Agosto trajo consigo días de lluvias intensas para México, que ocasionaron diversas afectaciones como inundaciones, deslaves, accidentes, tráfico y un montón de cosas más.
Aunque podríamos pensar que la cantidad de lluvia que ha caído últimamente también es favorable para hacer frente a la preocupante crisis de agua en el país, la realidad es que no.
Lamentablemente, este contraste tiene un trasfondo del que todos somos responsables. Por un lado, la escasez de agua es resultado de no cuidarla y lo que hemos afectado al planeta, mientras que las inundaciones, tienen que ver con otros factores.
Entre estos destacan situaciones naturales como la distribución espacial de la lluvia, la topografía, las características físicas de los arroyos y ríos, la pendiente del terreno, la pérdida de cobertura vegetal, etc.
Pero también tienen qué ver con el sistema en el país y la sociedad. Basta con caminar por las calles y mirar las coladeras llenas de basura, ahora que si sumamos un sistema de drenaje obsoleto, el panorama se vuelve aún más complicado.

Entonces, regresamos a la pregunta inicial: ¿Por qué las intensas lluvias no mejoran la situación del agua en el país?
Aunque pensemos que esto sería la solución o al menos una gran ayuda ante la crisis de este recurso vital, hay que destacar que, por muy intensas y constantes que sean las lluvias, no siempre ocurren en las áreas que más necesitan agua. Algunas regiones pueden recibir demasiada, causando inundaciones, mientras que otras siguen sufriendo sequías.
Otra razón es que muchas ciudades y comunidades tienen sistemas de drenaje y almacenamiento de agua inadecuados. Esto significa que gran parte del agua de lluvia se pierde en lugar de ser capturada y almacenada para su uso futuro, sumado a la contaminación. Las lluvias intensas pueden arrastrar contaminantes y sedimentos hacia los cuerpos de agua, afectando la calidad de este líquido disponible.
Ahora, también hay que considerar que el cambio climático está alterando los patrones de lluvia, haciendo que estas sean más impredecibles y extremas, complicando su planificación y gestión.
Por otro lado, en México, una gran cantidad de agua se pierde debido a fugas en la infraestructura de distribución. Así que, aunque haya lluvias intensas, no se puede aprovechar toda el agua disponible. Es por eso que las lluvias no son la respuesta a la crisis de agua en el país.
Pero, ¿quién es el culpable?
Aunque muchas personas pensarían que las inundaciones son culpa de las autoridades encargadas, la realidad es que sí, pero no al 100%, es apenas la mitad del problema. Las tuberías y alcantarillas no tienen la capacidad para manejar grandes volúmenes de agua, lo que resulta en inundaciones. Además, la falta de inversión en infraestructura en el país, agrava significativamente la situación.
El otro 50% de responsabilidad es de la población. Hay quienes usan las calles de contenedor de basura, se les hace fácil pensar que algún recolector hará el trabajo por ellos, sin importarles que cuando llueve, el plástico, papel y otros desechos son arrastrados hacia las coladeras, formando tapones que impiden el flujo adecuado del agua, causando inundaciones.
La solución: Sistemas de recaudo de agua de lluvia
Implementar un Sistema de Captación de Agua de Lluvia (SCALL) en México no sólo sería una solución práctica y económica, sino también una forma de contribuir a un futuro más sostenible.
Pero, ¿en qué consiste esta técnica para aprovechar uno de nuestros recursos más valiosos? Un SCALL es básicamente un conjunto de componentes que permiten recolectar, almacenar y utilizar el agua de lluvia. Y lo mejor es que estos sistemas pueden ser instalados en casas, edificios y hasta en comunidades enteras.

¿Cómo funciona?
Todo empieza con la recolección del agua que cae sobre los techos durante las lluvias. Se utilizan canaletas y bajantes para dirigirla hacia un punto de almacenamiento y después de ser recolectada, se transporta a través de tuberías hacia un tanque de almacenamiento.
Antes de llegar al tanque, el agua pasa por filtros que eliminan hojas, tierra y otras impurezas, para después guardarla en tanques especiales, listos para ser utilizados.
Dependiendo del uso que se le quiera dar, el agua puede pasar por un sistema de purificación, haciéndola segura para el consumo humano.
¿Por qué son importantes?
Estos sistemas de captación de agua de lluvia tienen un impacto positivo en el medio ambiente, al contribuir a la reducción de inundaciones y a la conservación de los recursos hídricos; también a la sostenibilidad, ayudando a reducir la dependencia de fuentes de agua tradicionales y disminuyen la sobreexplotación de acuíferos; además, de ser amable con nuestro bolsillo. Esta técnica nos permite ahorrar dinero, ya que, al ser una fuente gratuita y renovable, se gasta menos en la factura del agua.
¿Dónde se utilizan?
Estos sistemas son especialmente útiles en zonas rurales y urbanas con problemas de acceso al agua potable. En México, programas como Programa Nacional para Captación de Agua de Lluvia y Ecotecnias en Zonas Rurales (PROCAPTAR), han promovido la instalación de SCALL en comunidades vulnerables, mejorando su calidad de vida.
Sin embargo, aunque el Sistema de Captación de Agua de Lluvia es un gran invento, también tiene sus propios retos, ya que la cantidad de agua recolectada depende de la precipitación, y en zonas urbanas, este líquido vital puede estar contaminado por la polución, requiriendo un tratamiento más riguroso.
SCALL en México
Según un informe publicado por la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) en octubre del 2023, en la Ciudad de México, se instalaron casi 63 mil sistemas de lluvias en viviendas de la capital del país, en zonas de menor ingreso y con mayores problemas de abasto.

Del 2019 al 2023, se cosecharon más de mil 720 millones de litros de agua con el programa social “Cosecha de Lluvia”, en nueve alcaldías.
“El 65 por ciento de sistemas de captación pluvial han sido colocados en casas lideradas por mujeres, quienes tradicionalmente han sido las encargadas de conseguir el agua para sus hogares”, destaca la publicación de la Sedema.
Ahora imagina que este sistema se implementara en todo el país, ayudando a prevenir inundaciones y a garantizar agua para todos, incluso en las temporadas más secas. No sólo mejoraríamos nuestra calidad de vida, sino que también estaríamos cuidando de nuestro entorno. ¡Sería un paso hacia un México más consciente, donde cada gota cuenta!




