Las Cataratas del Iguazú cerraron sus puertas el 12 de octubre de 2026 después de que el río alcanzara más de 12,000 metros cúbicos por segundo —más de seis veces su caudal promedio. La Intendencia del Parque Nacional Iguazú y la concesionaria del paseo turístico restringieron el acceso a todos los sectores en Misiones, Argentina, por riesgo a visitantes y trabajadores. Detrás del desbordamiento está El Niño, el fenómeno climático que altera los patrones de lluvia en toda la región y que también elevó los caudales de los ríos Paraná y Uruguay.
Qué pasó exactamente en el Parque Nacional Iguazú
El umbral de seguridad del río Iguazú ya se considera crítico cuando supera los 1,500 m³/s. Cuando la Intendencia del parque registró 12,000 m³/s —una cifra que multiplica por ocho ese límite— el cierre fue inmediato y sin margen de negociación. Las pasarelas que normalmente llevan a los turistas hasta el borde de las cataratas quedaron fuera del alcance, y la empresa concesionaria suspendió todos los recorridos de la jornada.
No es la primera vez que el río crece con esta violencia, pero el contexto de El Niño activo vuelve los episodios más frecuentes y más intensos. Las lluvias sobre la cuenca del Iguazú no llegan solas: el mismo sistema climático que las empuja también está desbordando el río Paraná y el río Uruguay, dos de las arterias hídricos más importantes de Sudamérica. Cómo El Niño afecta las lluvias en México y América Latina
Por qué El Niño convierte una crecida en una emergencia regional
El Niño funciona elevando la temperatura superficial del Pacífico tropical, lo que reorganiza los vientos y desplaza las lluvias hacia zonas que normalmente las reciben en dosis menores. En el sur de Sudamérica eso se traduce en temporadas de lluvias más intensas y más largas, especialmente en Argentina, sur de Brasil, Uruguay y Paraguay.
El resultado no es solo una catarata que cierra un lunes: es un sistema de ríos bajo presión simultánea, comunidades en alerta por inundaciones y la señal de que los eventos climáticos extremos —antes considerados excepcionales— se están volviendo parte del calendario. La reapertura del parque dependerá de cómo baje el caudal en los próximos días y de las evaluaciones de seguridad de la intendencia. Mientras tanto, uno de los paisajes naturales más visitados del mundo permanece cerrado, no por obras ni por burocracia, sino porque el río decidió que todavía no es seguro entrar.




