El Mar Menor, una de las lagunas costeras más singulares de Europa, atraviesa un nuevo episodio que mantiene en alerta a la comunidad científica. Una enorme mancha blanca en el Mar Menor, visible incluso desde imágenes aéreas y satelitales, no solo ha cambiado el color del agua: también ha provocado la desaparición de casi 7 kilómetros cuadrados de vegetación submarina y una fuerte caída en la biodiversidad. Detrás de este paisaje inusual se esconde un fenómeno químico que lleva activo desde 2022 y que está transformando poco a poco un ecosistema que durante décadas fue refugio de cientos de especies marinas.
¿Qué es la mancha blanca en el Mar Menor?
A simple vista podría parecer una gran nube suspendida bajo el agua, pero en realidad se trata de un fenómeno conocido como whiting, que ocurre cuando millones de diminutos cristales de calcita (carbonato de calcio) permanecen flotando en el agua y le dan ese característico tono blanco lechoso. Lo extraordinario de este caso es que, mientras en otros lugares del mundo estos eventos duran apenas unos días, en el Mar Menor permanece activo desde hace más de cuatro años.

Actualmente, la mancha ocupa alrededor de 12.3 kilómetros cuadrados, lo que representa aproximadamente el 9 % de toda la laguna. Aunque pueda parecer solo un cambio de color, la realidad es que estos cristales modifican las condiciones del agua y desencadenan una cadena de efectos que termina afectando a todo el ecosistema.
¿Por qué apareció este fenómeno?
La explicación está en la química del agua. Investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y la Universidad de Murcia descubrieron que el fenómeno se produce por un aumento del pH, lo que vuelve el agua más alcalina y favorece la formación constante de cristales de calcita.

Este cambio está relacionado con las descargas subterráneas del acuífero del Campo de Cartagena, que durante años ha recibido grandes aportes de agua debido al regadío intensivo y a distintos periodos de lluvias. Esa agua, rica en bicarbonatos y carbonatos, altera el equilibrio natural de la laguna y mantiene activo el proceso. Los científicos incluso confirmaron que los cristales no llegan desde tierra, sino que se forman dentro del propio Mar Menor, lo que explica por qué el fenómeno persiste.
Cuando la luz deja de llegar al fondo
El verdadero problema no está en la superficie, sino debajo de ella. La enorme cantidad de partículas suspendidas hace que el agua sea hasta nueve veces más turbia de lo habitual. Como consecuencia, únicamente el 3.9 % de la luz solar alcanza el fondo, cuando en condiciones normales llega alrededor del 18.3 %.

Para las praderas submarinas esto representa un desafío imposible. Sin suficiente luz no pueden realizar la fotosíntesis y, además, los cristales terminan depositándose sobre ellas hasta cubrirlas por completo. Así fue como desaparecieron cerca de 7 kilómetros cuadrados de vegetación submarina, dejando zonas donde antes abundaba la vida convertidas en un paisaje prácticamente estéril.
Un efecto dominó que alcanza a peces y otras especies
Las praderas submarinas funcionan como auténticos vecindarios para la fauna marina. Allí muchas especies encuentran alimento, protección y lugares seguros para reproducirse. Cuando desaparecen, todo ese equilibrio comienza a romperse.

Durante un año, los investigadores monitorearon más de 4,000 peces y encontraron una diferencia sorprendente: en las zonas sanas registraron 21 especies, mientras que en el borde de la mancha solo aparecieron 10. En el centro del fenómeno, únicamente tres especies lograron sobrevivir. Peces como la aguja de río, el tordo y otras especies asociadas a la vegetación prácticamente desaparecieron, mientras que solo permanecieron aquellas capaces de adaptarse a ambientes degradados, como el gobio negro. La pérdida de plantas terminó convirtiéndose también en una pérdida de biodiversidad.
Un nuevo capítulo en la historia ambiental del Mar Menor
La mancha blanca en el Mar Menor no apareció de la nada. Esta laguna lleva años enfrentando problemas relacionados con la contaminación por nutrientes, episodios de falta de oxígeno y la degradación de sus hábitats. En 2016 perdió gran parte de sus praderas marinas y, aunque algunas especies habían comenzado a recuperarse, este nuevo fenómeno volvió a cambiar el panorama.
El #IEO–@CSIC atribuye el origen de la mancha blanca del Mar Menor a la precipitación de carbonato cálcico.
Hoy se ha publicado el último informe encargado por @mitecogob en el marco de actuaciones prioritarias para la recuperación de la laguna.
➡️ https://t.co/NSrP30oJKI pic.twitter.com/cVSl7OrOsY
— Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) (@IEOoceanografia) May 23, 2024
El estudio, publicado en Marine Pollution Bulletin en 2026, representa la primera evidencia científica de un evento de whiting persistente capaz de degradar un ecosistema costero durante varios años. Los especialistas advierten que este fenómeno debe entenderse como parte de una alteración ambiental más amplia y no como un hecho aislado, por lo que el seguimiento constante será clave para evitar que continúe expandiéndose.

El Mar Menor recuerda que los ecosistemas son mucho más frágiles de lo que parecen y que pequeños cambios en la química del agua pueden desencadenar consecuencias enormes. La mancha blanca en el Mar Menor no solo cambió el color de una parte de la laguna; también redujo la luz, eliminó la vegetación submarina y transformó el hogar de decenas de especies. Comprender lo que está ocurriendo permite dimensionar la importancia de proteger estos espacios naturales, porque cuando un ecosistema pierde su equilibrio, recuperarlo suele ser mucho más difícil de lo que imaginamos.




