México está a punto de presenciar un acontecimiento tan silencioso como devastador: la extinción total de sus glaciares. De los más de dos decenas que alguna vez decoraron las cumbres más altas del país, hoy solo quedan tres. Y si el calentamiento global continúa a su ritmo actual —o se acelera como ya lo ha hecho en las últimas décadas— estos últimos glaciares podrían desaparecer por completo en menos de cinco años.

¿Qué son los glaciares y por qué nos deberían importar?
Los glaciares no son solo paisajes congelados en las alturas. Son auténticas reservas de agua dulce. Se forman cuando la nieve se acumula durante años, compactándose y convirtiéndose en hielo. Durante la temporada cálida, ese hielo se derrite lentamente, alimentando ríos, lagunas y acuíferos que abastecen a millones de personas.
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En México, uno de los más importantes es el glaciar Jamapa, ubicado en el Pico de Orizaba (también conocido como Citlaltépetl). Este glaciar alimenta los sistemas de agua de al menos 25 municipios de Veracruz y 6 de Puebla. Los otros dos glaciares restantes sobreviven en las alturas del Iztaccíhuatl.

México se caliente más rápido el los demás países
Mientras que la temperatura global ha aumentado en promedio 2 °C desde la era preindustrial, México ha registrado un aumento de 3.2 °C, según datos del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM. Esto significa que los glaciares mexicanos están enfrentando condiciones climáticas aún más extremas que las de otras regiones del planeta.
“Los glaciares del Iztaccíhuatl ya no deberían existir. Solo sobreviven porque están protegidos por las estructuras volcánicas”, explica Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM. Y aunque se aferran a la vida, su final parece inminente.

Ayoloco ya desapareció, y los demás están por seguirlo
En 2018, el glaciar Ayoloco fue declarado extinto. En su lugar, investigadores y activistas colocaron una placa como memorial. Ahora, todo apunta a que los glaciares de Citlaltépetl, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl seguirán el mismo destino.
En el caso del glaciar Jamapa, las mediciones indican una pérdida de hasta 20% de su masa en tan solo cinco años. Y aunque se encuentra por encima de la llamada “línea de equilibrio” —los 5,300 metros de altitud donde aún debería poder resistir— ya es posible ver el basamento rocoso expuesto, lo que significa que el hielo se está retirando aceleradamente.
El Popocatépetl, por su parte, ha perdido su glaciar no solo por el calor extremo, sino también por la actividad volcánica. Sus recientes erupciones han contribuido a eliminar por completo lo que quedaba de sus capas de hielo.

¿Qué pasa si desaparecen los glaciares?
La desaparición de los glaciares mexicanos traerá consecuencias graves e irreversibles. En primer lugar, se reducirá drásticamente el aporte de agua dulce en las regiones cercanas. Ríos que nacen del deshielo podrían secarse. Municipios completos enfrentarán crisis hídricas, afectando tanto el consumo humano como la agricultura.
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Y este no es un problema exclusivo de México. Más de 2 mil millones de personas en todo el mundo dependen de glaciares para su suministro de agua. Además, los glaciares almacenan cerca del 70 % del agua dulce del planeta, por lo que su pérdida representa una amenaza global.

¿Ya no hay vuelta atrás?
La UNAM es clara: la conservación de los glaciares en México ya no es viable. El daño está hecho. Lo que queda ahora es adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Eso implica preparar a las comunidades, rediseñar políticas de distribución de agua, invertir en tecnologías de captación y almacenamiento, y sobre todo, educar a las nuevas generaciones sobre el futuro que heredarán.
“La extinción de nuestros glaciares está muy próxima”, advierte Delgado Granados. “La disminución del agua que estos aportan afecta al clima local, la agricultura y la disponibilidad de agua para consumo humano. Nos queda planear medidas de adaptación, no solo los tomadores de decisiones, sino también la gente y los jóvenes que heredarán estas condiciones”.
En menos de un siglo, México pasará de tener más de 20 glaciares a ninguno. Será uno más en la creciente lista de países que han perdido sus reservas eternas de hielo.




