Homero Gómez Jr. publicó nuevas fotos desde el bosque con una frase que su padre convirtió en filosofía de vida: ‘por el bien de todos, primero los bosques’. Hoy preside la Fundación Homero Gómez – El Guardián y tiene una meta para 2026: plantar más de 200,000 árboles en los mismos territorios que Homero Gómez González defendió hasta el último día. La historia de la mariposa monarca en México no terminó con su asesinato en enero de 2020. Siguió, con el mismo apellido y la misma urgencia.
El legado que no se puede enterrar
Homero Gómez González fue encontrado muerto el 29 de enero de 2020 en un pozo en Michoacán, tras casi dos semanas desaparecido. Era el encargado del santuario El Rosario, uno de los puntos de hibernación más importantes de la mariposa monarca en todo el mundo, y llevaba años enfrentando amenazas por defender ese territorio contra la tala ilegal. Tenía 50 años. Su muerte sacudió a México y a organizaciones ambientales en varios países, pero también dejó una pregunta sin respuesta inmediata: ¿quién iba a seguir?
La respuesta llegó con el tiempo y con nombre propio. Su hijo, Homero Gómez Jr., tomó la presidencia de la Fundación Homero Gómez – El Guardián y convirtió el duelo en acción concreta. No en discursos ni en memoriales estáticos: en tierra removida, semillas y manos en el barro. Las fotos que compartió recientemente desde la naturaleza, con la frase de su padre como pie de imagen, son parte de un trabajo que ya lleva años acumulando raíces — literal y figuradamente.
200,000 árboles como acto político y como acto de amor
La meta de la Fundación para 2026 es plantar más de 200,000 árboles en la región. No es solo un número ambiental: en ese contexto es también una declaración. Cada árbol repuebla un ecosistema que grupos criminales intentaron vaciar, y cada árbol es, además, evidencia de que el proyecto que mataron no desapareció con su fundador.
El bosque de oyamel donde hiberna la monarca es uno de los hábitats más amenazados de Norteamérica. La mariposa viaja hasta 4,500 kilómetros desde Canadá y Estados Unidos para llegar a Michoacán cada otoño, y lo que encuentra al arribar depende directamente de que haya árboles en pie. La crisis de la mariposa monarca en México viene de décadas de deforestación y cambio climático, y la fundación de Homero Jr. opera exactamente en ese frente.
Lo que hace Homero Jr. no es solo honrar a su padre — aunque también lo es. Es sostener una infraestructura de conservación en una zona donde hacerlo tiene un costo real, no metafórico. Su padre lo pagó con la vida. Él decidió que ese precio no iba a ser el punto final.
Un guardián que aprendió en campo
Homero Jr. creció viendo a su padre trabajar el territorio, negociar con comunidades, recibir amenazas y regresar al bosque de todas formas. Ese aprendizaje no viene de un seminario ni de una ONG internacional: viene de años de observar cómo se construye autoridad moral en una comunidad que desconfía de los proyectos que llegan de fuera y confía en los que brotan de adentro.
La Fundación Homero Gómez – El Guardián trabaja con esa lógica: conservación ligada a las comunidades locales de Michoacán, no impuesta sobre ellas. En un contexto donde el crimen organizado sigue operando en zonas forestales del país, esa distinción no es menor. Es la diferencia entre un proyecto que dura y uno que desaparece en cuanto alguien deja de financiarlo desde afuera.
Amamos que Homero Jr. haya elegido quedarse. Que haya convertido una herida abierta en algo que crece hacia arriba. Que cada imagen suya entre árboles sea, al mismo tiempo, una respuesta a quienes creyeron que podían silenciar lo que su padre representaba.
