En octubre de 2025, una cámara trampa dentro del Parque Nacional Los Mármoles, en Hidalgo, capturó algo que los biólogos llevaban años buscando: al yaguarundí, el felino silvestre mexicano más difícil de documentar. El video no se publicó hasta junio de 2026 (ocho meses después) porque las propias autoridades del parque decidieron guardarlo para proteger al animal de cazadores furtivos. Con ese registro, Los Mármoles se convirtió en el parque nacional donde conviven, con evidencia visual confirmada, las seis especies de felinos silvestres de México.
El felino que parece nutria y vive de día
El yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) es el raro de la familia. No tiene manchas, no tiene el porte imponente del jaguar ni la musculatura del puma. Su cuerpo es alargado, sus patas cortas, y su cara recuerda más a una nutria que a cualquier cosa que imaginamos cuando decimos ‘felino’. El pelaje varía del negro al pardo rojizo sin ningún patrón visible. Esa discreción lo hace casi invisible ante las cámaras y ante el ojo humano, lo que explica por qué es tan complicado de documentar en vida silvestre.
A diferencia del ocelote o el tigrillo, que prefieren la densa cobertura nocturna, el yaguarundí es de hábitos diurnos: se mueve cuando hay luz, lo que paradójicamente lo hace más vulnerable al contacto humano. Habita desde bosques de pino-encino hasta zonas riparias, lo que le da una distribución amplia en México, pero esa amplitud no equivale a abundancia ni a seguridad. En el país está catalogado como especie Amenazada por la NOM-059-SEMARNAT y figura en el Apéndice I de CITES, el nivel más alto de protección comercial internacional. La UICN lo clasifica globalmente como de Preocupación Menor, pero México es otra historia.
Era el único de los seis felinos que aún no había dejado huella visual confirmada dentro de Los Mármoles. La lista completa de felinos silvestres de México incluye al jaguar, el puma, el ocelote, el tigrillo y el gato montés; todos ya tenían registro en el parque. El yaguarundí era la pieza que faltaba.
23,150 hectáreas, 880 especies y la amenaza de 70 minas
El Parque Nacional Los Mármoles no es un área protegida menor. Creado por decreto del presidente Lázaro Cárdenas en 1936, tiene 23,150 hectáreas distribuidas entre los municipios de Zimapán, Jacala, Pacula y Nicolás Flores, en la Sierra Gorda de Hidalgo, y funciona como corredor biológico estratégico conectado con la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Querétaro. Alberga más de 880 especies de plantas y animales, 35 de ellas bajo alguna categoría de riesgo según la NOM-059-SEMARNAT.
El registro del yaguarundí fue posible gracias a la Brigada de Monitoreo Biológico del Programa de Restauración Ambiental (PROREST), coordinada por Roberto Ramos, que instala y revisa cámaras trampa en puntos estratégicos del parque de manera sistemática. Álvaro Pérez Hernández, técnico operativo de Conservación y Manejo, fue quien confirmó el hallazgo y tomó la decisión de retener el video desde octubre de 2025 hasta junio de 2026: publicarlo antes habría expuesto la ubicación del animal a quienes rastrean este tipo de anuncios para cazar.
El contexto de fondo complica la celebración. El parque enfrenta al menos 70 concesiones mineras detectadas en la zona, con operaciones de oro y cobre que presionan por una recategorización del área que permitiría actividades extractivas. La presencia simultánea y confirmada de los seis felinos es, en ese escenario, mucho más que un dato curioso: es el argumento científico más sólido para mantener la categoría de protección más restrictiva. Un ecosistema que sostiene a seis depredadores de alto nivel (cada uno con territorios amplios y requerimientos específicos de hábitat) es, por definición, un ecosistema que funciona. No abundan en el país.
No es el único frente donde México está registrando avances así. En marzo de 2026, la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato también completó su lista al registrar por primera vez un jaguar mediante cámaras trampa, en un proyecto desarrollado entre agosto de 2024 y mayo de 2025. La Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar reportó ese mismo año una población de 5,326 ejemplares de jaguar en el país, un incremento del 10% respecto a censos anteriores. Las noticias buenas existen; el problema es que llegan al mismo tiempo que las malas.




