El glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental, está perdiendo hielo por un mecanismo que los científicos tardaron en comprender: agua oceánica relativamente cálida se filtra por debajo del glaciar y lo derrite desde adentro. Este proceso ya contribuye con el 4% del aumento global del nivel del mar. Si la estructura colapsa por completo —un escenario que los expertos no descartan— el nivel de los océanos podría subir hasta 65 centímetros, con consecuencias directas para ciudades costeras en todo el planeta.
Cómo funciona el mecanismo que nadie vio venir
Durante décadas, los modelos climáticos asumían que el deshielo glaciar era principalmente un proceso superficial: el calor del aire derretía el hielo desde arriba. Lo que descubrieron los estudios recientes sobre el Thwaites cambió esa imagen. El verdadero problema está abajo, en la base del glaciar, donde el agua oceánica —más cálida de lo que debería— se cuela por grietas y cavidades y actúa como un soplete silencioso contra el hielo más profundo.
La analogía del corcho es la más exacta que existe para entender la urgencia: el Thwaites actúa como un tapón natural que contiene el resto del manto de hielo de la Antártida Occidental. Mientras ese tapón esté en su lugar, los glaciares detrás de él permanecen relativamente estables. Si cede, el hielo represado fluye hacia el océano sin freno. Esto es lo que los glaciólogos llaman “inestabilidad de la capa de hielo marina”, y es el escenario que hace que las proyecciones de 65 centímetros de aumento sean tan preocupantes. Para dimensionarlo: el glaciar tiene una superficie comparable a la del estado de Florida en Estados Unidos, unos 192,000 km².
Qué ciudades están en la línea de riesgo
Un aumento de 65 centímetros en el nivel del mar no sería gradual ni uniforme. Las zonas costeras bajas —desde Bangladés hasta el sur de Florida, desde Ámsterdam hasta el delta del Nilo— experimentarían inundaciones más frecuentes, intrusión de agua salada en acuíferos y erosión acelerada de playas y manglares. En México, ciudades portuarias como Veracruz, zonas del Golfo y asentamientos costeros del Pacífico se encuentran entre las áreas donde el impacto sería visible en las próximas décadas.
Los científicos son cuidadosos en aclarar que el colapso total del Thwaites no es inminente ni inevitable: hay incertidumbre real sobre la velocidad del proceso. Pero la dirección es clara. Lo que ocurra en esa región helada en los próximos 50 a 100 años definirá cuánto mar sube y qué tan rápido. Y los modelos más recientes, publicados en revistas como Nature y Science, han tendido a ser más pesimistas que los anteriores, no más optimistas.




