Tienen nombre, tienen historia y llevan meses atrapados en una situación que nadie terminó de resolver. Solei, Oceanía, Mincho, Diego, Squalo, Flex, Apolo, Solomon y Satu son nueve delfines que quedaron en un limbo legal y sanitario tras el cierre de Dolphin Discovery en Ventura Park, Cancún. Hoy, bajo resguardo de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), su futuro sigue sin decidirse, y el tiempo que pasa no juega a su favor.
¿Qué pasó con estos delfines?
Cuando una instalación de entretenimiento con animales cierra, los animales no desaparecen junto con los boletos y los espectáculos. Quedan. Y en este caso, quedaron en las mismas instalaciones que ya no tienen operación activa, bajo custodia de una autoridad que no fue diseñada para ser su cuidadora permanente. De acuerdo con la organización Empty The Tanks México, los nueve delfines presentan distintos problemas de salud y llevan meses sin una solución definitiva que garantice su bienestar.
Este escenario no es nuevo en México ni en el mundo: cuando los negocios de entretenimiento con cetáceos quiebran o cierran, los animales quedan expuestos a condiciones que se deterioran progresivamente. Sin el personal especializado, sin los protocolos de atención veterinaria activos y sin un plan de largo plazo, cada semana que pasa representa un riesgo adicional para su salud física y mental.
¿Por qué no simplemente liberarlos al mar?
Es la pregunta que muchas personas hacen, y la respuesta es más compleja de lo que parece. Los delfines que han vivido en cautiverio durante años —en algunos casos, toda su vida— no tienen las habilidades de caza, navegación y socialización que necesitarían para sobrevivir en el océano abierto. Una liberación directa, sin preparación, podría ser tan dañina como el cautiverio mismo.
Por eso, la propuesta de Empty The Tanks México apunta a una solución intermedia pero significativa: trasladar a los nueve delfines a corrales marinos en Isla Mujeres o en Chankanaab, Cozumel. Estos espacios, ubicados directamente en el mar, permitirían a los animales vivir en agua de mar real, con corrientes, sonidos y estímulos naturales, mientras siguen recibiendo atención veterinaria especializada. No es la libertad total, pero es un paso enorme hacia una vida más digna.
La propuesta que va más allá de estos nueve
El caso de Solei y sus compañeros podría convertirse en el punto de partida de algo más grande. La petición de Empty The Tanks México también plantea la creación en Quintana Roo del primer Centro para la Conservación e Investigación de Vida Silvestre especializado en mamíferos marinos del país. Un espacio así no solo daría refugio a animales en situaciones similares, sino que aportaría conocimiento científico sobre su comportamiento, salud y posibilidades de rehabilitación.
Quintana Roo tiene la geografía, la biodiversidad marina y la infraestructura para convertirse en referente regional en esta materia. Lo que falta es la voluntad institucional y la presión ciudadana suficiente para que las autoridades actúen con urgencia.
- ¿Qué puedes hacer tú? Firmar y difundir la petición de Empty The Tanks México para que las autoridades aceleren el traslado.
- Exigir a PROFEPA y a la Secretaría de Medio Ambiente que establezcan un protocolo claro para animales en situación de abandono institucional.
- Informarte y dejar de consumir espectáculos con cetáceos en cautiverio: la demanda es lo que mantiene viva la industria.
El nombre importa
Que estos delfines tengan nombre no es un detalle menor. Solei, Oceanía, Mincho, Diego, Squalo, Flex, Apolo, Solomon y Satu son individuos con personalidad, memoria y vínculos sociales. Nombrarlos es recordar que no son propiedad de nadie ni activos varados de una empresa cerrada: son animales silvestres que merecen, al menos, las mejores condiciones posibles mientras se decide su futuro.
El reloj corre. Y en este caso, meses de espera tienen un costo que se mide en salud y en sufrimiento. La pregunta no es si estos delfines merecen una solución, sino cuánto tiempo más vamos a tardar en dársela.




