La muerte de Marcelo Aranda Sánchez, ocurrida el 4 de abril de 2026, representa una pérdida significativa para la ciencia en México. Reconocido como uno de los mayores especialistas en mamíferos silvestres, su trabajo en rastreo de fauna y conservación marcó a generaciones enteras. Su nombre está ligado al estudio del jaguar, la biodiversidad mexicana y la formación de nuevos investigadores. Hablar de su legado implica comprender no solo su trayectoria, sino también el impacto profundo que dejó en la mastozoología en México.
Una vida dedicada al estudio de la fauna silvestre
Jaime Marcelo Aranda Sánchez nació el 29 de octubre de 1954 y se formó como biólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se graduó en 1980. Posteriormente, obtuvo una maestría en Manejo de Vida Silvestre en la Universidad Nacional de Costa Rica en 1990. Desde sus primeros años mostró un interés profundo por la naturaleza, explorando ecosistemas incluso antes de su formación académica formal.

A lo largo de su carrera ocupó diversos cargos relevantes: fue profesor en la Universidad Autónoma de Chapingo, investigador en el Instituto de Biología de la UNAM y en el Instituto de Ecología, A.C., además de desempeñarse como director de Áreas Naturales Protegidas y de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán. En cada uno de estos espacios dejó una huella clara, enfocada en la conservación y el conocimiento científico aplicado.
El rastreo de mamíferos: su mayor contribución científica
Uno de los aportes más importantes de Aranda fue el desarrollo y perfeccionamiento del rastreo de fauna silvestre. Esta disciplina se basa en la identificación de huellas, excretas y otras señales indirectas para estudiar especies, especialmente aquellas difíciles de observar directamente.

Su obra más influyente, “Manual para el rastreo de mamíferos silvestres de México” (2012), publicada por la CONABIO, se convirtió en una herramienta esencial para investigadores, guardaparques y estudiantes. El libro destaca por su precisión científica y por incluir ilustraciones detalladas realizadas por el propio Aranda. Gracias a este trabajo, el rastreo dejó de ser una técnica marginal para consolidarse como un método clave en estudios de biodiversidad.
Un referente en la conservación del jaguar y otros mamíferos
Aranda dedicó buena parte de su carrera al estudio de grandes mamíferos, en particular felinos como el jaguar, el puma y el ocelote. Durante su gestión en la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán (2007-2009), impulsó programas de monitoreo que permitieron obtener datos valiosos sobre la presencia y comportamiento de estas especies.
Además, participó en investigaciones en regiones clave como la Selva Lacandona en Chiapas, Veracruz, Jalisco y la península de Yucatán. Su trabajo contribuyó a fortalecer estrategias de conservación en ecosistemas considerados “paraísos en peligro”, donde la presión humana amenaza constantemente la biodiversidad. También colaboró con instituciones como la CONANP y la CONABIO, consolidando puentes entre la investigación científica y la gestión ambiental.
Docente, divulgador y formador de nuevas generaciones
Más allá de sus publicaciones, Aranda fue ampliamente reconocido como docente. Quienes trabajaron con él destacan su capacidad para enseñar a observar detalles mínimos en el campo, desarrollando lo que muchos describen como un “ojo entrenado” para interpretar la naturaleza.

Fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (2002-2004) y participó activamente en la formación de estudiantes en México y Centroamérica. También tuvo un papel relevante en plataformas de ciencia ciudadana como iNaturalist, donde realizó más de 83,000 identificaciones, contribuyendo al conocimiento colectivo de la biodiversidad. Su enfoque combinaba ciencia rigurosa con accesibilidad, permitiendo que más personas se involucraran en el estudio de la fauna.
Un legado que trasciende generaciones
En mayo de 2025 recibió un homenaje en el Pabellón de la Biodiversidad de la UNAM, reconociendo décadas de trabajo. Su legado no se limita a sus investigaciones o publicaciones. Se refleja en las personas que formó, en las áreas naturales que ayudó a proteger y en las herramientas que dejó para estudiar la vida silvestre. En un contexto donde la biodiversidad enfrenta múltiples amenazas, su trabajo continúa siendo una referencia fundamental para comprender y conservar los ecosistemas del país.
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La trayectoria de Marcelo Aranda muestra cómo la ciencia puede construirse desde la observación paciente, el trabajo de campo y el compromiso con la naturaleza. Su vida estuvo marcada por la curiosidad, la disciplina y una profunda conexión con los mamíferos de México. Su ausencia deja un vacío importante, pero también una base sólida sobre la cual seguir construyendo conocimiento. ¿Quiénes tomarán ahora la estafeta para continuar explorando y protegiendo la riqueza natural del país?




