Las Cataratas del Iguazú alcanzaron el 26 de octubre su mayor caudal del año: 17.7 millones de litros de agua por segundo, casi 12 veces el promedio habitual. La razón está en las lluvias intensas que golpearon la cuenca del río Iguazú en las semanas previas, amplificadas por el fenómeno de El Niño. El resultado es uno de los espectáculos naturales más extremos que se han registrado en el lugar en lo que va de 2024.
Qué tan grande es 17.7 millones de litros por segundo
Para ponerlo en perspectiva: el caudal promedio de las Cataratas del Iguazú ronda el millón y medio de litros por segundo. Que en un solo día haya llegado a 17.7 millones significa que el río estaba descargando en cada segundo lo que normalmente tarda casi 12 segundos en mover. Es el tipo de dato que el cerebro procesa pero el cuerpo no puede imaginar del todo.
Las cataratas, que se extienden a lo largo de casi 2.7 kilómetros entre Argentina y Brasil, en su estado habitual todavía permiten que el visitante se plante frente a ellas y las contenga en la mirada. Con este caudal, eso desaparece: el agua no cae, explota. Los videos que circulan muestran una muralla blanca donde antes se distinguían saltos individuales, y la Garganta del Diablo —la caída más icónica del complejo— prácticamente desapareció bajo el vapor y la fuerza del agua. Es el tipo de fenómeno que, como pasó con el volcán Popocatépetl en sus erupciones más recientes, recuerda que hay fuerzas en el planeta para las que el turismo masivo es solo un detalle menor.
El Niño y las lluvias detrás de la crecida
El fenómeno de El Niño consiste en el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, y su efecto sobre América del Sur es bien documentado: más lluvias en la cuenca del Plata, que incluye el sistema del río Iguazú. En 2024, ese patrón se mantuvo activo durante meses, saturando los suelos y elevando los niveles de los ríos de la región.
Las lluvias intensas de las semanas previas al 26 de octubre fueron la chispa final. Cuando una cuenca ya saturada recibe más precipitación, el agua no se absorbe: corre directa hacia los ríos. El Iguazú, que nace en el estado brasileño de Paraná y recorre más de mil kilómetros antes de llegar a las cataratas, acumuló ese volumen de agua hasta que no tuvo a dónde más ir que hacia abajo.
El caudal ya comenzó a descender después del pico, pero los expertos advierten que mientras El Niño siga activo, episodios similares son posibles antes de que termine la temporada lluviosa en la región.
¿Vale la pena ir ahora o esperar?
La respuesta depende de qué quieres ver. Con caudales así, algunos senderos del Parque Nacional Iguazú cierran por seguridad, y la experiencia cambia radicalmente: hay menos control sobre dónde puedes pararte, menos acceso a miradores específicos, pero una escala visual que en condiciones normales simplemente no existe.
Cuando el caudal baja a niveles intermedios —no el mínimo seco de agosto, no la inundación de octubre— es cuando las cataratas muestran su forma clásica: los 275 saltos distinguibles, el arcoíris permanente en la Garganta del Diablo, los senderos mojados pero transitables. Para quien viaja por primera vez, ese rango intermedio suele ser el más fotogénico. Para quien ya fue y quiere algo distinto, una crecida extraordinaria como la de este mes es, en términos literales, irrepetible.




