CDMX está viviendo una de sus temporadas de lluvias más intensas desde mediados del siglo pasado. Pero no todo se debe al clima: las inundaciones que paralizan calles y colonias tienen un enemigo inesperado. Las heces de mascotas en bolsa se han convertido en una amenaza silenciosa para el drenaje capitalino. Lo que parecía un simple descuido cotidiano hoy suma toneladas de basura y obstrucciones que agravan cada tormenta. ¿Cómo llegamos hasta aquí y qué podemos hacer para evitar que nuestra propia convivencia con los animales empeore un problema histórico?

Las heces de mascotas en bolsas están empeorando las inundaciones
La temporada de lluvias de este año rompió récords: junio fue el mes más lluvioso desde 1941 y agosto registró la mayor precipitación desde 1952. La Conagua prevé que las tormentas extraordinarias se prolonguen hasta noviembre. Pero el agua no sería tan destructiva si pudiera fluir con normalidad. El mayor obstáculo está en el subsuelo: toneladas de basura, bolsas plásticas y residuos caninos que bloquean las coladeras.

Ramiro Córdova Valdez, director territorial en Iztapalapa, afirma que en colonias con muchas áreas verdes hasta un 50% de los desazolves se deben a bolsas con heces de perro. En barrios como Héroes de Churubusco, los vecinos han tenido que colocar mallas en las coladeras para frenar a quienes tiran sus desechos en la calle. La situación es tan grave que algunos testimonios cuentan cómo, durante una inundación, el agua y hasta granizo salieron por los inodoros.
Un descuido que se volvió costumbre
A inicios de los 2000, el gobierno capitalino impulsó campañas para que los dueños recogieran las excretas en bolsas biodegradables. Funcionó por un tiempo, pero la práctica se relajó. Hoy, cualquier bolsa plástica sirve, y muchas terminan directo en las coladeras. El problema es doble: las heces de perro son más compactas que las humanas porque las croquetas, base de su dieta, contienen apenas un 10% de agua. Al quedar en bolsas bajo el sol, se secan y se endurecen, transformándose en tapones sólidos que obstruyen el sistema de drenaje.
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El pelo tampoco se queda atrás. Plomeros de la ciudad aseguran que hasta el 70% de sus servicios mensuales están relacionados con residuos de mascotas, principalmente pelo de perro. En un solo domicilio, han llegado a extraer más de 30 kilos. A diferencia de las heces, que pueden triturarse con agua y presión, el pelo se enreda en las tuberías y en el equipo, lo que hace el trabajo lento y costoso.
Una ciudad pet friendly… con problemas urbanos
México es un país de mascotas: el INEGI estima más de 80 millones de animales de compañía, de los cuales 44 millones son perros. Eso significa más excretas de las que la ciudad está preparada para manejar. Cada perro produce, en promedio, 600 gramos de materia fecal al día. Multiplicado por millones, se convierte en un problema de salud pública y de infraestructura.

El fenómeno se concentra en zonas con muchos parques: Cuajimalpa, Roma-Condesa, Polanco, el sur de la capital. Justo los lugares donde la vida urbana y el amor por los perros conviven con calles angostas y drenajes viejos. Lo que debería ser un paraíso para pasear, termina en coladeras saturadas y avenidas inundadas.
¿Qué está haciendo el gobierno?
En agosto, el gobierno capitalino lanzó el Plan Tlaloque Reforzado, con 700 millones de pesos de inversión y una flota de 55 camiones vactor para desazolve. También inició campañas como Buzo con el drenaje para visibilizar cómo las bolsas con heces bloquean el sistema. Sin embargo, los expertos coinciden en que no basta con infraestructura: la educación cívica es esencial.
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La Ley de Cultura Cívica ya sanciona a quienes no recojan las heces o las tiren en lugares públicos, pero la aplicación es limitada. En otros países, como España, existen contenedores especiales para residuos caninos y una cultura de separación mucho más arraigada. En la CDMX, los intentos de instalar compostas comunitarias fracasaron: se volvieron focos de infección y conflicto vecinal.
Hacia una cultura de responsabilidad
No se trata de culpar a las mascotas, sino de asumir que tener un perro o gato también implica manejar responsablemente sus desechos. Veterinarios recomiendan cepillar a los perros en clínicas para evitar que el pelo termine en el drenaje y usar agua con vinagre para diluir la orina en la calle. Pequeños cambios que, multiplicados por miles de dueños, podrían marcar una diferencia en la próxima tormenta.
@territorialaculco 🌧️ ¿Sabías que tirar #basura basura en la calle puede causar inundaciones? Mientras la Alcaldía Iztapalapa y la #TerritorialAculco trabajan sin descanso en el desazolve y mantenimiento de nuestras calles, seguimos enfrentando un problema que depende de todas y todos: la basura mal depositada. 📍 Hoy, una vecina de la Unidad Modelo nos compartió este video: bolsas con heces de perro amarradas a un árbol. Este tipo de acciones obstruyen coladeras, contaminan y afectan la salud de nuestra comunidad. 🐾 Si tienes #mascotas, recoge sus desechos y deposítalos correctamente. 🧹 Mantener nuestras calles limpias es responsabilidad compartida. ¡Tu colaboración hace la diferencia! Por una comunidad más limpia, segura y solidaria. #AleidaAlavezRuiz #IztapalapaOrgulloDeLaTransformación ♬ Dramatic Tension – Litne
Las heces y el pelo de las mascotas, invisibles en la rutina, se convierten en un enemigo urbano cuando llegan a los drenajes. La solución no está solo en los camiones vactor ni en las campañas oficiales: está en cada tutor que decide qué hacer con una bolsa o un cepillo lleno de pelo. El futuro de la Ciudad de México bajo la lluvia depende también de nuestras decisiones más pequeñas. ¿Estamos listos para cambiar hábitos y evitar que nuestras mascotas sean parte del problema?




