En el extremo sur del planeta, donde el viento se mezcla con el frío del Atlántico, un hallazgo desconcertó a científicos y ambientalistas: 26 orcas ecotipo D aparecieron muertas en la bahía de San Sebastián, en Tierra del Fuego, Argentina. El suceso, ocurrido a comienzos de septiembre de 2025, constituye el mayor varamiento de esta especie jamás registrado y uno de los pocos a nivel mundial. Sin rastros de lesiones ni señales humanas, los investigadores del CONICET se enfrentan a un misterio biológico que podría revelar nuevas pistas sobre el impacto del cambio climático y el comportamiento de una de las poblaciones de orcas más raras del planeta.
El mayor varamiento de orcas ecotipo D registrado en el mundo
El descubrimiento comenzó con solo dos ejemplares encontrados por guardaparques en la bahía de San Sebastián, dentro de la Reserva Provincial Costa Atlántica. Sin embargo, semanas más tarde se sumaron nuevos hallazgos en una zona remota y de difícil acceso, elevando el número total a 26 orcas. Las imágenes del operativo dieron la vuelta al mundo: una escena desoladora de cuerpos negros y blancos sobre la arena gris del sur argentino.

Las especialistas del Laboratorio de Investigaciones en Mamíferos Marinos Australes (IMMA) y el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC–CONICET) tomaron muestras, fotografías y registros de cada ejemplar. Los cuerpos no mostraban heridas, marcas de redes ni señales de colisiones, lo que descartó la intervención humana y abrió la puerta a causas naturales aún no identificadas.
¿Quiénes son las orcas ecotipo D?
A diferencia de las orcas comunes, las ecotipo D poseen una cabeza más redonda, una mancha blanca postocular diminuta y una montura dorsal casi imperceptible. Habitan principalmente en aguas subantárticas, donde las condiciones son extremas y el contacto humano, casi inexistente. Su comportamiento sigue siendo un misterio: no se sabe con certeza qué comen, cómo se comunican ni cuántas existen realmente en el hemisferio sur.

Solo se conocen tres varamientos de este tipo en el mundo: uno en 1955 en Nueva Zelanda con 17 ejemplares, otro en el estrecho de Magallanes con 9, y este último en 2025 en Tierra del Fuego con 26 orcas. Para la ciencia marina, el caso representa una oportunidad única para estudiar una población casi desconocida y entender cómo responde a los cambios en el ecosistema del Atlántico Sur.
Posibles causas del varamiento masivo
Una de las hipótesis más fuertes apunta a la geografía particular de la bahía de San Sebastián, donde las mareas pueden variar más de 17 metros. Según explicó Mónica Torres, técnica del equipo de guardaparques, “si las orcas ingresaron con marea alta y el agua bajó rápidamente, podrían haber quedado atrapadas”.

Otras teorías señalan al cambio climático como un factor determinante: la alteración de corrientes, temperaturas y distribución de presas podría haber desorientado al grupo. También se investiga la posibilidad de interferencias acústicas (como las provocadas por embarcaciones o sonares) que afectarían el sistema de ecolocalización de estos animales. Dos de los ejemplares fueron reservados para estudios detallados que buscan rastros de enfermedades o contaminación. Los resultados de las necropsias podrían demorar meses, pero cada dato obtenido acercará a los investigadores a una verdad que el mar, de momento, mantiene en secreto.

El varamiento de 26 orcas en Tierra del Fuego es más que un evento aislado: es un síntoma del cambio que vive el océano. En un planeta donde la huella humana se extiende incluso a los confines del sur, cada cuerpo sobre la arena recuerda la urgencia de comprender y proteger los ecosistemas marinos. Las orcas, símbolos de inteligencia y cohesión social, podrían estar revelándonos los efectos invisibles de nuestras acciones. Tal vez el mar no guarde silencio: tal vez estas orcas sean su forma de hablar, pidiendo que escuchemos antes de que el Atlántico deje de tener voz.




