La Ciudad de México ya acumula en 2026 el doble de lluvia que registra su promedio histórico para los primeros seis meses del año: 453.55 milímetros frente a los 224.68 mm habituales, según la Secretaría de Gestión Integral del Agua (SEGIAGUA). No es una temporada de lluvias intensa; es una anomalía climática documentada que rompe con lo que la capital consideraba normal. Y los números de la UNAM confirman que el fenómeno no empezó en junio.
Marzo ya era una señal: casi cinco veces el promedio
La temporada de lluvias en la CDMX empieza oficialmente el 15 de mayo y cierra el 15 de noviembre. Pero en marzo de 2026, antes de que arrancara el calendario oficial, la ciudad registró 48.72 milímetros de precipitación, cuando el promedio histórico para ese mes es apenas 10.72 mm. Casi cinco veces más. Desde entonces, cada mes ha superado al anterior y al año pasado.
El pico llegó en junio: 241 mm, frente al promedio histórico de 126 mm para ese mes, el valor más alto jamás registrado para ese periodo. Al cierre de junio, la capital ya llevaba 453 mm acumulados, más del doble de los 224 mm que marcan la norma. Para dar contexto: en los primeros seis meses de 2025, CDMX ya había acumulado 355 mm, un 58% por encima del promedio, y eso ya era considerado un año extraordinario. Cómo el cambio climático intensifica las lluvias en México
Calentamiento de 2.3 °C y eventos extremos: lo que dice la UNAM
Los datos de lluvia no llegan solos. Según el Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, la Ciudad de México acumula un calentamiento de 2.3 °C respecto al periodo de referencia 1901-1930. Ese incremento no es abstracto: en términos físicos, el aire más cálido retiene más humedad, y cuando se libera, lo hace con mayor violencia. Es exactamente lo que los registros de SEGIAGUA muestran mes a mes.
A escala nacional, investigadores de la UNAM documentaron que las lluvias de enero a inicios de junio de 2026 fueron 15% más intensas que el promedio de los últimos 30 años, y la zona centro —incluida la capital— estuvo entre las regiones con precipitaciones por encima de lo habitual. No es una coincidencia regional; es la expresión local de una tendencia que los climatólogos llevan años proyectando.
Lo que cambió en 2026 no es solo la cantidad de agua. Es que los eventos muy húmedos —esos días donde cae de golpe lo que debería caer en semanas— muestran una tendencia al alza sostenida en la ciudad. Más calor acumulado significa temporadas más cortas pero más intensas, y una ciudad cuya infraestructura de drenaje fue diseñada para otro clima.




