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SCI-INNOVACIÓN

El discurso más hermoso de Carl Sagan sobre el planeta Tierra (audio)

Pese a que ya han pasado más de dos décadas desde que Carl Sagan partiera de este plano, el legado del divulgador sigue más vivo que nunca. Con su gran capacidad para generar puentes entre la complejidad y la simpleza cotidiana, Sagan indagó mucho más allá de los aspectos científicos, se introdujo más de una vez en reflexiones filosóficas desde el punto de vista de un astrónomo, logrando charlas conmovedoras dirigidas a su audiencia. Pero quizá, su discurso más hermoso es aquel que habla de nuestro planeta que es a la vez un punto pálido azul en la inmensidad del Universo y a la vez, un todo para nosotros.

En 1990, la sonda espacial Voyager 1 lanzada en 1977 ya había recorrido la asombrosa distancia de 6 mil millones de kilómetros. Entonces los investigadores quisieron observar si el brillo de la Tierra se lograría percibir desde este punto de observación. La cámara de la Voyager giró hacia nuestro planeta y tomó una última fotografía que ha pasado la posterioridad por hacernos comprender lo insignificante que puede resultar nuestro planeta para el cosmos.

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En la imagen se puede apreciar del lado derecho muy cerca de la franja anaranjada, un pequeño destello de punto azul, que es nuestra Tierra. Ese punto insignificante es nuestro hogar y Sagan pensó que mirarnos desde esta perspectiva, podría surtir efecto ante el egoísmo humano. Por ello nombró a una de sus obras como “Un punto azul pálido”, en la que explora una amplia reflexión filosófica sobre nuestra posición en el cosmos.

Un punto azul pálido

La reflexión de Carl Sagan es sin duda un hermoso mensaje que nos llega directo a la mente, pero leer sus propias palabras impacta más fuertemente en la psique:

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“Mira de nuevo ese punto. Eso es aquí. Ese es el hogar. Esos somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos los que has oído hablar, todos los seres humanos que alguna vez fueron, vivieron sus vidas. El conjunto de nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas confiadas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, todos los maestros de moral, todos los políticos corruptos, todas las “superestrellas”, todos los “líderes supremos”, todos los santos y pecadores en la historia de nuestra especie vivieron allí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en un vasto escenario cósmico. Piensa en los ríos de sangre derramados por todos aquellos generales y emperadores para que, en la gloria y el triunfo, se convirtieran en los dueños momentáneos de una fracción de punto. Piensa en las infinitas crueldades que los habitantes de un rincón de este píxel cometen con los apenas distinguibles habitantes de algún otro rincón, cuán frecuentes son sus malentendidos, cuán ansiosos están de matarse unos a otros, cuán fervientes sus odios.

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Nuestras posturas, nuestra supuesta importancia personal, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es una mota solitaria en la gran oscuridad cósmica envolvente. En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay ningún indicio de que vendrá ayuda de otra parte para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay otro lugar, al menos en un futuro cercano, al que nuestra especie pueda migrar. Visita, sí. Tranquilízate, todavía no.

Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde hacemos nuestra posición. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y formación de carácter. Quizás no haya mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta imagen lejana de nuestro diminuto mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos con más amabilidad y de preservar y cuidar el punto azul pálido, el único hogar que hemos conocido”.

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