El cometa interestelar 3I/ATLAS pasó recientemente a una distancia relativamente cercana de la Tierra, convirtiéndose en uno de los eventos astronómicos más relevantes del año. No se trata de un cometa común: su origen está fuera del sistema solar, lo que lo vuelve extremadamente raro. Su paso ofrece una oportunidad única para estudiar material formado alrededor de otra estrella y comprender mejor los procesos que dan forma al universo. Aunque ya continúa su viaje, todavía hay mucho que aprender de este visitante.
Cometa interestelar 3I/ATLAS y su paso cercano a la Tierra
El punto más cercano del cometa interestelar 3I/ATLAS a la Tierra ocurrió el 19 de diciembre de 2025, cuando se aproximó a unos 270 millones de kilómetros. A pesar de que esta distancia no representa ningún riesgo, es lo suficientemente cercana como para permitir observaciones detalladas con telescopios profesionales y amateurs avanzados.

El cometa tiene un tamaño estimado de entre 440 metros y 5.6 kilómetros de diámetro, según observaciones del Telescopio Espacial Hubble. Presenta una coma verdosa y al menos dos colas visibles, características que indican una intensa actividad cometaria tras su paso por el perihelio a finales de octubre.
¿Por qué el cometa interestelar 3I/ATLAS es un objeto excepcional?
Hasta ahora, solo se han confirmado tres objetos interestelares que han atravesado el sistema solar. El cometa 3I/ATLAS se suma a esta breve lista y destaca por su posible antigüedad: los astrónomos estiman que podría tener miles de millones de años, posiblemente más antiguo que el propio Sol.

Su composición química es distinta a la de los cometas formados en nuestro sistema, lo que permite estudiar material primitivo de otras regiones de la galaxia. Estos datos son fundamentales para mejorar los modelos de formación planetaria y entender cómo se distribuyen el hielo, el polvo y los compuestos orgánicos en el espacio interestelar.
¿Qué sigue ahora en la trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS?
Tras su paso por la Tierra, el cometa interestelar 3I/ATLAS se dirige hacia Júpiter, donde alcanzará su mayor aproximación el 15 de marzo de 2026, a unos 54 millones de kilómetros. Esta cercanía podría permitir observaciones desde misiones espaciales que orbitan el planeta, como Juno.

Posteriormente, el cometa cruzará las órbitas de Saturno, Urano y Neptuno entre 2026 y 2028, sin acercarse de forma significativa a ninguno de estos planetas. Finalmente, abandonará el sistema solar, continuando un viaje que probablemente comenzó hace miles de millones de años en otro rincón de la galaxia.
Lo que los científicos aún buscan responder
A pesar de las observaciones realizadas, todavía existen incógnitas importantes. No se ha identificado con certeza el sistema estelar del que proviene el cometa interestelar 3I/ATLAS, y es posible que nunca se determine. También se siguen estudiando las variaciones en su actividad, incluyendo posibles erupciones de hielo y gas.

La Red Internacional de Alerta de Asteroides mantiene un seguimiento activo hasta enero de 2026, no por riesgo, sino por el valor científico del objeto. Cada dato recopilado ayuda a completar una imagen más amplia sobre cómo viajan estos cuerpos entre estrellas y qué nos pueden revelar sobre el origen del sistema solar.
¿Qué nos enseña 3I/ATLAS sobre otros sistemas estelares?
El estudio del cometa interestelar 3IATLAS /también permite comparar nuestro sistema solar con otros entornos planetarios. Su estructura, velocidad y actividad sugieren que los procesos que forman cometas podrían ser más comunes y universales de lo que se pensaba. Esto refuerza la idea de que muchos sistemas estelares generan grandes cantidades de objetos pequeños que, con el tiempo, pueden ser expulsados al espacio interestelar. Analizar estos cuerpos ayuda a entender cómo evolucionan los sistemas planetarios, cómo interactúan con estrellas jóvenes y qué condiciones podrían favorecer la presencia de compuestos esenciales para la química del universo.

El paso del cometa interestelar 3I/ATLAS representa una oportunidad excepcional para observar material que no se formó alrededor del Sol. Aunque su visita es breve, la información obtenida tendrá impacto duradero en la astronomía. Este tipo de eventos recuerda que el sistema solar no está aislado, sino inmerso en un universo dinámico y en constante intercambio. ¿Cuántos otros viajeros interestelares habrán pasado sin que nadie los notara?




