Un museo nacional suena como una buena noticia… hasta que implica talar cientos de árboles. En Villahermosa, Tabasco, el anuncio del nuevo Museo Nacional Olmeca ha desatado una ola de indignación. ¿La razón? El proyecto se construirá en el Parque Museo La Venta, un espacio único que combina historia, naturaleza y biodiversidad. Ambientalistas, estudiantes y ciudadanos aseguran que este desarrollo es un ecocidio disfrazado de cultura. Mientras las autoridades defienden el plan, la pregunta flota en el aire: ¿vale la pena destruir un ecosistema por un edificio?
Ecocidio en La Venta: lo que está en juego con el nuevo museo
El Parque Museo La Venta no es cualquier sitio arqueológico. Fundado en 1958 por Carlos Pellicer Cámara, este espacio se integró a la perfección con el Parque Tomás Garrido Canabal para mostrar esculturas olmecas rodeadas de vegetación tropical. Es uno de los pocos lugares en América Latina donde la historia convive literalmente con la flora y fauna local.

Ahora, el proyecto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) propone construir un edificio de 14,700 metros cuadrados en esa misma zona. Para hacerlo realidad, se estima que cientos de árboles serán talados, afectando a especies endémicas, aves, mamíferos y reptiles que habitan el área. Según la petición publicada en Change.org (que ya suma cerca de 30,000 firmas), esta construcción significa un retroceso ambiental y cultural. “Es una amenaza que podría acabar con cientos de árboles de especies endémicas y con ello, ocasionar una pérdida irrecuperable en la biodiversidad de nuestra ciudad”, se lee.
#SalvemosAlTomásGarrido: la resistencia crece en redes y calles
Lo que comenzó como un boletín oficial, pronto escaló a una ola de protesta digital bajo el hashtag #SalvemosAlTomásGarrido. Además, colectivos como Marea Verde y organizaciones culturales convocaron a una manifestación pública. La indignación no solo es ambiental: también es histórica y simbólica. Defender el parque es también defender la visión de Pellicer, quien imaginó este sitio como un puente entre el pasado olmeca y el presente vivo de Tabasco.

“Este proyecto atenta contra la obra y el sueño del prestigioso poeta Carlos Pellicer Cámara”, señalan los activistas. La crítica se enfoca también en la falta de consulta pública y en el antecedente del Museo Elevado de Villahermosa (Musevi), una obra del mismo arquitecto, Enrique Norten, que hoy permanece abandonada tras costar 70 millones de pesos.
Las autoridades responden, pero la polémica no cede
Ante la presión, el gobierno de Tabasco ha comenzado a responder. Fernando Vázquez Rosas, vocero del estado, publicó un video calificando la discusión como “un falso debate”. Según él, el proyecto aún está en desarrollo y se respetarán las leyes ambientales. La secretaria de Cultura, Aída Elba Castillo, admitió que lo presentado fue “un primer proyecto” que aún puede modificarse. Por su parte, Daniel Casasús Ruz, secretario de Obras Públicas, aseguró que sí habrá una consulta pública… aunque sin dar fecha concreta.
Mientras tanto, la incertidumbre crece. ¿Cómo garantizarán que no haya afectaciones ambientales? ¿Por qué no buscar otro sitio para construir? ¿Se están priorizando intereses políticos o turísticos sobre la conservación ecológica?
Un paraíso natural en peligro: lo que podemos perder
El Parque Tomás Garrido Canabal es un pulmón verde en el corazón de Villahermosa. Ahí, los visitantes pueden caminar entre senderos arbolados, observar monos aulladores o simplemente desconectarse del caos urbano. Es un refugio ecológico y cultural, y perderlo sería como borrar una parte del alma de la ciudad.

Además, según datos ambientales, la tala masiva de árboles incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero, reduce la calidad del aire y altera microclimas urbanos. En un estado como Tabasco, que ya enfrenta problemas graves por el “flaring” (quema de gas en pozos petroleros), esta pérdida sería doblemente perjudicial. No se trata de estar en contra de la cultura o el arte. Se trata de no elegir entre historia y naturaleza, porque ambas pueden coexistir si se planea con responsabilidad.

La polémica por el Museo Nacional Olmeca es mucho más que una discusión arquitectónica. Es un reflejo de cómo entendemos el desarrollo, la memoria y el medio ambiente en México. Si el proyecto sigue adelante tal como está, podríamos perder una joya natural y traicionar el legado de quienes imaginaron una ciudad donde el arte y la naturaleza caminaran juntos. ¿Estamos a tiempo de replantearlo o ya es demasiado tarde?




