Cada primavera, los mares de Baja California Sur se convierten en escenario de un espectáculo salvaje que corta la respiración. Cientos de miles de mantarrayas mobula —también conocidas como rayas diablo— surcan el océano en una migración masiva, dando saltos acrobáticos fuera del agua que parecen coreografiados por la naturaleza misma. Esta danza marina no solo es un deleite visual: es un fenómeno vital para la reproducción y la alimentación de estas criaturas fascinantes que hoy enfrentan amenazas invisibles.
Every year from April to August and from November to January, Baja California is the home to the largest and most spectacular mass migration of Mobula Rays. This clip captures the magic of this underwater flight
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— Massimo (@Rainmaker1973) March 19, 2025
México: La capital mundial de las mantarrayas voladoras
De abril a agosto, y nuevamente entre noviembre y enero, las costas mexicanas del Mar de Cortés se transforman en el corazón palpitante de la migración más grande de mantarrayas en el planeta. Las protagonistas: las Mobula munkiana, pequeñas rayas diablo, y en menor medida sus primas mayores, las mantarrayas gigantes (Mobula birostris).
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Los puntos clave de esta peregrinación marina son La Ventana, Isla Espíritu Santo, Cabo Pulmo y las aguas cercanas a Cabo San Lucas. Ahí, los cardúmenes se agrupan por miles, moviéndose en perfecta armonía. Lo más impresionante sucede cuando las mantarrayas emergen del mar con fuerza, giran en el aire y vuelven a zambullirse, como si el océano mismo exhalara vida. ¿Por qué saltan? Los científicos creen que es parte de un ritual de apareamiento y una forma de comunicación, aunque mucho aún se desconoce.

Alimentación y reproducción
Durante esta migración, las mantarrayas mobula aprovechan la abundancia de zooplancton —principalmente en primavera, cuando el agua se enriquece de nutrientes— para alimentarse. Filtran el agua con sus branquiespinas, una estructura especializada que les permite capturar diminutos organismos marinos.
Las mobulas también tienen una estrategia reproductiva única: a pesar de que dan a luz crías vivas, su tasa de reproducción es extremadamente baja. Pueden gestar solo una o dos crías después de un embarazo de más de 12 meses. Este detalle biológico las hace muy vulnerables a la sobreexplotación.

Las amenazas que acechan desde las profundidades (y la superficie)
Aunque parecen volar libres, las mobulas están bajo presión. Desde 2019, tanto la mobula diablo como la mantarraya gigante están en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. Y aunque México las protegió bajo la NOM-059 de la Ley General de Vida Silvestre, aún no existe un plan de manejo específico para el turismo ni para la pesca incidental.
Estas especies suelen caer en redes de arrastre, palangres, trampas y otros artefactos de pesca industrial y artesanal. Pero su tragedia no termina ahí: sus branquiespinas —esenciales para respirar— son comercializadas ilegalmente como supuestos remedios milagrosos en el mercado de “medicina tradicional” asiática. Sin evidencia científica alguna, pero con altos precios, estas estructuras han impulsado una caza indiscriminada que ha crecido exponencialmente en la última década.
A esto se suman amenazas como la contaminación marina, la ingestión de microplásticos, el cambio climático y un turismo mal regulado, que puede alterar su comportamiento o ponerlas en peligro si se les acosa durante sus rituales naturales.
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Turismo responsable: Ver sin dañar
Afortunadamente, Baja California Sur también es un ejemplo de cómo el turismo puede convertirse en una herramienta de conservación. Gracias a los esfuerzos de biólogos e instituciones locales, muchos operadores turísticos han sido capacitados para ofrecer experiencias de avistamiento y nado sin perturbar a los animales.
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Actividades como el snorkeling y el freediving (buceo libre) permiten convivir con estos gigantes gentiles sin invadir su espacio. Además, durante las excursiones es común avistar otros habitantes del océano como orcas, delfines, tortugas y lobos marinos.

El llamado de las profundidades
El vuelo de las mantarrayas no es solo un espectáculo natural: es un recordatorio urgente. Lo que sucede en las aguas del Mar de Cortés es un tesoro ecológico que México tiene la responsabilidad de proteger. A pesar de su majestuosidad, estas rayas no son invencibles. Son tan vulnerables como cualquier especie enfrentada a la ignorancia, la codicia y la indiferencia.




