En pleno 2026, el cabello en Xochimilco se ha convertido en una de las soluciones ambientales más inesperadas de la Ciudad de México. Lo que antes terminaba en el piso de una peluquería ahora flota en redes dentro de los canales, ayudando a capturar aceite, metales pesados y otros contaminantes. En una zona donde sobreviven las chinampas y el ajolote, cualquier intento por mejorar la calidad del agua importa. Pero detrás de esta idea hay ciencia, datos y también preguntas incómodas. ¿Estamos ante una revolución ecológica o ante una solución que todavía necesita más pruebas?

¿Cómo funciona el cabello en Xochimilco?
El principio científico detrás del cabello en Xochimilco es la adsorción. Gracias a la queratina, proteína que compone el cabello, este material tiene afinidad por aceites, grasas e hidrocarburos. Esto significa que, al entrar en contacto con el agua contaminada, el cabello puede atrapar compuestos orgánicos y ciertos metales pesados, actuando como un filtro natural.

Las hebras recolectadas en peluquerías se limpian y se introducen en mallas cilíndricas que se sumergen durante varias semanas en los canales. De acuerdo con la organización ambientalista Matter of Trust, esta técnica permite retener sustancias como aceites y algunos contaminantes químicos presentes en el agua superficial. Además, una vez retirado y tratado adecuadamente, el cabello puede emplearse como cobertura agrícola, ayudando a conservar humedad en el suelo.
Xochimilco: un ecosistema lacustre bajo presión
Xochimilco es uno de los últimos vestigios del antiguo sistema lacustre del Valle de México. Sus chinampas (islas artificiales construidas desde la época prehispánica) siguen siendo espacios productivos donde se cultivan flores y hortalizas. Sin embargo, la expansión urbana, descargas irregulares y residuos domésticos han alterado la calidad del agua.

Esta degradación no solo afecta la agricultura tradicional. También impacta a especies endémicas como el ajolote, anfibio cuya piel es altamente permeable y sensible a cambios químicos. La calidad del agua es el factor crítico para la supervivencia de esta especie, que ya enfrenta amenazas por pérdida de hábitat y especies invasoras. En este contexto, cualquier mejora en la reducción de contaminantes superficiales puede representar un alivio parcial para el ecosistema.
Riesgos y límites del cabello en Xochimilco
Aunque la técnica presenta beneficios, también existen consideraciones científicas relevantes. El cabello debe someterse a procesos de limpieza antes de su uso para evitar la introducción de microorganismos no deseados. En un ambiente donde los anfibios son particularmente vulnerables, la presencia de bacterias o hongos podría alterar el equilibrio microbiológico del agua.

Otro punto clave es la gestión del residuo una vez saturado. Cuando las mallas han absorbido metales pesados o hidrocarburos, el material se convierte en un residuo potencialmente peligroso. Si no se retira y dispone correctamente, podría reintroducir contaminantes al sistema. Además, esta técnica no sustituye el tratamiento de aguas residuales ni resuelve problemas estructurales como descargas directas de drenaje.
Cabello, suelo y ciclos naturales
Más allá del agua, el cabello tiene aplicaciones en el suelo agrícola. Colocado alrededor de cultivos, puede reducir la evaporación directa hasta en un 71%, según datos proporcionados por los impulsores del proyecto. También aporta nutrientes de liberación lenta derivados de la descomposición de la queratina, lo que podría mejorar la estructura del suelo a largo plazo.

En términos ecológicos, el uso del cabello en Xochimilco se inscribe en estrategias de restauración que buscan aprovechar materiales orgánicos disponibles para reforzar procesos naturales. No obstante, su eficacia depende de monitoreos constantes y estudios que evalúen impactos acumulativos en el tiempo.

El uso de cabello en Xochimilco representa una intervención basada en principios científicos claros: adsorción, reciclaje de materia orgánica y conservación de humedad en el suelo. Puede contribuir a disminuir ciertos contaminantes y apoyar la agricultura chinampera, pero no sustituye políticas integrales de saneamiento. En un ecosistema donde el ajolote y las chinampas simbolizan resistencia biológica y cultural, toda solución debe equilibrar innovación y precaución. La verdadera restauración dependerá de combinar estas iniciativas con acciones estructurales que garanticen agua limpia y un hábitat estable a largo plazo.




