Japón es un país altamente sísmico, tienen lugar más de 5.000 movimientos sísmicos al año, de los cuales 1.000 son percibidos por la población, y de ellos sólo unos cuantos son terremotos violentos. Si bien han pasado casi 13 años desde el devastador terremoto y tsunami que dio lugar al accidente en la planta nuclear de Fukushima, el pueblo no olvida.
La respuesta ante la alta actividad sísmica que vive el país se vio reflejada pues el lunes 1ro de enero de 2024, todos esos recuerdos volvieron a resurgir cuando Ishikawa comenzó a temblar y empezaron a sonar las alarmas de tsunami. Pero, a diferencia de esa ocasión, el número de víctimas fue mínimo y el nivel de respuesta de los ciudadanos fue alta, según reporta BBC.
Si bien, el fenómeno causo graves estragos en las viviendas y diversas personas, el país celebra el nivel de acción para la mitigación de tales desastres. Y el impacto del mundo, está en lo difícil que pudo ser en cualquier otro país de la Tierra pasar esto sin sufrir un impacto mucho peor, lo cual Japón parece ser que logró.
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Japón: El terremoto que más violento
Cada vez que el país ha sido golpeado por un gran terremoto, se han estudiado los daños y se han actualizado las regulaciones, pero existió uno que dejó no sólo una enseñanza también un recuerdo doloroso y fue en 2011 con el Gran Terremoto y Tsunami del Este de Japón, también conocido como el tercer puesto entre los sismos de mayor magnitud en el mundo.
El 11 de marzo de 2011 se registró el terremoto más fuerte de Japón mismo que sacudió la costa noreste del país y tuvo una magnitud de 9.1, de acuerdo con los Centros Nacionales de Información Medioambiental de Estados Unidos. Esté evento comenzó con un fuerte terremoto frente a la costa noreste de Honshu, la isla principal de Japón, e inició una serie de grandes olas de tsunami que devastaron muchas zonas costeras del país, sobre todo en la región de Tohoku (noreste de Honshu).
En ese momento, el temblor generó un tsunami que llegó a la costa nipona en 30 minutos y cuyas olas alcanzaron casi los 40 metros en la Prefectura de Iwate (en el noreste japonés). A su vez, interrumpió el suministro eléctrico y la refrigeración de tres reactores de Fukushima Daiichi; un importante accidente nuclear que fue calificado de nivel 7 (accidente grave) en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos.
Como consecuencia del terremoto y del tsunami, se produjo una pérdida masiva de vidas, además de devastación ambiental y daños en la infraestructura. De hecho, según reportes de 2020 el número estimado de víctimas fue más de 15.000 fallecidos, 2.527 desaparecidos y presuntos muertos, y 6.157 heridos. Además, más de 120.000 viviendas resultaron destruidas y más de un millón se vieron afectadas. Por eso, este evento se convirtió en el tercero más grande del mundo desde 1900.




