El tiburón foca es una de esas especies que rara vez se dejan ver y que, durante décadas, han permanecido casi invisibles para la ciencia.El reciente hallazgo de un tiburón foca en una playa del norte de España rompió esa barrera, ofreciendo una oportunidad poco habitual para observar y estudiar a una especie que normalmente habita en las zonas más profundas del océano. Este hallazgo no solo sorprendió por la rareza del animal, sino también por la información obtenida sobre su biología, reproducción y relación con la actividad humana.

Tiburón foca, un habitante invisible del océano profundo
El tiburón foca (Centroscymnus coelolepis) es una especie adaptada a vivir entre 400 y 1.600 metros de profundidad, aunque se han documentado individuos hasta los 4.000 metros, en zonas donde la luz no existe y la presión es extrema. Su cuerpo oscuro y robusto, junto con un abdomen plano, le permite permanecer apoyado sobre el fondo marino, una estrategia poco común entre los tiburones.

A diferencia de otras especies, no necesita nadar de forma constante para respirar. Gracias a unos espiráculos situados en la cabeza, puede conducir el agua directamente a las branquias. Estas adaptaciones lo convierten en un perfecto superviviente de las profundidades, un entorno donde el alimento es escaso y cada movimiento implica un alto gasto de energía.
Un varamiento excepcional que activó las alertas científicas
El ejemplar fue localizado en enero de 2026 en la playa de Luarca, Asturias. Se trataba de una hembra de 1,45 metros de longitud y 18 kilos de peso, ligeramente mayor a la media conocida para la especie. Su presencia en la costa fue considerada un hecho excepcional, ya que estos animales prácticamente no entran en contacto con zonas superficiales.

Durante la necropsia realizada por especialistas de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma), se detectó una lesión interna compatible con el enganche de un anzuelo. La hipótesis principal señala que el tiburón logró liberarse del arte de pesca, pero la herida provocó una hemorragia que lo debilitó progresivamente hasta perder la orientación y acabar varando en la playa.
Doce embriones y una oportunidad científica única
Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo fue el estado reproductivo del animal. En el interior del cuerpo se encontraron doce huevos con embriones en desarrollo, cada uno de aproximadamente siete centímetros. Este descubrimiento permitió documentar con mayor precisión la reproducción del tiburón foca, una especie ovovivípara.

En este tipo de reproducción, los huevos permanecen dentro de la madre hasta que eclosionan y los embriones continúan desarrollándose internamente. Durante el periodo de gestación, las hembras suelen desplazarse a profundidades menores, alrededor de los 400 metros, donde las condiciones ambientales son más favorables. Este comportamiento explica por qué el ejemplar pudo coincidir con zonas de actividad pesquera.
Un cuerpo diseñado para sobrevivir donde casi no hay vida
El estudio del ejemplar también reveló que su hígado representaba casi el 28% del peso total del cuerpo, una proporción elevada típica de especies de aguas profundas. Este órgano cumple una función clave en la flotabilidad y el almacenamiento de energía, elementos esenciales para sobrevivir en entornos donde el alimento es limitado. Estas adaptaciones confirman que el tiburón foca es un animal diseñado para un mundo extremo, un ecosistema profundo aún poco explorado, donde cada especie cumple un papel fundamental en el equilibrio marino.

El hallazgo del tiburón foca en Asturias permitió avanzar en el conocimiento de una especie rara y poco estudiada, revelando aspectos clave de su reproducción y adaptación al océano profundo. Al mismo tiempo, puso de manifiesto cómo la actividad humana puede alcanzar incluso los ecosistemas más remotos. El océano profundo sigue siendo un territorio lleno de incógnitas, y cada descubrimiento como este recuerda la importancia de comprenderlo y protegerlo antes de que sus secretos se pierdan para siempre.




