Entre el 8 y el 18 de febrero de 2026, 72 tigres murieron en cautiverio en el norte de Tailandia. La causa fue confirmada tras necropsias oficiales: un brote asociado a peste felina y moquillo canino (CDV), una combinación devastadora para grandes felinos. El caso ocurrió en instalaciones del complejo Tiger Kingdom, en la provincia de Chiang Mai, y encendió alertas sanitarias en todo el país. Aunque las autoridades descartaron gripe aviar y contagios en humanos, el episodio dejó preguntas profundas sobre la gestión de fauna silvestre en cautiverio.
¿Qué provocó la muerte de 72 tigres en Tailandia?
Las investigaciones del Departamento de Ganadería de Chiang Mai detectaron material genético del virus del moquillo canino (CDV) y del parvovirus felino, conocido comúnmente como peste felina. Además, varios ejemplares presentaban infecciones bacterianas por Mycoplasma, que agravaron el cuadro clínico y provocaron neumonías letales. En apenas diez días, el brote afectó a dos instalaciones ubicadas a unos 30 kilómetros de distancia, en los distritos de Mae Taeng y Mae Rim.

Las autoridades sanitarias fueron enfáticas en descartar influenza aviar tipo A (H5N1). Tailandia vivió una crisis importante entre 2004 y 2007, cuando 17 personas murieron por gripe aviar, por lo que el temor inicial era comprensible. Sin embargo, no se ha registrado ningún caso de transmisión de animal a humano en este brote, según confirmó el Ministerio de Salud Pública.
¿Qué es la peste felina y cómo afecta a los grandes felinos?
La peste felina es una enfermedad viral altamente contagiosa causada por el parvovirus felino. Ataca principalmente el sistema digestivo e inmunológico, provocando fiebre alta, vómitos, diarrea severa y deshidratación extrema. En animales jóvenes o inmunológicamente vulnerables, puede ser mortal en cuestión de días.

El moquillo canino (CDV), aunque se asocia a perros, también puede infectar a grandes felinos como leones y tigres. Este virus compromete el sistema respiratorio, gastrointestinal y nervioso. La coinfección de peste felina y moquillo canino aumenta exponencialmente la gravedad del cuadro clínico, debilitando aún más las defensas del animal y facilitando infecciones secundarias. No existe un tratamiento curativo específico; la vacunación preventiva es la herramienta más eficaz para evitar brotes.
Cautiverio, genética y vulnerabilidad sanitaria
Uno de los puntos que ha generado mayor debate es la vulnerabilidad de los tigres en entornos confinados. Las autoridades señalaron que factores como el estrés crónico y la posible endogamia —cruces entre individuos emparentados— pueden reducir la diversidad genética y debilitar el sistema inmunológico. Cuando esto ocurre, los animales son más susceptibles a infecciones virales agresivas.

El veterinario Visit Arsaithamkul, quien participó en las necropsias, expresó preocupación por el origen exacto del brote. En declaraciones públicas, sugirió que ambas instalaciones podrían haber compartido una misma fuente de alimento, lo que abre la posibilidad de una contaminación común. Hasta ahora, esa hipótesis continúa bajo investigación.
Medidas sanitarias y situación actual
Tras confirmarse la causa de las muertes, las autoridades ordenaron el cierre temporal de las instalaciones afectadas para desinfección y cuarentena. Los cuerpos de los 72 tigres fueron incinerados o enterrados bajo estrictos protocolos sanitarios, con el objetivo de evitar riesgos epidemiológicos y prevenir el tráfico ilegal de partes animales. El personal que tuvo contacto con los tigres permanece bajo vigilancia médica durante al menos 21 días, periodo estándar de observación en este tipo de situaciones. El Ministerio de Salud reiteró que no existe evidencia científica de que la peste felina represente una amenaza directa para humanos, pero mantiene protocolos preventivos activos como medida de precaución.

La muerte de 72 tigres en Tailandia por peste felina y moquillo canino no solo representa una tragedia para la conservación de la especie, sino también un recordatorio de lo compleja que es la gestión sanitaria en fauna silvestre en cautiverio. Aunque el riesgo para la población ha sido descartado, el brote evidenció cómo factores como la densidad poblacional, el estrés y la posible debilidad genética pueden amplificar el impacto de enfermedades infecciosas. En un contexto donde la biodiversidad enfrenta múltiples amenazas, este caso invita a reflexionar sobre cómo equilibrar conservación, bienestar animal y responsabilidad sanitaria.




