Una jirafa con el cuerpo cubierto de grandes protuberancias ha sido vista en el Parque Nacional Kruger, Sudáfrica, despertando la curiosidad de veterinarios y expertos en vida silvestre. Este inusual hallazgo podría estar relacionado con un virus poco común en estos animales: el virus del papiloma bovino (BPV), una infección que normalmente afecta al ganado, pero que en ocasiones se ha detectado en jirafas, antílopes y cebras.
Un hallazgo poco común en jirafas
Las impactantes imágenes, captadas por el fotógrafo de vida silvestre Marius Nortje, muestran el rostro, cuello y torso del animal cubiertos de lesiones. Las lesiones podrían haber sido causadas por el BPV o por una variante recientemente descubierta en jirafas: el Giraffa camelopardalis papillomavirus 1 (GcPV1).
“Que las jirafas sean afectadas por este virus es algo realmente nuevo y extraño, tenemos muy pocos casos para aprender de ellos, así que es difícil decir si la jirafa podrá sanar y recuperarse”, sostuvo Gemma Campling, veterinaria jefe y directora ejecutiva de Worldwide Vets.

¿Cómo se infectó la jirafa?
A diferencia de otras especies, las jirafas no suelen tener contacto físico frecuente entre sí, lo que hace que la transmisión directa del virus sea poco probable. En cambio, los expertos sospechan que objetos contaminados en el entorno (conocidos como fómites) podrían haber sido el vehículo de transmisión.
Los pájaros picabueyes (Buphagus) y las garrapatas también podrían haber desempeñado un papel clave. Estas aves se alimentan de parásitos incrustados en la piel de animales y, en ocasiones, también comen tejido crudo de sus hospedadores. Al moverse rápidamente entre diferentes animales a lo largo del día, podrían haber propagado el virus. Asimismo, las garrapatas pueden transmitir la infección al alimentarse de la sangre de un hospedador infectado y luego picar a otro.

Síntomas y posibles consecuencias
Los virus del papiloma en jirafas provocan lesiones escamosas en la piel que pueden crecer y fusionarse en masas más grandes. Estas lesiones comienzan como placas engrosadas, que con el tiempo se ulceran y forman costras, facilitando la propagación de la infección.
Aunque no existe un tratamiento específico, en algunos casos las lesiones desaparecen de manera espontánea. Sin embargo, en infecciones graves, las protuberancias pueden interferir con el movimiento y la alimentación, o llevar a infecciones secundarias potencialmente fatales.

Afortunadamente, la jirafa observada en Kruger parece seguir alimentándose con normalidad y sus lesiones no afectan su visión ni movilidad. Por ello, las autoridades han decidido no sacrificarla por el momento.
“Los guardabosques y veterinarios están al tanto de la enfermedad y han optado por no aplicarle la eutanasia, ya que el patógeno es conocido y no se está propagando rápidamente”, señaló Campling.
Aunque este fenómeno es raro en jirafas, su estudio podría proporcionar valiosa información sobre la adaptación y propagación de virus en la fauna silvestre. Los investigadores seguirán monitoreando a este inusual ejemplar para entender mejor la enfermedad y su impacto en estos majestuosos animales.




