Un pulpo transparente a casi 900 metros, corales que parecen salidos de otro planeta y una estrella de mar con pompis. Así fue la expedición al Mar Argentino que conquistó al público joven a través del streaming más viral de la ciencia nacional. Pero detrás del entusiasmo digital, la realidad golpea: las 900 muestras recolectadas podrían quedar en pausa por la falta de fondos. Gregorio Bigatti, investigador del Conicet, encendió la alarma y habló de un “desmantelamiento inédito” de la ciencia argentina. ¿Cómo pasamos de la fascinación colectiva a la incertidumbre total?
Del streaming viral a la crisis en la ciencia argentina
La misión del buque Falkor (too), organizada por el Schmidt Ocean Institute junto al Conicet, fue un hito científico y cultural. Por primera vez, miles de argentinos siguieron en vivo la exploración del Cañón de Mar del Plata, con criaturas nunca vistas y momentos que se convirtieron en memes y tendencia en redes. Sin embargo, ese furor no se tradujo en estabilidad económica.

El presupuesto del Conicet cayó un 32,5% desde el inicio del gobierno de Javier Milei, y en general el sector científico sufrió una baja del 42% respecto a 2023. Para quienes llevan 25 años investigando, como Bigatti, el panorama actual es el más crítico que recuerdan.
900 muestras en suspenso en el Museo Rivadavia
Hoy, en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, descansan 900 lotes de animales marinos recolectados frente a Mar del Plata. Están ahí, esperando análisis de ADN, estudios anatómicos y descripciones taxonómicas que podrían revelar nuevas especies.

El problema es que el dinero para conservarlas y analizarlas llega “por goteo”. El financiamiento inicial permitió cubrir el operativo marítimo (2,5 millones de dólares) y comprar equipamiento (124 mil dólares, de los cuales ya se usaron 114 mil). Pero los fondos concursados quedaron congelados, y el museo sostiene las muestras con su propio presupuesto.
Vocación, precariedad y resistencia científica
Bigatti lo resume con crudeza: “Los sueldos son muy bajos. Mucha gente no llega a fin de mes”. Los becarios doctorales y posdoctorales perdieron un 35% de su poder adquisitivo, y la Agencia I+D+i, que canalizaba fondos internacionales, está prácticamente desarticulada.

Pese a todo, los científicos siguen trabajando. Algunos reciben apoyo de fundaciones privadas como Azara (3 millones de pesos donados para preservar las muestras), mientras otros buscan colaboraciones internacionales. La pasión es real: “Lo que vieron en el stream es el resultado de casi 30 años de trabajo”, recordó Bigatti.
Lo que está en juego: soberanía y futuro
Analizar estas muestras no es un capricho de laboratorio. Se trata de recursos vitales para la soberanía argentina sobre su mar, la salud de los ecosistemas y hasta potenciales aplicaciones en medicina y alimentación. Sin clasificación científica, esos organismos son invisibles a nivel internacional. Bigatti lo explica claro: “Estos animalitos son la base de la cadena alimentaria marina. Podrían convertirse en alimentos o en compuestos para la salud. También nos muestran el estado real de nuestros ecosistemas”. No procesar las muestras sería un sinsentido.

Entre la esperanza y la incertidumbre
El Schmidt Ocean Institute ya adelantó que ayudará a sostener el trabajo, sorprendido por la repercusión que el streaming tuvo en la Argentina. Para ellos, nunca había pasado que tanta gente se interesara en una transmisión científica. Esa chispa de interés ciudadano es hoy la mayor fortaleza de los investigadores. El futuro, sin embargo, es incierto. El proyecto continúa, pero con un ritmo mucho más lento del esperado. “Es como hacer una casa: ya tenemos los materiales, pero faltan manos y recursos”, graficó Bigatti.
Muy bueno pero lamentablemente vamos a tener que reventar todo para sacar petróleo y volvernos ricos https://t.co/wNOx2LwSIH
— DAN (@GordoDan_) July 30, 2025
La expedición del Conicet nos regaló imágenes hipnóticas y una sensación colectiva de orgullo científico. Pero la realidad económica amenaza con transformar ese logro en un recuerdo inconcluso. La paradoja es dura: un país con tradición científica reconocida en la región, pero sin recursos para aprovecharla. Quizás la verdadera pregunta que deja esta historia no sea qué criaturas se esconden en las profundidades, sino si Argentina podrá seguir explorándolas.




