Durante décadas, Betelgeuse ha sido una de las estrellas más fascinantes del cielo. Su enorme tamaño, sus cambios de brillo y la posibilidad de que algún día explote como supernova la convirtieron en protagonista de innumerables investigaciones. Sin embargo, el 28 de julio de 2026 marcó un antes y un después para su historia: un equipo internacional presentó la evidencia más sólida de que Betelgeuse tiene una estrella compañera. El descubrimiento pone fin a una búsqueda de casi un siglo y abre una nueva etapa para entender cómo evolucionan las estrellas más grandes del universo.
El descubrimiento del 28 de julio de 2026 que sorprendió a la astronomía
El hallazgo fue publicado en la revista Astronomy & Astrophysics por un equipo encabezado por el astrónomo francés Miguel Montargès, del Observatorio de París. Utilizando el instrumento SPHERE, instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, los investigadores lograron obtener la imagen más clara hasta ahora de una pequeña estrella que acompaña a Betelgeuse.

Lo más llamativo es que esta compañera había sido buscada durante casi 100 años. Desde hace décadas existían sospechas de que Betelgeuse no estaba sola, pero su enorme brillo hacía prácticamente imposible observar cualquier objeto cercano. Gracias a nuevas técnicas de óptica adaptativa y procesamiento de imágenes, los científicos lograron detectar una señal con una confianza de entre 5 y 6 sigma, suficiente para considerar el hallazgo como la evidencia más sólida obtenida hasta la fecha.
Betelgeuse B: una compañera más grande de lo esperado
La estrella descubierta, conocida como Betelgeuse B, resultó ser muy diferente a lo que los modelos habían anticipado. Antes se pensaba que tendría una masa similar a la del Sol, pero las observaciones revelaron que posee entre 2.6 y 3.1 veces la masa solar, por lo que es mucho más brillante de lo esperado. Los investigadores calcularon que la estrella se encuentra a una distancia aproximada de 8.8 unidades astronómicas de Betelgeuse, una separación comparable a la que existe entre el Sol y Saturno.

Aunque esa distancia parece enorme, en realidad la compañera orbita dentro de la gigantesca atmósfera extendida de la supergigante roja, una situación muy poco común que podría explicar parte de su comportamiento. Este descubrimiento también confirmó una predicción realizada en 2024, cuando dos estudios independientes calcularon dónde debía encontrarse la compañera según los ciclos de brillo que presenta Betelgeuse aproximadamente cada seis años.
La pieza que faltaba para explicar los cambios de brillo
Betelgeuse es famosa por no mantener siempre el mismo brillo. Desde la Antigüedad, distintas civilizaciones ya habían observado que su intensidad variaba con el tiempo, aunque nadie sabía con certeza cuál era la causa. Con la identificación de Betelgeuse B, los científicos cuentan ahora con una explicación mucho más completa. Cada vez que la compañera atraviesa el material expulsado por Betelgeuse, altera la distribución del gas y del polvo que rodean a la estrella, provocando parte de esas variaciones luminosas registradas durante décadas.

Este hallazgo también ayuda a comprender un fenómeno conocido como período secundario largo, presente en aproximadamente una cuarta parte de las supergigantes rojas. Durante años fue uno de los grandes misterios de la evolución estelar y ahora comienza a tener una explicación respaldada por observaciones directas.
¿Qué cambia para el futuro de Betelgeuse?
El descubrimiento no significa que Betelgeuse vaya a explotar pronto, pero sí modifica la forma en que los astrónomos estudian su evolución. Después del llamado Gran Oscurecimiento entre 2019 y 2020, muchos pensaron que la estrella estaba cerca de convertirse en supernova, aunque más tarde se comprobó que aquel fenómeno fue causado por una enorme nube de polvo expulsada por la propia estrella. Ahora, la presencia de una compañera introduce un nuevo elemento en la ecuación.
La interacción entre ambas estrellas podría influir en la pérdida de masa de Betelgeuse, modificar su entorno e incluso cambiar el momento en que ocurra la futura supernova. Los especialistas aclaran que aún es imposible determinar si ese proceso se adelantará o se retrasará, por lo que serán necesarias nuevas observaciones durante los próximos años. Aunque el equipo considera que la probabilidad de error es muy baja, todavía falta una segunda observación, prevista cuando la estrella aparezca al otro lado de su órbita, para confirmar oficialmente que ambas permanecen unidas por la gravedad.
Un descubrimiento que demuestra que el universo aún guarda sorpresas
El descubrimiento de la estrella compañera de Betelgeuse, anunciado el 28 de julio de 2026, representa uno de los avances más importantes de la astronomía reciente. No solo resuelve un misterio que intrigó a generaciones de investigadores, sino que también ofrece nuevas pistas sobre cómo nacen, evolucionan y mueren las estrellas más masivas del universo. Incluso un objeto tan conocido y estudiado como Betelgeuse aún era capaz de ocultar un secreto fundamental. Ahora que esa pieza finalmente apareció, las preguntas ya no son si estaba sola, sino cómo cambiará esta compañía nuestra comprensión de una de las futuras supernovas más esperadas del cielo.




