El caso del Refugio Franciscano se convirtió en uno de los temas más intensos y polémicos sobre bienestar animal en la Ciudad de México. Entre denuncias, desalojos nocturnos, batallas legales y cientos de perros en riesgo, la historia dejó de ser solo un conflicto jurídico para transformarse en una conversación nacional. Hoy, con una orden judicial que obliga a devolver el predio, la pregunta ya no es solo quién tenía la razón, sino qué pasará con los animales y cómo llegamos hasta aquí.
El Refugio Franciscano y el origen del conflicto legal
El Refugio Franciscano, ubicado en Cuajimalpa, operó durante años como un espacio dedicado al rescate y cuidado de perros y gatos en situación de abandono. El predio, de aproximadamente 10 mil metros cuadrados, pertenecía originalmente al filántropo Antonio Haghenbeck y de la Lama, quien dejó establecido en su testamento que sus bienes debían destinarse a la protección animal.

La disputa comenzó cuando la Fundación Antonio Haghenbeck, propietaria legal del inmueble, rescindió el comodato argumentando presuntas condiciones de hacinamiento y maltrato. Del otro lado, el refugio acusó un desalojo ilegal ocurrido la noche del 10 de diciembre de 2025, señalando que el verdadero objetivo era liberar el terreno para un desarrollo inmobiliario de lujo. Desde entonces, el caso escaló a tribunales y redes sociales, dividiendo opiniones y encendiendo protestas.
La orden del Tribunal: restitución del predio en Cuajimalpa
El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México ordenó finalmente la restitución del predio al Refugio Franciscano para el 30 de enero de 2026 a las 12:00 horas, en cumplimiento de una suspensión de amparo concedida desde diciembre. La resolución fue emitida por la jueza Ana Miriam Yépez Arreola, quien además advirtió una multa de 20 mil pesos a quienes impidan el cumplimiento.

Este fallo representa un triunfo legal temporal para el refugio, pero no implica un regreso inmediato a la normalidad. El actuario judicial deberá levantar un acta formal de entrega, y los representantes del refugio han anunciado que estarán presentes desde antes para evitar retrasos o incumplimientos. La restitución del espacio es solo el primer paso, no el final de la historia.
Más de 900 animales en medio del caos
Uno de los aspectos más duros del caso del Refugio Franciscano ha sido el destino de los 936 perros y gatos que fueron asegurados por el Gobierno de la CDMX. Durante los traslados y el resguardo temporal, se confirmó la muerte de entre 15 y 21 animales, mientras que más de 170 permanecieron en estado delicado.

El refugio acusa que durante el operativo se rompieron manadas, se mezclaron animales que convivían en equilibrio y se generó estrés extremo, peleas y enfermedades. Por su parte, autoridades y la Brigada de Vigilancia Animal (BVA) sostienen que muchos animales ya presentaban cuadros de desnutrición y padecimientos crónicos previos. Dos narrativas opuestas, un mismo resultado: animales vulnerables pagando el precio.
¿Qué sigue ahora para el Refugio Franciscano y los perros?
Aunque el predio será devuelto, los perros no regresarán de inmediato. El propio abogado del refugio, Fernando Pérez Correa, ha reconocido que el lugar quedó en condiciones deplorables, por lo que se deberá realizar una limpieza profunda y trabajos de acondicionamiento antes de cualquier retorno.
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Además, el Gobierno de la CDMX exigirá que el refugio cumpla con la Ley de Bienestar Animal, incluyendo espacio adecuado por animal, planes de alimentación, atención veterinaria y supervisión constante. Mientras tanto, algunos animales serán trasladados de albergues temporales como el Deportivo Hermanos Galeana a las instalaciones de la BVA en Xochimilco, diseñadas para albergar hasta 900 animales con personal especializado.

El caso del Refugio Franciscano deja claro que el bienestar animal no puede depender solo de discursos ni de pleitos legales entre particulares. La restitución del predio es una victoria jurídica, pero también un recordatorio de lo frágiles que son los sistemas de protección animal cuando fallan la supervisión, la coordinación y la empatía. Hoy, cientos de perros siguen esperando estabilidad, cuidados y un futuro digno. La pregunta que queda en el aire es incómoda, pero necesaria: ¿estamos realmente preparados para proteger a quienes no tienen voz?




