La miel es uno de los productos de la naturaleza cuyo consumo resulta más saludables y benéfico.

Ya sea como endulzante natural o como remedio casero para la gripa, tos o problemas intestinales, la miel es un ingrediente que debe estar en cualquier alacena de cualquier hogar. Sin embargo, no todas las mieles son especialmente benéficas para el cuerpo, y a continuación te diremos por qué.

La miel cruda es totalmente diferente a la miel procesada que venden en los supermercados, pues no tiene el mismo proceso de elaboración. De hecho, se estima que el 76% de la miel que se compra en el supermercado es falsa, ya que no cuenta con los nutrientes necesarios para proveer la serie de beneficios que debería brindar. E incluso se sabe que muchas veces se trata de un producto genéticamente modificado y con niveles significativos de jarabe de maíz con alta fructosa (HFCS, por sus siglas en inglés), lo cual se ha asociado con diabetes, obesidad, hipertensión y problemas en el hígado. Y por último, aunque no menos importante, la mayoría de este tipo de miel es importada de China y la India, por lo que contribuye al factor de contaminación global pues contiene cloranfenicol –un líquido para los ojos que se ha asociado con el desarrollo de leucemia–.

Por otro lado, la miel “cruda” contiene polen de abeja, que es considerado uno de los alimentos más nutritivos en el planeta y cuenta con proteína medicinal para desnutrición y desequilibrio energético. Inclusive, este tipo de miel se usa para control de peso, remedios de belleza, alergias y control de salubridad. Además, a diferencia de la miel procesada, la miel cruda dura mucho; es decir, aun si se tiene almacenada durante 1 año, es probable que no caduque.

En caso de que desees comprar miel cruda, te recomendamos hacerlo en tiendas o a vendedores locales; pregúntales el proceso de su miel y la mejor manera de conservarla durante más tiempo. Y si usan aditivos, recuerda que esa miel ya pasó por un proceso químico probablemente dañino para el cuerpo.