En plena mancha urbana de Cuernavaca sobrevive un predio de casi cinco hectáreas con alrededor de 1,600 árboles nativos, fauna silvestre y la capacidad de enfriar la ciudad y recargar su acuífero. Se llama La Cazahuatera y es, según investigadores del CRIM-UNAM y del CIByC-UAEM, uno de los últimos (si no el últim) fragmentos de selva baja caducifolia dentro de la capital morelense. En junio de 2026, una empresa inmobiliaria anunció que ahí quiere construir seis torres de hasta 15 niveles. Treinta y cuatro organizaciones ambientalistas y 79 científicos dijeron que no.
El proyecto que desató la alarma
La empresa Portenta Hábitat (registrada ante el IMPI a nombre de Magnetic Construye, S.A. de C.V.) presentó el proyecto ‘Altoverde‘: seis torres residenciales de hasta 15 niveles, con departamentos de entre 2.7 y 6.1 millones de pesos, orientados a un mercado de alta plusvalía. El predio está en la esquina del Paso Exprés y el Paseo Cuauhnáhuac, entre un centro comercial y las instalaciones de la FGR.
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El problema no es solo el tamaño del desarrollo. Es que la zona cae dentro de la Unidad de Gestión Ambiental 139 del Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial de Cuernavaca, donde los asentamientos humanos no están contemplados. Y según los colectivos ambientalistas, el Ayuntamiento de Cuernavaca habría autorizado el cambio de uso de suelo sin solicitar el dictamen previo de la Semarnat, trámite obligatorio para superficies con vocación forestal. El alcalde, por su parte, reconoció que el proyecto todavía no tiene Manifestación de Impacto Ambiental ni el dictamen del Comité de Ordenamiento Ecológico Local, pero no descartó la construcción y argumentó que el uso de suelo es ‘de carácter mixto’. selva baja caducifolia en México
¿Por qué La Cazahuatera no es un árbol más?
La selva baja caducifolia es el ecosistema con mayor distribución en México pero también uno de los más amenazados: quedan pocas selvas originales conservadas, según la UNAM. Dentro de la ciudad, esa rareza se vuelve casi irreemplazable.
Estudios académicos documentaron que en la zona de La Cazahuatera la temperatura local ha subido hasta dos grados centígrados por la urbanización y las grandes superficies de concreto alrededor. El predio funciona como regulador térmico, recargador del acuífero y refugio de fauna silvestre, todo al mismo tiempo. Perderlo no es perder un parque: es perder la única esponja verde que le queda a esa parte de la ciudad.
El contexto estadístico golpea fuerte: Cuernavaca tiene apenas 0.23 m² de áreas verdes públicas por habitante. La recomendación internacional es de entre 9 y 12 m²; la legislación ambiental del estado de Morelos establece 20 m². La ciudad ya está a más de 40 veces por debajo del mínimo legal estatal, y el proyecto Altoverde eliminaría uno de los pocos pulmones que quedan.
La respuesta: 34 organizaciones, 79 científicos y un oficio a la gobernadora
El colectivo Guardianes de los Árboles, encabezado por Flora Guerrero Goff, entregó un oficio directamente a la gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, exigiendo que el predio sea declarado Área Natural Protegida y Jardín Botánico Temático. Los firmantes incluyen investigadores del CRIM-UNAM, el CIByC de la UAEM y el Instituto Nacional de Salud Pública: no es una protesta de vecinos enfadados; es un pronunciamiento con aval científico.
La demanda es concreta: que los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) intervengan antes de que arranquen las excavadoras. El tiempo es el factor crítico: una vez que cambia el uso de suelo y se aprueba la MIA, revertir el proceso es casi imposible. La ventana para salvar La Cazahuatera se está cerrando en tiempo real.




