El jaguar, el felino más grande de América y tercero del mundo, atraviesa un momento decisivo. Del 22 al 24 de septiembre de 2025, en la Ciudad de México, representantes de 18 países acordaron un plan de acción regional para proteger a esta especie y los ecosistemas que la sostienen. Lo hicieron en el marco de la Segunda Reunión de los Estados del Área de Distribución del Jaguar, organizada por México y Brasil junto con organismos internacionales como CITES y CMS. El resultado: un compromiso conjunto que busca detener la caza ilegal, recuperar hábitats y asegurar un futuro sostenible para comunidades y naturaleza.

Un acuerdo histórico para la conservación del jaguar
El consenso alcanzado no es cualquier cosa: 18 países alineados bajo un mismo objetivo. Entre los puntos principales se encuentran la creación de una plataforma intergubernamental, la presentación de una resolución ante la CITES en su próxima reunión en Uzbekistán y el impulso de mecanismos financieros sostenibles con el apoyo del Banco Mundial.

Más de 80 participantes, incluidas 17 organizaciones internacionales, pusieron sobre la mesa datos, estrategias y compromisos para que el jaguar deje de estar en riesgo. Como señaló María José Villanueva, de WWF México, este esfuerzo refleja la conexión inseparable entre biodiversidad, clima y desarrollo sostenible.
Las amenazas que ponen al jaguar contra las cuerdas
El jaguar enfrenta un escenario complejo y sombrío: pérdida de hábitat por deforestación, conflictos con humanos en zonas rurales, caza furtiva, tráfico ilegal de partes del animal y, cada vez con más fuerza, los efectos del cambio climático.

Según la Convención CITES, este felino fue una de las primeras especies protegidas desde 1973, pero hoy sigue bajo fuertes presiones que afectan no solo a su supervivencia, sino también a la salud de ecosistemas que benefician a millones de personas. Los gobiernos reconocieron que si desaparece el jaguar, también se debilitan bosques, sabanas, humedales y selvas de los que dependen comunidades enteras.
Ciencia, cooperación y comunidades: la fórmula para protegerlo
Durante la reunión se presentaron 16 pósters con investigaciones y proyectos en diferentes paisajes: bosques tropicales, áreas desérticas y humedales. Estos muestran que la conservación no es solo patrullaje, sino también restauración, educación y trabajo directo con comunidades.
Un ejemplo inspirador es el proyecto de WWF “From conflict to coexistence”, que fortalece corredores biológicos en México y busca que jaguares, osos negros y lobos mexicanos convivan en equilibrio con las personas. Aquí la ciencia se combina con el bienestar social, demostrando que proteger a un felino también significa mejorar la vida de quienes comparten territorio con él.
Jaguar, símbolo de un continente y de un futuro posible
La secretaria general de CITES, Ivonne Higuero, recordó que el jaguar es un símbolo del patrimonio natural americano y que conservarlo es una responsabilidad compartida. El acuerdo alcanzado en 2025 no solo protege a una especie, sino que establece un precedente para otros retos de conservación global. Al final, lo que se acordó en Ciudad de México es mucho más que un plan: es la posibilidad de un nuevo modelo de cooperación internacional, donde naturaleza y desarrollo no se enfrentan, sino que se complementan.

El jaguar es más que un felino majestuoso: es guardián de la selva, regulador de presas y pieza clave para mantener ecosistemas sanos. Su supervivencia depende de decisiones como la tomada por 18 países en 2025, pero también de nuestra capacidad de valorar lo que está en juego. El mensaje es claro: cuidar al jaguar es cuidar nuestro propio futuro. Si fallamos, perdemos no solo a un símbolo cultural y natural, sino también la riqueza de los ecosistemas que sostienen la vida humana. La pregunta que queda abierta es: ¿seremos capaces de mantener este compromiso más allá de los acuerdos en papel?




