La Amazonia perdió 3.335 km² de selva entre agosto de 2025 y julio de 2026: la cifra más baja registrada desde 1988. Para poner ese número en perspectiva, en 2022 —el último año de Bolsonaro— se destruyeron 11.594 km². Eso es una caída de casi el 71% en deforestación bajo el gobierno de Lula, y significa que al menos 20.000 km² de selva que habrían desaparecido siguen en pie.
Qué pasó con la Amazonia durante Bolsonaro y qué cambió con Lula
La deforestación de la Amazonia no es un fenómeno natural: responde casi directamente a las políticas de quién gobierna Brasil. Durante los cuatro años de Jair Bolsonaro (2019–2022), la destrucción de selva subió cerca de un 60% respecto al período anterior. Su gobierno desmanteló agencias ambientales, redujo el presupuesto del IBAMA —el organismo de fiscalización ambiental— y envió señales explícitas a madereros, ganaderos y mineros ilegales de que el Estado no les perseguiría. La lógica era simple: la selva como obstáculo al desarrollo.
Con Luiz Inácio Lula da Silva de regreso en la presidencia desde enero de 2023, la tendencia se revirtió de forma sostenida. No fue magia ni un solo decreto: fue reconstruir instituciones, volver a financiar la fiscalización y, sobre todo, cambiar el mensaje político hacia el interior del país. cómo las políticas ambientales afectan al cambio climático global Los datos del INPE (Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais) muestran una caída progresiva año tras año desde 2023, con el ciclo agosto 2025–julio 2026 cerrando en el registro histórico más bajo en casi cuatro décadas.
Por qué 3.335 km² sigue siendo una cifra que duele, aunque celebremos
Celebrar el 71% de reducción es legítimo. Pero 3.335 km² de selva perdida en un año es todavía un área más grande que la Ciudad de Luxemburgo. La Amazonia sigue siendo uno de los ecosistemas más presionados del planeta: minería ilegal, expansión agropecuaria y tráfico de tierras no desaparecieron con el cambio de gobierno, solo encontraron más resistencia institucional.
La amenaza electoral tampoco desapareció. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y figura política en ascenso, ha propuesto flexibilizar las regulaciones ambientales y abrir nuevas zonas a la minería. Lo que los números de 2026 demuestran es que la dirección importa —y que lo que se pierde en cuatro años de desprotección no se recupera en cuatro de conservación. La selva que desapareció durante el bolsonarismo no vuelve. La que sigue en pie, sí se puede defender.
Amamos que los datos existan y sean claros. La Amazonia no es un tema abstracto de cumbres climáticas: es el ecosistema que regula las lluvias de toda Sudamérica, que almacena décadas de carbono y que alberga una biodiversidad que la ciencia todavía no terminó de catalogar. Que en 2026 haya más selva de pie que en cualquier año desde 1988 no es un logro menor, aunque el camino siga siendo largo.




