Para algunos el surf es más que un deporte; es una danza íntima con el océano. Cada ola es un desafío que exige tanto respeto como habilidad. Sin embargo, en estos Juegos Olímpicos la admiración por los retos del océano y el cuidado de la vida marina se enfrentaron. Para la comunidad que vive en Teahupo’o, Tahití, los juegos implican un daño al hermoso paisaje virgen.
Al buscar una sede adecuada para realizar la competencia de surf en los Juegos Olímpicos de París, las olas de Teahupo’o, Tahití en la Polinesia Francesa lucían como el escenario perfecto. Sin embargo, la comunidad que habita este paraíso no parecía tan convencida de recibir a los juegos mundiales.
La razón era obvia; el impacto ambiental y la logística que involucra una competencia de este calibre. Y es que, ante diversas presiones, parece ser que los organizadores se olvidaron de proteger el área. Se crearon construcciones de aluminio en el delicado arrecife de coral que rodea el área, así como la atracción de turismo al lugar y el movimiento de varias embarcaciones en el ecosistema virgen.
Leer más: Triatlón en riesgo por contaminación en el Sena (no quedó tan limpio como se esperaba)

¿Por qué Teahupo’o, Tahití, es la sede del surf en los Juegos Olímpicos?
Los surfistas se convierten en parte del entorno marino, sintiendo el ritmo del mar y adaptándose a su impredecible danza. Sin embargo, esta conexión con el océano también conlleva una responsabilidad profunda: proteger ese mismo mar que les ofrece su energía y belleza. El surfista no solo busca dominar las olas, sino también convertirse en un guardián de los ecosistemas marinos.
Sin embargo, luego de la noticia de estos Juegos Olímpicos de surf en Teahupo’o, Tahití, la idea de protección aumentó el doble por los pobladores y ecologistas de la zona. Y es que, Teahupo’o fue seleccionado tercero en la lista de CNN de los 50 mejores lugares para surfear en el mundo en 2013, descrito como un paseo corto e intenso que crea olas increíbles para el surf.
Contaba con una torre de albitraje de madera, sin embargo para estos olímpicos una torre de 14 toneladas y 150 metros cuadrados con espacio para 40 personas y conexiones de agua potable y aguas residuales fue anunciada.

Los planes para la nueva torre de aluminio fueron criticados por causar potencialmente daños al delicado arrecife de coral frente a Teahupo’o en un momento en que el calentamiento global ya está dañando los arrecifes de coral en todo el mundo.
A pesar de ello, los organizadores han defendido su decisión, asegurando que la nueva torre será menos impactante y se han comprometido a minimizar el daño al entorno natural. Sin embargo, Save Teahupo’o Reef compartió pruebas de corales rotos.
Por otro lado, los habitantes de Teahupo’o también han expresado su descontento. El flujo del día a día en la isla no es igual, ha habido aumento de la presencia policial y distintas restricciones para acceder a la playa, así como la llegada de turismo que implica impacto en la zona ambiental.

Una vida de surf, pero de cuidado
Aunque es conocida en todo el mundo del surf, en Teahupo’o no hay ni una sola tienda de surf. El pueblo renuncia a la mayor parte del desarrollo que suele ser un elemento básico en los destinos de surf populares.
Al final de la carretera del pueblo se encuentra su único snack bar, que sólo abre para comer y sirve pescado capturado esa misma mañana. Los niños pasan la tarde surfeando mientras las familias observan desde las playas de arena negra. Por la noche, el lejano rugido de las olas que se precipitan sobre el arrecife adormece al pueblo.




