Cada febrero, el Zoológico de San Antonio, en Texas, lanza una iniciativa que rompe con la forma tradicional de hablar sobre conservación.Cry Me a Cockroach propone algo tan simple como inesperado: permitir que las personas nombren a una cucaracha, un roedor o incluso un vegetal con el nombre de su ex pareja, como parte de un donativo. Detrás del gesto irónico hay una causa clara: financiar programas de conservación animal y educación ambiental. Lo que parece una broma encierra una estrategia seria para apoyar la biodiversidad.
Cry Me a Cockroach y su origen en el Zoológico de San Antonio
Cry Me a Cockroach es una campaña creada por el Zoológico de San Antonio como parte de sus actividades especiales de febrero. La dinámica permite hacer un donativo que va de los 5 a los 15 dólares, dependiendo del tipo de alimento elegido. Las cucarachas y vegetales representan la opción más accesible, mientras que los roedores corresponden a un monto mayor.

Una vez realizado el donativo, el alimento pasa a formar parte de la dieta regular de los animales del zoológico. No se altera ningún proceso natural, ya que estos elementos ya estaban contemplados dentro de su nutrición habitual. El nombre asignado funciona como un gesto simbólico que añade un componente emocional a la experiencia.
El verdadero propósito: conservación y educación ambiental
Aunque el tono es ligero, el objetivo de Cry Me a Cockroach es profundamente serio. Los recursos obtenidos se destinan al cuidado de especies en peligro de extinción, al mantenimiento de los hábitats dentro del zoológico y al desarrollo de programas educativos. Estas acciones buscan generar conciencia sobre la importancia de proteger la fauna y los ecosistemas.

El Zoológico de San Antonio ha señalado que este tipo de iniciativas permite recaudar fondos en periodos cortos, recursos que se canalizan directamente a proyectos de conservación. Cada donativo contribuye al bienestar animal, desde atención veterinaria hasta mejoras en espacios diseñados para replicar entornos naturales.
¿Cómo participar en la convocatoria Cry Me a Cockroach?
La convocatoria de Cry Me a Cockroach está abierta cada año durante la temporada de febrero y no se limita únicamente a personas que residan en Texas. Cualquier persona puede participar, sin importar el país en el que se encuentre, siempre que realice el donativo a través del sitio oficial del Zoológico de San Antonio. El proceso de registro es sencillo. Primero, se elige el tipo de alimento disponible (cucaracha, vegetal o roedor), cada uno con un monto de donación específico que va de los 5 a los 15 dólares estadounidenses. Después, se ingresa el nombre que se desea asignar y se completa el pago.
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— San Antonio Zoo 🦍 (@SanAntonioZoo) January 20, 2026
Al finalizar, el participante recibe un certificado digital conmemorativo que confirma su aportación y el alimento seleccionado. Desde México es posible sumarse sin restricciones, ya que el pago se realiza en línea y el zoológico acepta tarjetas internacionales. Los fondos recaudados se integran directamente a los programas de conservación, sin intermediarios. De esta forma, la iniciativa permite que personas fuera de Estados Unidos también contribuyan al cuidado de los animales y a la preservación de sus hábitats, demostrando que la conservación no tiene fronteras.
¿Es ética esta iniciativa desde el punto de vista animal?
Una de las preguntas más frecuentes gira en torno a la ética. El zoológico ha sido claro al respecto: los alimentos utilizados son parte de la dieta normal de los animales y cumplen con los estándares de bienestar establecidos por asociaciones zoológicas. No se introduce ningún elemento extraño ni se somete a los animales a prácticas fuera de lo común. Desde esta perspectiva, Cry Me a Cockroach no promueve maltrato ni violencia, sino que visibiliza procesos naturales de una forma creativa. El foco permanece en el cuidado responsable de los animales y en el respeto por sus necesidades biológicas.

Una alternativa: afecto en lugar de despecho
Para quienes no se sienten cómodos con la idea de nombrar a un ex, el zoológico ofrece opciones adicionales, como los llamados Kiss-O-Grams. Estos consisten en videos personalizados donde animales como jirafas, perezosos o canguros se acercan a la cámara simulando un beso. Esta alternativa refuerza el mensaje central de la campaña: apoyar la conservación desde distintas emociones, ya sea el humor, el cariño o simplemente el deseo de contribuir a una causa ambiental.

Cry Me a Cockroach demuestra que la conservación animal puede abordarse desde enfoques poco convencionales sin perder seriedad ni compromiso. Nombrar a una cucaracha, un roedor o un vegetal puede parecer trivial, pero detrás de ese gesto hay apoyo directo a programas que protegen especies y promueven educación ambiental. En un mundo donde la naturaleza enfrenta múltiples amenazas, transformar emociones personales en acciones concretas puede marcar la diferencia. Si pequeñas decisiones ayudan a sostener grandes causas, ¿por qué no replantear la forma en que participamos?




