Entre el 20 y el 23 de julio de 2025, justo antes del amanecer, el cielo nos regala una coreografía celeste que parece sacada de un poema antiguo: una delicada conjunción entre la Luna menguante y el brillante Venus. Este encuentro matutino —visible desde México y gran parte del hemisferio norte— será acompañado por un fenómeno aún más sutil y enigmático: la luz cenicienta.
Si eres de los que se despiertan temprano por el calor del verano, o simplemente disfrutas de contemplar el cielo antes del bullicio diario, este espectáculo astronómico es para ti. Solo necesitas mirar hacia el este, alrededor de las 6:00 a.m., cuando los colores del amanecer comienzan a pintar el horizonte. Allí, entre las primeras luces del alba, Venus brillará con fuerza cerca del delgado filo iluminado de la Luna.

Una danza entre estrellas: Venus y Aldebarán
El lunes 21 de julio, nuestro satélite natural formará un elegante triángulo casi equilátero con Venus y la estrella Aldebarán, el ojo ardiente de la constelación de Tauro. Este triángulo celeste será uno de los momentos más bellos del mes, visible sin necesidad de telescopios.
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Y eso no es todo. A medida que el cielo se va aclarando, Júpiter comenzará a asomarse en el firmamento, siguiendo el mismo camino de Venus. Más arriba, Saturno estará presente con su brillo tenue, mientras que Urano y Neptuno, invisibles a simple vista, recorrerán también esta misma línea de la eclíptica. Son parte de este gigantesco reloj cósmico que nunca se detiene.

El misterioso resplandor de la luz cenicienta
Además de la conjunción planetaria, julio también nos ofrece condiciones perfectas para observar este fenómeno. Este débil resplandor que parece envolver la parte oscura del disco lunar no proviene directamente del Sol, sino de la luz solar que se refleja primero en la Tierra y luego llega hasta la Luna. Es, en palabras sencillas, el reflejo de un reflejo.
Aunque fue Leonardo da Vinci quien propuso esta explicación en su Codex Leicester hacia 1510, la luz cenicienta ya era observada desde la Antigüedad. Ahora, durante estos días previos a la Luna nueva del 24 de julio, el fenómeno se hará especialmente evidente. El fino arco lunar, acompañado por el tenue resplandor cenizo, será visible cada madrugada, acentuando la belleza del cielo veraniego.

Un espectáculo que no requiere más que tus ojos
No necesitas equipo sofisticado para maravillarte con esta conjunción. Pero si cuentas con unos binoculares o un telescopio pequeño, podrás distinguir la superficie lunar iluminada suavemente por esta luz indirecta. El “terminador lunar”, la línea que divide la parte iluminada de la oscura, revelará detalles sutiles del relieve lunar, como montañas, cráteres y valles.
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La Luna continuará su fase menguante hasta alcanzar su punto más oscuro el día 24. Después, irá creciendo lentamente hasta llegar al cuarto creciente el 1 de agosto en Libra, y se convertirá en luna llena el 9 de agosto, esta vez desde la constelación de Capricornio.

Levanta la vista y déjate maravillar
Las noches de verano son cortas, sí, pero cálidas y propicias para reencontrarse con el cielo. Esta conjunción entre la Luna y Venus es una invitación a volver a mirar lo que está por encima de nosotros. A seguir los movimientos de los planetas que, desde tiempos remotos, marcaron los calendarios, inspiraron leyendas y acompañaron los sueños de quienes se atrevieron a levantar la vista.




