El avance en la detección del gusano barrenador en México ha encontrado aliados inesperados: Nala y Tamal, dos perros entrenados por la UNAM capaces de identificar esta peligrosa plaga con más del 90% de efectividad. En un país donde esta amenaza ya suma miles de casos, su labor representa una nueva forma de enfrentar un problema que afecta directamente al sector agropecuario. Más allá de la innovación, su historia revela cómo la ciencia, el entrenamiento animal y la adaptación pueden converger para responder a desafíos reales.

¿Qué es el gusano barrenador y por qué es una amenaza?
El gusano barrenador, conocido científicamente como Cochliomyia hominivorax, es la larva de una mosca que deposita sus huevos en heridas abiertas de animales. Una vez dentro, las larvas se alimentan de tejido vivo, provocando infecciones severas, pérdida de peso e incluso la muerte si no se atiende a tiempo.

En México, esta plaga ha registrado más de 17,554 casos hasta 2026, de acuerdo con Senasica, lo que la convierte en un problema sanitario relevante. No solo afecta al ganado —clave en la economía—, sino también a mascotas y, en raras ocasiones, a humanos. Su rápida propagación y la dificultad de detección temprana han sido históricamente los mayores desafíos para su control.
De la pandemia al campo: el origen de Nala y Tamal
La historia de Nala y Tamal no comenzó en el campo, sino en uno de los momentos más críticos de la historia reciente. En 2020, durante la pandemia de COVID-19, investigadores de la UNAM iniciaron un proyecto para entrenar perros capaces de detectar el virus a través del olfato. En colaboración con el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, estos animales aprendieron a diferenciar entre muestras infectadas y sanas.
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Posteriormente, su entrenamiento se amplió en el Hospital Central Militar entre 2021 y 2022, donde participaron en tareas de detección rápida. Más adelante, incluso fueron reentrenados para identificar cáncer en coordinación con el Instituto Nacional de Cancerología. Este historial convirtió a Nala y Tamal en expertos en biodetección, capaces de adaptarse a nuevos retos con notable rapidez.
¿Cómo detectan el gusano barrenador con alta precisión?
El entrenamiento de Nala y Tamal se basa en el condicionamiento operante, un método en el que los perros asocian un olor específico con una recompensa. En este caso, aprendieron a identificar el aroma característico de heridas infestadas por el gusano barrenador, incluso en entornos complejos como ranchos o zonas ganaderas.

Los resultados han sido contundentes: alcanzan una sensibilidad superior al 90% en pruebas controladas, lo que los posiciona como una herramienta altamente eficaz para la detección temprana. Desde enero de 2026, han sido evaluados en espacios como el Centro de Enseñanza, Investigación y Extensión de la Ganadería Tropical en Veracruz y en instalaciones de Topilejo, Ciudad de México, demostrando su capacidad en condiciones reales.
Dos perros, una misión: detener una amenaza que no se ve
La detección temprana es clave para frenar la propagación del gusano barrenador, y ahí es donde Nala y Tamal marcan la diferencia. Su trabajo permite identificar casos antes de que se vuelvan críticos, reduciendo pérdidas económicas y mejorando el bienestar animal. Se trata de una solución no invasiva, rápida y adaptable, que complementa estrategias tradicionales como el uso de moscas estériles o inspecciones manuales.
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Además, su implementación ya comienza a tomar forma. La UNAM colabora con entidades como Jalisco para integrar a estos perros en puntos de inspección ganadera, mientras estados como Guanajuato, Colima y Michoacán han mostrado interés en replicar el modelo. Esto podría derivar en la creación de corredores sanitarios que limiten la expansión de la plaga en distintas regiones del país.
Más allá de la ciencia: un proyecto con impacto académico y social
El proyecto también tiene un componente formativo importante. Estudiantes de veterinaria participan en el desarrollo y aplicación de estas técnicas, fortaleciendo su preparación profesional y su capacidad para enfrentar problemas reales del sector. La colaboración entre universidad, gobierno e industria genera un entorno donde la innovación se traduce en soluciones concretas.

Detrás de este esfuerzo se encuentran especialistas como la Dra. Arantzatzu Lassala Irueste y la alumna Diana Cortés Becerril, bajo la dirección de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia. Su trabajo posiciona a la UNAM como un referente en investigación aplicada, demostrando que la ciencia puede responder de manera directa a emergencias sanitarias.
Nala y Tamal no solo representan un avance en la detección del gusano barrenador, sino también un ejemplo de cómo el conocimiento puede transformarse en acción concreta frente a un problema urgente. Su historia conecta innovación, disciplina y adaptación en un contexto donde cada detección temprana puede marcar la diferencia entre el control y la expansión de una plaga. En un entorno donde los desafíos sanitarios evolucionan constantemente, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llegar el potencial de la ciencia cuando se combina con aliados inesperados?




