunidad en el municipio de Tianguistengo, Hidalgo, quedó sepultada bajo toneladas de lodo tras las lluvias torrenciales provocadas por la tormenta “Priscila”. El gobernador Julio Menchaca Salazar declaró la zona inhabitable, confirmando que los 144 habitantes fueron evacuados por vía aérea junto con sus mascotas. Hoy, el nombre de Chapula simboliza una historia de pérdida, resiliencia y aprendizaje frente a la fuerza imparable de la naturaleza.

El desastre que borró a Chapula del mapa
Las lluvias que azotaron la sierra de Hidalgo en octubre de 2025 fueron históricas. En cuestión de horas, el río que atravesaba Chapula se desbordó y arrasó con casi todas las viviendas, caminos y servicios. Lo que antes era una comunidad rodeada de vegetación quedó reducida a un terreno cubierto de lodo y escombros.

Chapula estaba asentado en una zona de alto riesgo: la ribera del río. Durante años, los pobladores construyeron ahí sus casas por ser el terreno más accesible y plano. Pero cuando el agua se desató, no hubo defensa posible. “Ahí no se va a volver a construir”, advirtió el gobernador, al confirmar que no quedan más que vestigios de lo que fue un pueblo vivo.
Una evacuación aérea sin precedentes
El rescate de Chapula fue tan dramático como inédito. Un pequeño helicóptero Robinson realizó múltiples viajes para evacuar a las 144 personas atrapadas entre el lodo y los deslaves. Entre ellos, dos perros que fueron evacuados junto a sus dueños, una muestra de humanidad en medio del desastre.

La operación, coordinada entre el gobierno estatal y la Secretaría de la Defensa Nacional, trasladó a los habitantes hacia la cabecera municipal de Tianguistengo. Hoy, las familias se refugian en albergues o con parientes, a la espera de ser reubicadas permanentemente en zonas seguras, lejos de los cauces del río.
Más allá de Chapula: una tragedia compartida
El municipio de Tianguistengo no solo perdió a Chapula. Tlacolula y El Hormiguero también fueron devastadas por las lluvias, aunque solo la primera ha sido declarada formalmente inhabitable. En toda la región se han registrado más de 600 derrumbes y decenas de comunidades incomunicadas.

El gobernador Menchaca afirmó que sería prematuro definir cuántos pueblos quedarán inhabitables, pero reconoció que la prioridad inmediata es entregar alimentos, agua potable y medicamentos. Las autoridades han desplegado 77 centros de ayuda y 22 helicópteros para asistir a los afectados en toda la sierra hidalguense.
Chapula antes del desastre
Antes de la tragedia, Chapula era una comunidad tranquila, rodeada de montañas, con calles empedradas, casas coloridas y una escuela donde el sonido de las risas marcaba los días. Los habitantes vivían del campo y del comercio local, disfrutando del río que ahora los expulsó.

Las fotografías compartidas por los vecinos muestran un pueblo vivo, lleno de tradiciones y unidad. Hoy, esos recuerdos contrastan con la devastación total: el río se llevó las casas, pero no la memoria de quienes vivieron allí. Algunos proponen reconstruir Chapula en otro lugar, conservando su nombre como símbolo de resistencia.
Héroes en medio del caos
Entre los testimonios que han salido a la luz destaca el de Pascual García Guerrero, un campesino que decidió vender su camioneta para rentar un helicóptero y rescatar a sus vecinos atrapados. Con el apoyo de migrantes hidalguenses en Estados Unidos, Pascual logró evacuar a decenas de personas antes de que llegara la ayuda oficial. Su historia se volvió viral y dio rostro humano a la tragedia. En medio del dolor, Chapula mostró que la solidaridad también puede ser más fuerte que la tormenta. Ese espíritu de comunidad será vital para el futuro de los desplazados.

Chapula desapareció del mapa, pero dejó una lección que no puede perderse: el cambio climático ya está reconfigurando la vida en las montañas mexicanas. La fuerza del río no solo destruyó casas, también reveló lo vulnerable que pueden ser las comunidades rurales frente a la naturaleza desbordada. Hoy, el eco del río sigue sonando entre los cerros vacíos, recordando que ningún lugar está a salvo si olvidamos respetar el entorno. Chapula fue un pueblo que el río se llevó, pero su historia (como el cauce del agua) seguirá fluyendo mientras haya quien la cuente.




