Este 14 de julio se conmemora el Día Mundial del Chimpancé, y no es casualidad: hace exactamente 65 años, una joven inglesa sin título universitario inició una aventura científica que cambiaría para siempre nuestra relación con los animales. Su nombre es Jane Goodall, y su historia es un ejemplo de pasión, perseverancia y descubrimiento.

Un sueño de infancia que terminó en la selva
Cuando Jane Goodall desembarcó en 1960 en la reserva Gombe Stream de Tanzania, nadie podía imaginar el impacto que tendría en la ciencia. Tenía solo 26 años, ningún diploma formal en biología o zoología, y una curiosidad tan profunda como los bosques que se proponía explorar.
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Desde niña, Goodall había mostrado un amor genuino por los animales. Leía con fascinación historias como El doctor Dolittle o Tarzán, y soñaba con África. Para costear su viaje, trabajó como camarera, asistente de producción cinematográfica y tomó un curso de secretariado. Fue en Nairobi donde, finalmente, conoció al paleontólogo Louis Leakey, quien reconoció su potencial y le dio la oportunidad de comenzar su observación de chimpancés en libertad.

Observar sin invadir: El enfoque revolucionario
Instalada con su madre en una tienda de campaña, Goodall pasó sus primeros meses luchando contra la malaria y la desconfianza de los animales. Pero lejos de rendirse, desarrolló un método innovador: observar sin perturbar. Usaba la misma ropa cada día, no se acercaba demasiado y esperaba pacientemente bajo los árboles frutales. Con el tiempo, los chimpancés la aceptaron como parte del paisaje.
Su enfoque contrastaba con la frialdad académica de la época: ella les ponía nombres a los chimpancés en lugar de números, reconociendo que cada uno tenía una personalidad propia. Uno de los primeros en aceptarla fue “David Greybeard”, el chimpancé que marcaría un antes y un después en la historia de la ciencia.

Los chimpancés también usan herramientas
Gracias a David, Goodall fue testigo de algo que en su momento se consideraba imposible: los chimpancés usaban herramientas. Lo vio modificando ramitas para pescar termitas, limpiarse heridas con hojas, recolectar agua con follaje enrollado y usar ramas como armas.
Esta observación sacudió los cimientos de la ciencia, pues hasta entonces la creación y uso de herramientas se consideraba una característica exclusivamente humana. El hallazgo obligó a redefinir lo que nos hace “humanos”, y abrió la puerta a nuevas investigaciones sobre la inteligencia animal.

Emociones, vínculos y hasta guerras
Pero el descubrimiento más profundo no fue físico, sino emocional. Jane Goodall notó que los chimpancés compartían mucho más que herramientas con nosotros: tenían lazos familiares fuertes, se abrazaban tras una separación, se consolaban, jugaban y se cuidaban entre ellos.
También descubrió su lado oscuro: violencia, guerras territoriales e incluso canibalismo en determinadas circunstancias. Esto mostró que los comportamientos más complejos —tanto nobles como destructivos— no son exclusivos del ser humano, sino que comparten raíces evolutivas con nuestros primos evolutivos.

Un ADN casi idéntico al nuestro
Hoy sabemos que los chimpancés comparten el 98.6% de su ADN con los humanos, y que muchas de las conductas que observamos en ellos tienen origen en un ancestro común. Como dijo la propia Goodall:
“El comportamiento que vemos hoy en chimpancés y humanos probablemente existía ya en ese antecesor. Así que podemos imaginar a los humanos del Paleolítico alimentándose con ramitas, abrazándose, teniendo relaciones familiares duraderas.”

De la ciencia a la conservación
Con el tiempo, Jane Goodall se transformó en algo más que una primatóloga: se convirtió en activista ambiental y defensora incansable de los derechos de los animales. Fundó el Instituto Jane Goodall y lidera programas de educación ambiental en todo el mundo.
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Incluso hoy, a sus 90 años, sigue viajando, dando conferencias y motivando a nuevas generaciones a cuidar el planeta. Su legado va más allá de los chimpancés: es un llamado a reconectarnos con la naturaleza, a mirar con otros ojos al resto de las especies y a actuar con compasión y responsabilidad.

Día Mundial del Chimpancé: Un homenaje al cambio
Cada 14 de julio, en honor a la llegada de Goodall a Gombe, se celebra el Día Mundial del Chimpancé, no solo para conmemorar sus logros científicos, sino también para recordar que estos seres están en peligro. La deforestación, la caza ilegal y el tráfico de fauna amenazan su existencia.
Este día es un recordatorio de que los chimpancés no son solo parientes lejanos, son espejos de nuestra propia humanidad. Protegerlos es también protegernos a nosotros mismos y al planeta que compartimos.




