5 maneras en las que los elefantes son como nosotros, pero mejores

Además de ser el mamífero terrestre más grande del mundo y uno de los más poderosos del planeta, es también uno de los más nobles. Aquí te decimos qué puedes aprender de ellos.

El 12 de agosto fue el Día Mundial de los Elefantes. Para celebrar a estos paquidermos, les presentamos una lista que nos demuestra que estos seres tienen una naturaleza verdaderamente sensible, la cual pone en evidencia las limitaciones de la humanidad.

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1.Fortísimos lazos maternales: Si bien son muchas las madres del reino animal que protegen a sus crías recién nacidas, no son muchas las que les prestan tanta atención y por periodos tan largos. Una madre elefante protegerá a su cría de depredadores y le proveerá sombra. Especialistas han observado que cuando un elefante está a punto de nacer, las hembras de la manada se reúnen a hacer llamados. Cómo si no fuera suficiente, las elefantas tienen un periodo de gestación de 22 meses, el tiempo más largo del reino mamífero.

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2. Complejos sistemas sociales: Como los humanos, los elefantes conviven en sociedades, aunque las suyas siempre son matriarcados. La elefanta más vieja tiende a ser la que domina al grupo, el resto de la manada consiste de sus hijas y sus crías. Los machos abandonan este núcleo cuando alcanzan la madurez, alrededor de los quince años de edad. Después caminaran solos y se aparearan con hasta doce hembras de diferentes grupos así maximizando la supervivencia de sus genes. De esta manera, mientras que hay una manada núcleo, también existe cierta libertad que garantiza la una mayor variedad genética.

3. Lamentan la muerte de sus familiares: Cuando un miembro de la manada muere, el resto se mantiene a su lado por periodos largos, algunos de ellos lo acarician y los huelen. Tras la muerte de su cría, las madres llegan a pasar días enteros junto al cuerpo y además pueden llegar a experimentar una depresión después, caminando lento y comiendo menos. En ciertas ocasiones ponen pasto o ramas sobre el cuerpo, llevando a especialistas a inferir que los elefantes entienden —hasta cierto grado— la muerte, por lo que pasan un periodo de duelo.

Marina Cano

4. Disfrutan el momento: Por alguna razón muchos consideramos que esta especie es de las más serias del reino animal, sin embargo, son todo lo contrario. Los elefantes son capaces de demostrar muchas emociones, entre ellas felicidad y empatía. Los elefantes pequeños tienden a disfrutar jugar, “chapotear” y corretearse los unos a los otros. Por otro lado, los elefantes adultos se ven aliviados una vez que son liberados y participan en juegos para comunicarse con otros. 

Marina Cano

5. Pueden entender varios idiomas: De acuerdo a un estudio conducido por la Universidad de Sussex en Inglaterra, los elefantes pueden reconocer diferentes idiomas, reaccionar a los que conocen, diferenciar voces de hombres, mujeres y niños y además pueden comprender cuando una persona señala algo, cosa que muchos primates no hacen. También pueden inferir cuando un tono los amenaza, y los grupos con matriarcas mayores reaccionan más rápido a estas situaciones, agrupándose buscando protección.

Sin duda alguna, habrá muchas razones más por las cuales los elefantes (y quizá otros animales) a veces parecen ser mejores personas que nosotros. La inteligencia que demuestran, así como su sensibilidad y los fuertes lazos afectivos que forman nos recuerdan que debajo de esa dura y aparentemente impenetrable piel, hay seres sabios, juguetones y amorosos. Comprenden la importancia de la colaboración, saben que hay mayor seguridad en grupos y defienden siempre a los más jóvenes. Quizá es hora de recordar que, aunque muchas veces es más fácil pensar lo contrario, no somos los únicos animales que son capaces de sentir un amplio espectro de emociones y ahora, más que nunca, su supervivencia depende de nosotros.

Autor: Adriana Morales
Graduada de la Universidad de Edimburgo en Letras Inglesas con Historia del Arte. Publicada en el catalogo de exhibición de Guillermo Ruiz y la Escuela de Escultura y Talla Directa. Amante de la jardinería, viajes y animales.


Los elefantes merecen ser tratados como personas (aquí te explicamos por qué)

Como nosotros, los elefantes sienten, se comunican de forma compleja y forman lazos sociales.

Según un ensayo publicado por el doctor Don Ross en la revista Aeon, los elefantes tienen todo el potencial para ser considerados personas; si no lo expresan, es porque carecen de las herramientas para hacerlo. Esta aseveración no surge de la mente de algún romántico o de un loco: está basada en décadas de estudios científicos.

Al igual que un puñado de otros animales (entre ellos los cuervos, delfines, chimpancés y gorilas), los elefantes poseen una sensibilidad impresionante que los separa del resto del reino animal. Aunque claramente no pertenecen a la especie humana ni escribirán tratados filosóficos pronto, sí que cumplen con las características que los hace merecer el respeto y la empatía que conferimos a las personas.

 

 

¿Por qué podrían ser como personas? 

Si todo esto parece un poco absurdo, tal vez serviría considerar la definición de persona. Legalmente, se trata de quien puede adquirir derechos y contraer obligaciones. Bajo esa idea, ni los niños ni los humanos con capacidades intelectuales diferentes son considerados personas según la ley.

La legalidad no es lo único que define a quiénes tratamos con el cuidado que merece una persona. ¿Cuál es la clave, entonces? 

Los atributos principales de una persona que menciona el doctor Ross, basándose en la antropología y la filosofía, son el uso del lenguaje y la hipersocialidad. Para ser considerados personas, los elefantes deben poseer un lenguaje complejo, además de la capacidad (y necesidad) de utilizarlo en sociedad. 

 

Los elefantes se comunican de forma compleja

Usan una serie de bufidos, golpes en el suelo y caricias para transmitir mensajes variados. Su habilidad comprensiva es impresionante: pueden entender las reglas de la lotería (y jugarla) y saben distinguir entre las tribus de humanos que los cazan y aquellas que los dejan vivir en paz. 

Según lingüistas como Charles F. Hockett, estas cualidades no son suficientes para considerar que su forma de comunicación clasifica como un lenguaje tan complejo como el humano, pero los elefantes sí podrían cumplir con una importante característica: son capaces de hablar sobre eventos que no han ocurrido todavía.

El doctor Ross relata que los elefantes planifican sus viajes a través de manadas diferentes: le comunican a otros elefantes los peligros que podrían encontrar una vez que crucen ciertas fronteras. 

Esta manera de comunicarse tiene que ver con el fenómeno de la evolución. Los elefantes saben comunicarse tan bien porque han crecido en conjunto y se han visto en la necesidad de crear lazos sociales. Esto nos lleva al siguiente punto…

 

Ellos también padecen traumas (y los superan)

Como nosotros, los elefantes parecen tener cierta conciencia de sí mismos: incluso se reconocen en los espejos. Esto podría apuntar a que tienen el potencial de actuar más allá de su instinto. 

Se ha demostrado que los elefantes pueden padecer traumas que afectan su modo de actuar. Cierto grupo de machos, después de ver como asesinaron a sus padres enfrente de ellos, atacaron con violencia inexplicable a un grupo de rinocerontes. Las hembras, también huérfanas, sufrieron síntomas de estrés postraumático y se volvieron más retraídas.

Ambos comportamientos mejoraron ante la presencia de una figura adulta que se insertó de manera natural en sus manadas, lo cual revela que los elefantes elefantes forman entre sí lazos sólidos de cooperación que los ayudan a sanar.

 

¿Son como nosotros?

Aunque pueden ser entrenados para delinear diseños predibujados, los elefantes no cuentan con una producción creativa que perdure a través del tiempo. Según Ross, esto podría deberse a dos factores: no tienen las herramientas para hacerlo, o simplemente no les interesa.  

Se podría objetar que tampoco razonan en el mayor sentido de la palabra, pero hacer esta afirmación es más difícil de lo que parece. Los humanos tampoco racionalizamos cada una de nuestras actividades.

Según algunos filósofos de Harvard, muchas de las grandes decisiones de nuestra vida no las tomamos tras una extensa deliberación metafísica, sino porque se adhieren a lo que nuestras sociedades esperan de nosotros. Esta manera de actuar no se aleja tanto de la de los elefantes.

Estamos de acuerdo en que no hay forma de saber qué es lo que ellos harían si pudieran razonar. Tal vez aún haya dudas sobre qué tan parecidos son a nosotros, pero está clarísimo que son seres sensibles, conscientes de sí mismos, capaces de comunicar un amplio espectro de cariño y de experimentar dolor psicológico.

Esto quizá arroja una luz sobre una cuestión muy relevante para la vida: ellos merecen la bondad y la empatía que le debemos a todos los seres, aunque no sean humanos

 

* Imagen 2): Haut de Gamme



Francia es el primer país en prohibir oficialmente el tráfico de marfil

La compra venta de marfil está estrictamente prohibida, incluso como antigüedades.

En el mundo de hoy, uno de los actos más revolucionarios que podemos alcanzar como individuos y sociedad, es el acto de compra. Las decisiones políticas están enormemente influenciadas por los intereses económicos, sin embargo, los consumidores tenemos la opción de hacer caer ciertas corporaciones o mercados dañinos.

En el mundo, según cifras de International Fund for Animal Welfare, cada 15 minutos un elefante es muerto por cazadores con el fin de obtener su marfil. Ello conlleva que cada año entre 25 mil y 35 mil ejemplares mueran por esta causa. Sin embargo la ecuación es sencilla: si existe este tipo de caza es porque hay un mercado dispuesto a comprar productos de marfil, o bien, marfil directamente.

En Francia, un país que abiertamente lleva la batuta en este tema, desde 1990 existen normas para regular la compra y venta de marfil, sin embargo estas no contemplaban las antigüedades a base de este material. Ahora,una nueva ley, es más estricta que nunca para regular la compra-venta de marfil.

Esta nueva ley se centrará sobre todo en las subastas y es una medida que de una vez por todas terminará con la legitimidad cultural de este material como uno de lujo. Su aplicación supone en cambio de mentalidad en el que, culturalmente, este tipo de artículo ser verá finalmente como un tipo de crimen.

Esta medida es parte de la Ley de la Biodiversidad que contempla una serie de decisiones tomadas desde enero de 2015.

[konbini]