La Ciudad de México está viviendo un 2025 pasado por agua. No se trata de un simple aguacero: son lluvias que rompen récords históricos, con cifras que no se veían desde hace más de medio siglo. En menos de un año, la capital ha registrado al menos cinco episodios que superaron marcas de precipitación, dejando calles anegadas, transporte colapsado y miles de personas afectadas. La pregunta es inevitable: ¿qué significa para una ciudad de más de 9 millones de habitantes enfrentar lluvias de esta magnitud?

¿Cuántas veces se ha roto récord de lluvias en CDMX este 2025?
En lo que va del año, la capital ha roto cinco récords de precipitaciones. Todo comenzó en junio, cuando la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua) reportó más de 220 metros cúbicos acumulados en el mes, superando la marca más alta en dos décadas. A partir de ahí, la temporada de lluvias se volvió una seguidilla de récords que pusieron a prueba la resistencia de la ciudad.

Los aguaceros de agosto: el Zócalo bajo agua
El 10 de agosto, el corazón de la ciudad fue testigo de un aguacero histórico. En el pluviómetro del Zócalo se registraron 84.5 milímetros de lluvia, rebasando un récord que llevaba vigente desde 1952. Ese mismo mes, las autoridades confirmaron que el promedio de lluvia acumulada entre enero y agosto alcanzó 662.18 milímetros, superando los 530.14 milímetros que históricamente marcan la temporada.

Este fenómeno no solo sorprendió por las cifras: transformó la cotidianidad de miles de capitalinos. Desde avenidas principales convertidas en ríos hasta viviendas en Iztapalapa bajo el agua, la ciudad vivió una especie de “simulacro climático” que dejó claro que las lluvias ya no siguen los patrones del pasado.
Septiembre, el mes de los récords dobles
El 2 de septiembre, la capital volvió a romper marcas. Se acumularon 34 millones de metros cúbicos de agua, cinco veces más que en el evento del 10 de agosto. Las alcaldías Gustavo A. Madero, Iztacalco y Venustiano Carranza fueron las más golpeadas. Las imágenes de autos varados, estaciones de metro cerradas y familias evacuadas circularon en redes como un recordatorio brutal de lo vulnerable que puede ser la ciudad frente a un fenómeno natural.

Pero septiembre aún tenía reservado otro golpe. El 27 de septiembre cayó la lluvia más intensa de toda la temporada: más de 91 milímetros en la zona oriente, lo que equivale a 28 millones de metros cúbicos en la ciudad y más de 60 millones a nivel metropolitano. En pocas horas, el Valle de México recibió agua equivalente al consumo de semanas enteras.
Un año que quedará en los registros climáticos
Lo que distingue a 2025 no es solo la cantidad de agua caída, sino la frecuencia con la que se han roto récords. En menos de diez meses, la ciudad experimentó cinco eventos históricos de lluvia, cuando en décadas pasadas lo común era que un solo récord permaneciera vigente durante años.

Los expertos lo atribuyen a la combinación de cambio climático, variabilidad natural y urbanización descontrolada. Mientras el planeta se calienta, la atmósfera retiene más humedad y las lluvias se vuelven más intensas y erráticas. La capital, con su densa población y su infraestructura limitada, se convierte en escenario de vulnerabilidad.
Más allá de las cifras: la vida cotidiana bajo la tormenta
Cada récord roto tiene una cara humana. Familias desalojadas en Iztapalapa, estudiantes atrapados en el transporte público, negocios que amanecen con el agua hasta las rodillas. Aunque las estadísticas impresionan, lo que realmente marca la memoria colectiva son las imágenes: techos colapsando, colonias bajo alerta naranja y la ciudad transformada en un paisaje acuático.

Para muchos jóvenes, estas lluvias son el primer gran recuerdo climático de su vida adulta. No es un fenómeno lejano ni un dato en un libro de historia: es lo que pasa en su barrio, en la estación de metro que usan diario, en la calle que cruzan para ir a trabajar.

En 2025, la Ciudad de México ha roto cinco récords históricos de lluvia en menos de un año. Lo que antes parecía una excepción, hoy se ha convertido en un patrón preocupante. La temporada de tormentas deja claro que la capital vive un punto de inflexión climático: un paraíso en peligro donde el agua puede ser tanto vida como amenaza. La pregunta que queda flotando es si la ciudad (y quienes la habitamos) estamos preparados para un futuro donde lo extraordinario se convierta en la nueva normalidad.




