El pasado martes, el Zoológico Tiergarten de Núremberg anunció que eutanasió a 12 babuinos de Guinea, poniendo fin a una polémica que se gestaba desde principios de 2024. La razón oficial: no había espacio suficiente para mantener al grupo de primates, que había crecido a 43 individuos en instalaciones diseñadas para solo 25 animales y sus crías.
Las autoridades del zoológico afirmaron que no lograron reubicar a los babuinos en otros recintos europeos, a pesar de haberlo intentado. También señalaron que los métodos anticonceptivos empleados en el pasado no funcionaron, y que las crecientes tensiones entre los animales ya estaban provocando conflictos y heridas dentro del grupo.
Los babuinos seleccionados fueron sacrificados a tiros, y posteriormente sus cuerpos fueron utilizados como alimento para los depredadores del zoológico, como leones y tigres.

Protestas, arrestos y una indignación que traspasa fronteras
La reacción no se hizo esperar. Activistas animalistas escalaron muros del zoológico, y una mujer incluso pegó sus manos al suelo como forma de protesta. En redes sociales y medios europeos, las críticas crecieron rápidamente, señalando al zoológico por violar leyes de protección animal y promover una crianza insostenible.
Organizaciones como Pro Wildlife y el Deutsche Tierschutzbund (Asociación Alemana de Protección Animal) presentaron denuncias penales contra los directivos del zoológico, argumentando que la matanza “era evitable y, desde su punto de vista, ilegal”.
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“Lo que temíamos que ocurriera, ocurrió”, expresó Pro Wildlife. “Animales sanos fueron asesinados porque el zoológico ha mantenido durante décadas políticas irresponsables de reproducción”.

¿Normalizar la eutanasia de animales sanos en zoológicos?
Aunque suene impactante, la eutanasia de animales sanos no es nueva en Europa. Uno de los casos más recordados es el de Marius, una jirafa joven sacrificada en 2014 en el zoológico de Copenhague, cuya autopsia fue realizada frente a niños, y cuyos restos también fueron dados de comer a los leones.
El propio director del zoológico de Núremberg, Dag Encke, reconoció que la práctica de sacrificar animales y usarlos como alimento es algo que se realiza con frecuencia en zoológicos del continente. Sin embargo, sugirió que el caso de los babuinos despertó mayor rechazo por tratarse de una especie estrechamente relacionada con los humanos.
¿Qué dice esto sobre el modelo actual de los zoológicos?
El caso ha reabierto un debate urgente: ¿están los zoológicos realmente preparados para garantizar el bienestar animal a largo plazo? Organizaciones defensoras de los derechos de los animales insisten en que el problema no es la falta de espacio, sino la gestión irresponsable de la reproducción.
“El bienestar de los animales que un zoológico mantiene y cría no puede depender de si hay o no espacio disponible o de si resulta costoso mantenerlos”, afirmó el Deutsche Tierschutzbund. Además, llamaron a los políticos a regular con mayor rigor las políticas reproductivas de los zoológicos en toda Europa.

El dilema moral: ¿Crianza por conservación o por entretenimiento?
El sacrificio de los 12 babuinos de Guinea reaviva una discusión más amplia: ¿es ético criar animales en cautiverio si no se puede garantizar su calidad de vida? Algunos defensores argumentan que los zoológicos cumplen una función educativa y de conservación, pero casos como este hacen evidente que también existen prácticas profundamente cuestionables, como la cría sin control o el uso de animales como alimento.
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En lugar de ser un santuario, el zoológico de Núremberg se ha convertido en un símbolo del dilema ético moderno: en tiempos de creciente conciencia ambiental y respeto por los seres vivos, ¿podemos seguir aceptando estas decisiones como “necesarias”?

¿Y si el problema no es el espacio… sino la visión?
La matanza de babuinos sanos no fue producto de una emergencia repentina. Fue la consecuencia de una política estructuralmente fallida, una que prioriza mantener grupos animales visibles al público sin considerar su sostenibilidad.
Este caso no solo interpela a Alemania o a Europa. También desafía al mundo entero, donde cada vez se cuestiona más el papel de los zoológicos tradicionales y se impulsa la creación de santuarios y centros de conservación reales, donde la vida animal no sea moneda de cambio ni entretenimiento pasajero.




