Cientos de metros de cables colgando en cada esquina. Postes saturados, peligrosos y antiestéticos. Por fin, eso está por terminar. Con la reciente aprobación de la Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión, la Ciudad de México se prepara para transformar radicalmente su paisaje urbano: todos los cables aéreos deberán ser enterrados. Esta medida, largamente esperada por ciudadanos hartos de la “jungla” visual, promete una ciudad más ordenada, segura y moderna. Pero ¿cómo se hará, quién lo pagará y qué implicaciones tiene?

Adiós a los cables fantasmas de CDMX
Durante décadas, el cableado aéreo en CDMX ha sido una constante: enredaderas de alambres de todo tipo cruzando calles, colgando de los postes o incluso cayendo peligrosamente a banquetas. Sin embargo, esto dejará de ser la norma gracias a la nueva Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión, aprobada por el Senado y la Cámara de Diputados en julio de 2025.

La legislación establece que las empresas de telecomunicaciones como Telmex, Izzi, Totalplay y Megacable deberán soterrar sus cables, es decir, instalarlos bajo tierra, y también retirar toda la infraestructura en desuso. La iniciativa busca mejorar la imagen urbana, pero también reducir los riesgos eléctricos, evitar accidentes y proteger los servicios durante fenómenos naturales como sismos o tormentas.
¿Cómo se hará el soterramiento de cables en CDMX?
El cambio no será inmediato, pero sí progresivo y estructurado. La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, creada como parte de esta ley, será la encargada de diseñar los lineamientos técnicos y legales. Este órgano contará con cinco comisionados designados por la presidenta y ratificados por el Senado.
Entre sus funciones estará:
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Establecer las zonas prioritarias para el soterramiento.
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Determinar la infraestructura pasiva que debe ser retirada o reubicada.
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Realizar un análisis de costo-beneficio que permita una implementación sostenible.
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Garantizar que los costos no se trasladen a los usuarios.

El proceso será gradual, pero obligatorio. Las empresas deberán coordinarse con autoridades locales para evitar afectaciones al servicio durante las obras. Y lo mejor: no habrá interrupciones para los usuarios.
Un cambio necesario para una ciudad más inteligente
La nueva ley no solo busca limpiar el paisaje, sino también preparar a CDMX para el futuro digital. En una ciudad que avanza hacia convertirse en “smart city”, es crucial tener una infraestructura tecnológica organizada, eficiente y segura. Además, el caos actual tiene causas estructurales: muchas veces, al cambiar de proveedor, los usuarios simplemente abandonan el cable anterior.
#ÚltimaHora 343 votos a favor, 129 en contra y 0 abstenciones. Aprobada en lo general y en lo particular la minuta que expide la Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión y abroga la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.
— H. Cámara de Diputados (@Mx_Diputados) July 2, 2025
Esto ha provocado una sobrecarga en postes, que en algunos casos ya superan los límites de peso y tensión permitidos. Por eso, la ley no solo regula el presente, sino que también obliga a que las nuevas instalaciones sean subterráneas desde el inicio, evitando que se repita el problema.
¿Qué beneficios traerá soterrar los cables en CDMX?
Más allá de lo estético, los beneficios del soterramiento son muchos y concretos:
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Seguridad pública: al eliminar cables expuestos o caídos, se reduce el riesgo de electrocuciones, incendios o interrupciones.
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Protección contra desastres: los cables subterráneos son más resistentes a sismos, lluvias e incluso vandalismo.
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Menos contaminación visual: adiós a la maraña gris sobre nuestras cabezas; calles más limpias y ordenadas.
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Infraestructura más eficiente: redes bien organizadas permiten una mejor conectividad, mantenimiento más fácil y menor saturación.

Según datos del Gobierno capitalino, hasta 2024 ya se habían retirado 626 kilómetros de cable, lo cual equivale a 7 toneladas de desechos. Pero aún falta mucho por hacer: en colonias como Roma, Narvarte, Doctores o Santa María la Ribera, los postes siguen cargando el peso de décadas de instalaciones.

Este cambio representa una transformación profunda y visible para la capital del país. Un cielo más limpio, calles más seguras y una red digital más confiable son apenas algunos de los beneficios de esta reforma. Por supuesto, no será un proceso sencillo: implica obras, inversión y colaboración entre gobierno, empresas y ciudadanía. Pero, si se hace bien, la Ciudad de México podrá decir adiós a décadas de abandono en su infraestructura aérea.




