El 11 de junio de 2026, la NOAA declaró formalmente el inicio de El Niño tras registrar temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial al menos 0.5 °C por encima del promedio durante varios meses consecutivos. Casi de inmediato, el satélite PACE de la NASA confirmó uno de sus primeros efectos visibles desde el espacio: las concentraciones de clorofila-a en el Pacífico central ecuatorial son sustancialmente más bajas en junio de 2026 comparadas con junio de 2025, cuando las condiciones eran neutras. Esa diferencia, aparentemente invisible a simple vista, es el primer eslabón de una cadena que llega hasta los peces, las aves marinas y los leones marinos de Galápagos.
¿Por qué la clorofila es el termómetro de la vida marina?
La clorofila-a no es solo un pigmento verde. Es el indicador satelital más confiable de productividad biológica oceánica: cuando cae, significa que el fitoplancton (esas microalgas que producen cerca de la mitad del oxígeno del planeta y forman la base de toda la cadena alimentaria marina) está desapareciendo de una zona.
El mecanismo detrás de la caída es directo. Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y el océano deja de mezclar sus capas: las aguas frías y ricas en nutrientes que normalmente ascienden desde las profundidades (un proceso llamado afloramiento) se quedan atrapadas abajo. Sin esos nutrientes, el fitoplancton no puede reproducirse. Y sin fitoplancton, toda la red trófica marina empieza a resentirlo: menos alimento para la anchoveta peruana y otras especies pelágicas, menos peces para las aves, menos presas para mamíferos marinos como los leones de mar de Galápagos. Los investigadores de la ESPOL en Ecuador ya identificaron a corales, iguanas marinas y aves de Galápagos como las especies más vulnerables ante el evento actual.
Lo que el satélite PACE está viendo por primera vez
Aquí es donde el evento de 2026 es históricamente distinto a todos los anteriores. El satélite PACE (lanzado por la NASA en febrero de 2024) está registrando un ciclo completo de El Niño por primera vez con datos hiperespectrales de alta resolución. Su instrumento OCI captura luz en 282 canales espectrales continuos, lo que no solo permite medir cuánto fitoplancton hay, sino identificar qué comunidades o especies están presentes. Eso era imposible con instrumentos anteriores como el MODIS.
Los oceanógrafos Matthew Kehrli y Graham Trolley del Goddard Space Flight Center de la NASA anticipan que el déficit de clorofila se profundizará conforme El Niño alcance su pico proyectado entre noviembre de 2026 y enero de 2027. La OMM estima un 90% de probabilidad de que el evento alcance intensidad fuerte en ese período, y el Centro de Predicción Climática de NOAA proyecta un 97% de probabilidad de que persista hasta la primavera boreal de 2027. El satélite Sentinel-6 Michael Freilich, que mide la altura del océano cada 10 días, ya captó en mayo de 2026 una crecida de agua cálida de cientos de millas de ancho avanzando hacia las costas de Sudamérica.
Pero los propios científicos de la NASA son claros en algo: la caída de clorofila es esperada y temporal. Tras eventos anteriores de El Niño, los ecosistemas marinos han mostrado resiliencia. En 1998–1999, una fuerte La Niña generó un gran florecimiento de fitoplancton y un aumento dramático en poblaciones de peces. Los ‘rebotes de clorofila’ impulsados por corrientes ricas en hierro y polvo mineral desde América Central y del Sur son parte del ciclo. El océano ha sobrevivido El Niño antes. Lo que cambia ahora es que, por primera vez, tenemos los ojos suficientemente buenos para verlo todo en detalle.




