Comprar un tucán, un mono aullador o incluso un cocodrilo con un solo clic suena surreal, pero en México es una realidad documentada. Las redes sociales se han convertido en escaparates del tráfico ilegal de vida silvestre, donde especies protegidas cambian de manos como si fueran simples mascotas de moda. Frente a este panorama, la Profepa y Meta decidieron sumar esfuerzos. El movimiento ya dio resultados: cientos de perfiles, páginas y grupos fueron desactivados en Facebook e Instagram, pero ¿es suficiente para detener un mercado que opera a plena vista?
Profepa y Meta contra el tráfico ilegal en redes sociales
El 12 de septiembre de 2025, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) anunció una colaboración con Meta, la compañía detrás de Facebook e Instagram, para combatir la venta ilícita de animales silvestres en estas plataformas. El acuerdo se tradujo en la eliminación de cientos de perfiles, páginas, grupos y publicaciones que promovían la comercialización ilegal de fauna y flora.
🫱🏽🫲🏾Estamos trabajando en coordinación con @Meta, con el objetivo de frenar el tráfico ilegal de vida silvestre en las redes sociales Facebook e Instagram. Como resultado de esta colaboración, se han desactivado cientos de perfiles, páginas, grupos y publicaciones en ambas redes… pic.twitter.com/a1c8f8BOWV
— PROFEPA (@PROFEPA_Mx) September 12, 2025
Meta aplicó sus propias políticas (que prohíben la venta de especies silvestres o derivados), mientras que Profepa aportó información clave sobre los espacios donde proliferaba este comercio. Además, la ciudadanía jugó un papel central al reportar publicaciones sospechosas. Según Mariana Boy Tamborrell, procuradora de Profepa, “se acabó la tolerancia” frente a este tipo de transacciones, aunque el reto apenas comienza.
El mercado negro digital: fauna en venta con un clic
La alianza llega en un momento crítico. Investigaciones del Centro para la Diversidad Biológica revelaron que entre 2022 y 2025 la venta ilegal de especies en redes sociales no solo se mantuvo, sino que se expandió. Desde jaguares hasta tucanes, pasando por perezosos y cocodrilos, los traficantes ofrecen ejemplares protegidos como si fueran productos de segunda mano. El problema va más allá de Facebook: la normalización del tráfico digital es tal que basta con un perfil y un poco de dinero para conseguir animales que deberían vivir en libertad.

Una publicación real documentada en un grupo abierto de Facebook decía: “Vendo o cambio, bonito ejemplar de cocodrilo mexicano, gente seria, no preguntones”. Detrás de estas ofertas se esconde un paraíso en peligro, donde cada compra representa hambre, maltrato y la pérdida de poblaciones silvestres que ya enfrentan riesgos de extinción.
La ley y la impunidad: un dilema persistente
En teoría, la Ley General de Vida Silvestre (LGVS) prohíbe cualquier actividad comercial con especies que no cuente con autorización legal. En la práctica, la aplicación de la norma ha sido débil y fragmentada. De hecho, el estudio del CDB documentó que incluso algunas UMA’s y PIMVS (instalaciones legalmente registradas) participan en el mercado negro.

El tráfico digital es solo una cara del problema: mercados tradicionales como el de Sonora, Mixhuca o Emilio Carranza en la Ciudad de México siguen siendo puntos de encuentro para traficantes que venden desde iguanas hasta pericos mexicanos. Ahí, el negocio opera con la misma impunidad que en la web, protegido por redes de complicidad y la falta de inspecciones constantes.
Ciudadanía vigilante y nuevas herramientas
Profepa no solo apostó por la alianza con Meta; también lanzó una Guía para detectar y reportar la venta ilegal de vida silvestre en redes sociales. El objetivo es capacitar a la ciudadanía para reconocer publicaciones ilícitas y denunciarlas directamente.

La participación social resulta crucial, porque sin denuncias los algoritmos de Meta no siempre detectan estos espacios. La pregunta es si esta colaboración bastará para reducir un mercado que se adapta con rapidez: lo que hoy desaparece en un grupo de Facebook, mañana reaparece en otro bajo un nombre diferente.

El tráfico ilegal de vida silvestre en redes sociales es una ventana incómoda a una realidad que México arrastra desde hace décadas: la biodiversidad se vende al mejor postor mientras las leyes se aplican con altibajos. La alianza entre Profepa y Meta es un paso importante, pero no puede quedarse en un golpe mediático. Se requiere vigilancia constante, operativos en mercados físicos y un compromiso social que entienda que comprar un tucán “porque se ve bonito” significa arrancarlo de un ecosistema que lo necesita.




