Los macacos de Gibraltar, la única población de primates en libertad en Europa, atraviesan una transformación silenciosa pero significativa. Un estudio publicado el 22 de abril de 2026 en Scientific Reports revela que estos animales han comenzado a ingerir tierra de forma deliberada, un comportamiento conocido como geofagia. Lejos de ser un hecho aislado, esta práctica está directamente relacionada con los cambios en su alimentación provocados por la interacción con humanos. Lo que ocurre en el Peñón es un ejemplo claro de cómo un ecosistema puede modificarse cuando se altera la dieta de una especie.
Del bosque a los snacks: una dieta fuera de lugar
En condiciones naturales, los macacos de Gibraltar (Macaca sylvanus) mantienen una dieta basada en hojas, frutos, semillas, raíces e insectos. Este tipo de alimentación está adaptado a su sistema digestivo, que depende en gran medida de la fibra vegetal. Sin embargo, en el entorno actual, una parte importante de su dieta ha cambiado.

Se estima que hasta el 20% de los alimentos que consumen proviene de turistas, ya sea porque se les ofrece directamente o porque los animales los obtienen por su cuenta. Estos alimentos incluyen productos con alto contenido de azúcar, grasa, sal y lácteos, como chocolates, helados, galletas o snacks procesados. De acuerdo con el antropólogo biológico Sylvain Lemoine (Universidad de Cambridge), esta dieta es completamente distinta a la que la especie ha desarrollado a lo largo de su evolución, lo que genera un impacto inmediato en su salud digestiva.
Comer tierra para sobrevivir a una nueva dieta
Ante los efectos negativos de esta alimentación, los macacos han desarrollado una respuesta que ha llamado la atención de la comunidad científica: la ingesta deliberada de tierra. Este comportamiento, conocido como geofagia, no es nuevo en el reino animal, pero en este caso tiene una función muy específica. El estudio documenta que la tierra, especialmente la arcilla roja (terra rossa) presente en el Peñón de Gibraltar, actúa como un protector gástrico natural. Sus propiedades permiten absorber toxinas, regular la acidez estomacal y proteger la mucosa intestinal, lo que ayuda a reducir molestias como diarrea, náuseas o inflamación.

En otras palabras, los macacos están utilizando el suelo como una forma de compensar los efectos de una dieta inadecuada. Los datos muestran que el 83% de los individuos prefiere este tipo de arcilla, mientras que grupos específicos, como la tropa de Ape’s Den, han desarrollado el hábito de consumir tierra procedente de zonas cercanas a carreteras. Este último comportamiento plantea nuevas preocupaciones debido a la posible presencia de contaminantes.
Una conducta aprendida dentro del grupo
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la geofagia no es únicamente una respuesta individual, sino un comportamiento que se transmite socialmente. En el 89% de los casos observados, otros macacos estaban presentes cuando un individuo ingería tierra, lo que sugiere un proceso de aprendizaje por observación. Este tipo de transmisión indica que la práctica se está consolidando como una tradición dentro de las tropas, especialmente entre los individuos más jóvenes, que replican lo que ven en los adultos.

Este fenómeno refuerza la idea de que los macacos no solo reaccionan a su entorno, sino que desarrollan estrategias colectivas para adaptarse a él. Además, a diferencia de lo que ocurre en otras especies donde la geofagia puede estar relacionada con necesidades nutricionales específicas —como durante el embarazo—, en Gibraltar no se encontraron diferencias significativas en hembras gestantes. Esto confirma que el comportamiento está vinculado directamente a la dieta alterada, y no a requerimientos fisiológicos particulares.
Adaptarse o enfermar: el efecto humano en su vida
La relación entre el turismo y este fenómeno es directa. Los grupos de macacos que habitan en zonas con mayor afluencia de visitantes presentan niveles más altos de consumo de tierra, especialmente durante temporadas de alta actividad. En contraste, cuando disminuye la presencia humana, este comportamiento también se reduce. El problema no se limita a la digestión. La incorporación constante de alimentos procesados está generando cambios en el microbioma intestinal, así como problemas asociados a la intolerancia a la lactosa, común en primates adultos.

A esto se suma el riesgo de consumir tierra contaminada con metales pesados o residuos derivados del tráfico, especialmente en zonas cercanas a carreteras. En Gibraltar, alimentar a los macacos es ilegal y puede implicar multas de hasta £4,000, sin embargo, la práctica persiste. Esto ha contribuido no solo a problemas de salud, sino también a cambios en el comportamiento, como el aumento de la agresividad y la dependencia hacia los humanos como fuente de alimento.

El caso de los macacos de Gibraltar muestra cómo una alteración en la dieta puede desencadenar cambios profundos en la biología y el comportamiento de una especie. La geofagia, en este contexto, no es una simple curiosidad, sino una respuesta adaptativa a un entorno modificado por la presencia humana. Una población que antes dependía de los recursos naturales ahora recurre a soluciones inesperadas para contrarrestar los efectos de una alimentación inadecuada. La pregunta que queda es inevitable: si estas condiciones continúan, ¿hasta qué punto seguirá transformándose su forma de vida?




