Del peyote al chocolate, diversas plantas que hoy forman parte de la identidad cultural mexicana fueron, en su momento, consideradas peligrosas y asociadas con lo diabólico. En la Nueva España del siglo XVIII, el uso de estas especies en rituales, curaciones o prácticas espirituales despertó la atención de la Inquisición, que veía en ellas una amenaza al orden religioso. El catálogo de brujería UNAM, elaborado a partir de expedientes inquisitoriales en Michoacán, documenta cómo estos elementos naturales se transformaron en evidencia de herejía. Más que superstición, estos registros revelan un conflicto profundo entre cosmovisiones: la ancestral y la colonial.
Del peyote al chocolate: plantas sagradas bajo sospecha
El catálogo reúne 59 expedientes inquisitoriales y 34 procesos eclesiásticos provenientes del antiguo obispado de Michoacán, que abarcaba regiones de los actuales Michoacán, Guanajuato, Guerrero, Colima, San Luis Potosí y parte de Jalisco. En estos documentos, las plantas no aparecen como simples remedios, sino como instrumentos de hechicería, adivinación o control emocional.
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Un caso representativo es el expediente de 1746 en San Miguel el Grande, donde se denunció que una mujer había dado chocolate “hechizado” a un hombre, provocándole una enfermedad grave. Este episodio refleja cómo una bebida de uso cotidiano podía adquirir connotaciones peligrosas cuando se vinculaba con conflictos personales o sospechas de maleficio. El chocolate, símbolo cultural mesoamericano, se convirtió en vehículo de acusación.
Entre el deseo y el castigo: rituales que inquietaban
El peyote ocupa un lugar central en estos expedientes. Este cactus, utilizado desde tiempos prehispánicos en rituales espirituales, aparece asociado a prácticas de adivinación y hechizos amorosos. En varios casos, se mezclaba con rosa maría, una planta de efectos alucinógenos, para inducir estados alterados de conciencia.
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En 1753, una mujer llamada María Antonia confesó haber ingerido peyote con rosa maría para aprender prácticas de hechicería y atraer el afecto de otros. Este tipo de relatos evidencia que la búsqueda de amor, control o conocimiento espiritual era interpretada por la Inquisición como desviación religiosa. Para las autoridades, cualquier práctica que alterara la percepción o involucrara elementos no autorizados podía ser considerada pacto con fuerzas malignas.
Rituales híbridos: entre lo permitido y lo prohibido
Los expedientes también muestran una constante mezcla de elementos culturales. Las prácticas documentadas combinaban plantas indígenas, oraciones cristianas, agua bendita e imágenes religiosas, generando formas de espiritualidad híbridas.

En algunos casos, el peyote se consumía mientras se invocaban figuras católicas, o se utilizaban hostias consagradas dentro de rituales no oficiales. Este sincretismo revela cómo las comunidades reinterpretaron la religión impuesta, integrándola a sus propias tradiciones. Sin embargo, para la Inquisición, estas prácticas representaban una distorsión del dogma. Lo que para unos era adaptación cultural, para otros era herejía.
Hierbas, secretos y control: el conocimiento que no debía existir
Lejos de ser prácticas aisladas, el uso de estas plantas formaba parte de un conocimiento transmitido por generaciones. Curanderas, indígenas, mestizos y personas de origen africano aparecen como portadores de saberes botánicos y rituales. Plantas como el chupamirto, la cola de peyote o diversas hierbas eran utilizadas con fines específicos: sanar enfermedades, protegerse o influir en relaciones personales.

En un contexto de desigualdad social y acceso limitado a recursos médicos o legales, estas prácticas ofrecían alternativas. Las plantas funcionaban como herramientas de acción en un entorno restrictivo, donde muchas personas encontraban en ellas una forma de resolver conflictos cotidianos. Su persecución no solo respondía a motivos religiosos, sino también al control social sobre ciertos grupos.

El recorrido del peyote al chocolate en los expedientes inquisitoriales muestra cómo el significado de las plantas depende del contexto cultural que las interpreta. Lo que en una cosmovisión era sagrado, en otra podía ser considerado peligroso o incluso diabólico. El catálogo de brujería UNAM permite entender que estas prácticas no eran simples actos de superstición, sino expresiones de conocimiento, identidad y adaptación. Hoy, muchas de estas plantas siguen presentes en la cultura mexicana, recordando que la línea entre lo prohibido y lo aceptado ha sido, históricamente, una construcción social. Aquí puedes ver el catálogo completo.




