Sporothrix brasiliensis ya no es un término exclusivo de artículos científicos: es una alerta real en América Latina. Este hongo, responsable de una forma más agresiva de esporotricosis zoonótica, cambió la forma en que entendemos la llamada “enfermedad del jardinero”. Hoy, el foco no está en las rosas ni en la tierra, sino en los gatos. Lo que ocurrió en Uruguay encendió una señal que también resuena en México y otros países de la región.
Sporothrix brasiliensis, el hongo que cambió la esporotricosis
Durante décadas, la esporotricosis estuvo asociada principalmente a Sporothrix schenckii, identificado en 1898 y relacionado con espinas, plantas y materia orgánica contaminada. Pero en la década de 1990, Brasil detectó una variante distinta: Sporothrix brasiliensis. Desde entonces, su comportamiento epidemiológico ha sido diferente y más preocupante.

La gran diferencia es su transmisión. Sporothrix brasiliensis se propaga principalmente de gato a humano, a través de arañazos, mordeduras o contacto con secreciones de lesiones cutáneas. Los gatos no solo transportan el hongo: desarrollan úlceras profundas, problemas respiratorios y una alta carga fúngica que los convierte en potentes transmisores. El cambio fue radical: de una infección asociada al campo, pasamos a un fenómeno urbano y doméstico.
El brote en Uruguay 2026 y la expansión regional
El 25 de febrero de 2026, autoridades sanitarias de Uruguay confirmaron los primeros casos locales de Sporothrix brasiliensis en los departamentos de Maldonado y Rocha. El caso índice involucró a una mujer que adoptó un gato cachorro en el sur de Brasil. Días después de cruzar la frontera, el animal presentó úlceras en el hocico y orejas; poco después, ella y sus hijos desarrollaron lesiones cutáneas similares.

Lo más inquietante fue que veterinarios detectaron otros gatos infectados sin relación directa con esa familia, lo que sugiere circulación silenciosa. Este evento marcó un punto de inflexión regional. Países como Colombia, Panamá y México han incrementado la vigilancia ante el riesgo de casos importados. La movilidad de mascotas entre fronteras se convirtió en un nuevo desafío sanitario en 2026.
Sporothrix brasiliensis en México: ¿hay riesgo real?
En México, la especie predominante sigue siendo Sporothrix schenckii. Sin embargo, ya se han documentado casos de esporotricosis zoonótica en estados como Jalisco y Durango. Aunque muchos corresponden a variantes clásicas, la agresividad de algunas lesiones ha obligado a realizar estudios moleculares para descartar la presencia de Sporothrix brasiliensis.

Un punto crítico es que la esporotricosis no es de notificación obligatoria en el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, lo que puede generar subregistro. Además, investigadores de la Universidad de Guanajuato han alertado sobre posible resistencia antifúngica al itraconazol y la anfotericina B, lo que complica el panorama si cepas más virulentas se establecen en el país.
Síntomas, gravedad y resistencia antifúngica
La infección suele comenzar como una pequeña protuberancia rojiza en el sitio del arañazo o mordedura. Con el tiempo, puede evolucionar en una cadena de nódulos y úlceras que siguen el trayecto de los vasos linfáticos: es la llamada esporotricosis linfocutánea. En gatos, las lesiones pueden ser múltiples y severas, con secreciones abundantes.

Sporothrix brasiliensis destaca por su mayor virulencia. Puede afectar incluso a personas inmunocompetentes y, en casos menos frecuentes, comprometer ojos (conjuntivitis), sistema respiratorio u órganos internos. Aunque es una infección curable, el tratamiento puede requerir dosis altas o combinaciones terapéuticas. El diagnóstico temprano es clave para evitar complicaciones y frenar la transmisión.
One Health: cuando la salud humana y animal se cruzan
El concepto “One Health” resume lo que está ocurriendo: la salud humana, animal y ambiental están conectadas. En febrero de 2026 también se reportó un brote agresivo de panleucopenia felina en varios países de Latinoamérica. Los gatos inmunosuprimidos por virus son más vulnerables a desarrollar formas graves de esporotricosis y convertirse en focos de contagio.

Las medidas preventivas parecen simples, pero son cruciales: aislar gatos con úlceras que no cicatrizan, usar guantes al manipular animales desconocidos, lavar heridas inmediatamente y fomentar la esterilización para reducir peleas entre felinos. En ciudades con alta población de gatos callejeros, el reto es mayor. La prevención no depende solo de médicos, sino también de veterinarios y ciudadanos informados.

Sporothrix brasiliensis dejó de ser un fenómeno localizado en Brasil para convertirse en un tema regional en 2026. El brote en Uruguay mostró cómo un solo traslado puede activar una cadena de transmisión con impacto familiar y comunitario. México mantiene vigilancia, pero el riesgo no es teórico. Entender cómo se transmite, reconocer los síntomas y asumir la conexión entre salud humana y animal puede marcar la diferencia. En un continente donde millones conviven con gatos, la pregunta no es si debemos preocuparnos, sino qué tan preparados estamos para responder.




