El Mundial 2026 será la edición más grande en la historia del torneo, con 48 selecciones, 104 partidos y tres países anfitriones: México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, más allá de la magnitud del evento, especialistas en clima y salud deportiva han identificado un desafío que podría influir directamente en el desarrollo de la competencia: las altas temperaturas, la humedad extrema, las tormentas eléctricas y la altitud presente en algunas sedes. Diversos estudios advierten que el calor extremo en el Mundial 2026 podría afectar tanto el rendimiento físico de los futbolistas como la organización de los encuentros.
El calor extremo podría afectar una cuarta parte de los partidos
De acuerdo con un análisis realizado por World Weather Attribution, alrededor del 25% de los encuentros programados para el Mundial 2026 podrían disputarse bajo condiciones climáticas que superan los límites recomendados para la práctica de ejercicio físico intenso. El estudio utiliza como referencia el indicador Wet Bulb Globe Temperature (WBGT), una medida que combina temperatura, humedad, radiación solar y velocidad del viento para evaluar el nivel de estrés térmico que experimenta el cuerpo humano.
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Los expertos señalan que el principal riesgo no proviene únicamente de la temperatura ambiente, sino de la enorme cantidad de calor que genera el propio organismo durante el esfuerzo físico. Se estima que cerca del 75% de la energía producida por un atleta durante la actividad se transforma en calor corporal. Cuando la humedad es elevada, el sudor pierde eficacia para enfriar el cuerpo, aumentando el riesgo de agotamiento, deshidratación y disminución del rendimiento.
Dallas, Houston, Miami y Monterrey encabezan las alertas
Las condiciones más exigentes se esperan en varias sedes ubicadas en el sur de Estados Unidos y el norte de México. Ciudades como Dallas, Houston, Miami y Monterrey registran habitualmente temperaturas superiores a los 32 °C durante los meses de junio y julio, acompañadas por elevados niveles de humedad. Según datos recopilados por The Athletic a partir de registros climáticos históricos, Dallas aparece como una de las sedes más calurosas del torneo, con temperaturas promedio cercanas a los 32 °C y máximas que podrían alcanzar los 34 °C durante algunas jornadas.

Aunque el AT&T Stadium cuenta con techo retráctil y sistemas de aire acondicionado que ayudan a controlar el ambiente interior, otros estadios abiertos podrían quedar más expuestos a las condiciones meteorológicas. El índice de calor en algunas ciudades podría superar los 40 °C, una situación que incrementa significativamente el esfuerzo físico requerido para competir al más alto nivel durante 90 minutos o más.
El cambio climático aumenta la probabilidad de condiciones extremas
Diversos organismos científicos han vinculado estas condiciones con el avance del cambio climático. Un análisis de Climate Central concluyó que el calentamiento global ha incrementado la probabilidad de temperaturas que afectan el rendimiento deportivo en 97 de los 104 partidos programados para el Mundial. Los investigadores identifican los 28 °C de WBGT como un umbral crítico para los deportistas. A partir de ese punto, se han documentado reducciones en la velocidad de carrera, la distancia recorrida y la capacidad de recuperación.

En consecuencia, los cuerpos técnicos podrían verse obligados a modificar estrategias de juego, realizar sustituciones anticipadas o reducir la intensidad de los encuentros para proteger la condición física de sus jugadores. El Mundial 2026 podría convertirse en uno de los torneos más exigentes desde el punto de vista climático en la historia reciente del fútbol internacional, superando incluso algunos desafíos observados en ediciones anteriores.
La altitud de Ciudad de México añade otro desafío
Además del calor, algunas selecciones deberán adaptarse a condiciones geográficas particulares. Ciudad de México, sede de cinco encuentros mundialistas, se encuentra a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar, una altitud que reduce la disponibilidad de oxígeno y aumenta la exigencia cardiovascular. La combinación de altitud y temperatura puede representar una dificultad adicional para equipos acostumbrados a competir al nivel del mar.

Por ello, especialistas en preparación física recomiendan procesos de aclimatación previos que permitan al organismo adaptarse gradualmente a las nuevas condiciones. Experiencias previas han demostrado que la falta de adaptación puede traducirse en fatiga temprana, disminución del rendimiento y tiempos de recuperación más prolongados. En un torneo donde los márgenes de diferencia suelen ser mínimos, cualquier factor fisiológico puede resultar determinante.
Las tormentas eléctricas también amenazan la logística del torneo
El calor no será el único fenómeno meteorológico a considerar. Varias sedes, especialmente Miami, Kansas City y Ciudad de México, presentan una elevada probabilidad de tormentas vespertinas durante el verano. En Estados Unidos, los protocolos de seguridad obligan a suspender eventos deportivos cuando se detectan descargas eléctricas dentro de un radio aproximado de 13 kilómetros alrededor del estadio. Estas medidas buscan proteger tanto a los jugadores como a los espectadores, aunque también pueden provocar retrasos importantes en el calendario. Un antecedente reciente ocurrió durante el Mundial de Clubes, cuando un encuentro entre Chelsea y Benfica sufrió una interrupción prolongada debido a tormentas eléctricas, extendiendo la duración total del evento por más de cuatro horas. Situaciones similares podrían repetirse durante el Mundial si las condiciones atmosféricas así lo requieren.

El Mundial 2026 será recordado por su escala sin precedentes y por reunir a más selecciones que nunca. No obstante, el clima podría convertirse en un protagonista silencioso capaz de influir en el rendimiento, la estrategia y el desarrollo de los partidos. En un torneo donde cada detalle cuenta, la capacidad de adaptarse al calor, la humedad, la altitud y las tormentas podría marcar la diferencia entre avanzar hacia la gloria o quedarse en el camino.




