Tragedia en México: récord de 92 ballenas grises muertas en Baja California Sur

2025 marca una temporada crítica: 92 ballenas grises varadas en México y la población en su punto más bajo en casi seis décadas.

El paraíso marino de Baja California Sur se tiñe de silencio: 92 ballenas grises fueron halladas muertas en la temporada 2024-2025, una de las cifras más altas registradas en décadas. Estos gigantes del océano, famosos por su viaje migratorio de hasta 20 000 kilómetros, llegaron flacos, débiles y sin crías. Lo que parecía un espectáculo natural ahora se convierte en una alarma global. ¿Estamos siendo testigos de una crisis silenciosa que amenaza el futuro de la especie? Las costas mexicanas, antes sinónimo de vida y esperanza, hoy se vuelven escenario de un colapso ecológico difícil de ignorar.

Crisis silenciosa de las ballenas grises en México

La ballena gris (Eschrichtius robustus) es un emblema del Pacífico. Cada año viaja desde el Ártico hasta Baja California Sur, donde busca aguas cálidas para reproducirse. Sin embargo, en la última temporada, el panorama fue devastador: la NOAA Fisheries registró 92 varamientos en costas mexicanas. Muchos cuerpos aparecieron sin señales de choques con barcos o redes, lo que apunta a un problema más profundo: la falta de alimento.

92 ballenas grises muertas

Expertos como Francisco Javier Gómez Díaz, del Museo de la Ballena, aseguran que la mayoría murió en alta mar y fue arrastrada por las corrientes. El denominador común fue la desnutrición: ballenas flacas, con huesos marcados bajo la piel, incapaces de sobrevivir al viaje migratorio. Para una especie que depende de su grasa acumulada como motor de vida, la pérdida de reservas energéticas es prácticamente una sentencia de muerte.

Menos nacimientos y cuerpos debilitados

Si la muerte de 92 ballenas preocupa, la falta de nacimientos alarma aún más. En 2025, apenas 85 crías fueron registradas en las lagunas de reproducción, una caída del 90 % frente a años promedio. En lugares como San Ignacio, donde hace una década se contaban más de 100 madres con cría en un día, este año apenas se vieron cinco. La investigadora Lorena Viloria Gomorra, del PRIMMA, explicó que de 980 ballenas identificadas en Bahía Magdalena, 244 presentaban condiciones corporales deficientes.

Sin grasa suficiente, estos animales no tienen energía para reproducirse ni migrar. El “cuello visible” y los huesos escapulares marcados se han convertido en símbolos de un océano que ya no alimenta como antes. Los registros de años anteriores muestran que cuando la condición corporal es mala, los nacimientos prácticamente desaparecen. No es casualidad: una ballena madre necesita reservas de energía para parir y amamantar a su cría durante meses sin alimentarse. Si no hay energía, no hay crías.

El impacto del cambio climático en la migración

Detrás de esta crisis está el cambio climático. La reducción del hielo marino en el Ártico ha disminuido la producción de algas subglaciales que sostienen a los anfípodos, la presa favorita de las ballenas grises. Sin esta base alimenticia, los cetáceos llegan debilitados a México. En 2016, la población del Pacífico Norte Oriental alcanzaba casi 27 000 individuos. Hoy, tras múltiples eventos de mortalidad, apenas se estiman entre 11 700 y 14 450 ballenas, según la NOAA.

El retroceso equivale a perder la mitad de la población en menos de una década. Lo que antes era un ciclo migratorio exitoso de hasta 23 000 km ahora se ha convertido en una travesía de supervivencia. Cada desviación de ruta, como la observada en el Parque Nacional Cabo Pulmo con 50 ejemplares, implica un gasto energético adicional que puede costar vidas. Este año, la influencia del fenómeno de La Niña enfrió demasiado las aguas de reproducción, empujando a los animales aún más al sur en busca de temperaturas tolerables.

¿Un futuro incierto para las ballenas grises?

Los científicos advierten que estamos frente a una “señal roja” del calentamiento global. Si las ballenas grises no encuentran alimento suficiente en el Ártico y deben modificar rutas, su energía no alcanzará para sostener nacimientos ni garantizar la migración. Por ello, investigadores del PRIMMA y la UABCS han propuesto elevar el estatus de la especie en la NOM-059, pasando de “Protección Especial” a “Amenazada”.

Esto permitiría reforzar medidas de conservación y garantizar que actividades como el turismo de avistamiento se hagan con criterios que reduzcan el estrés de los animales. La intención no es frenar la experiencia única de ver a una ballena acercarse curiosa a una lancha, sino asegurar que ese encuentro no se convierta en una carga adicional para un animal ya debilitado.

La muerte de 92 ballenas grises en México no es solo una estadística: es el eco de un océano que está cambiando más rápido de lo que estos gigantes pueden resistir. La crisis silenciosa de 2025 nos recuerda que la salud del mar y la nuestra están íntimamente conectadas. Sin ballenas, el ecosistema pierde un engranaje vital, y con él, también se compromete la riqueza natural que define a Baja California Sur.

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