If you have tears, prepare to shed them now.
William Shakespeare

Difícilmente podríamos dudar de la perfección del engranaje que organiza el mundo natural. Pero más allá de su impecable diseño, lo cierto es que la naturaleza no se contenta con ser impecable, sino que lleva sus cualidades al mundo de la estética, la más bella de todas, e incluso coquetea con la poesía pura.

Ejemplo de lo anterior es un peculiar fenómeno que se ha documentado en la selva del Amazonas. Se trata de una fuente de nutrientes a la que recurren las abejas y en particular, las mariposas: las lágrimas de las tortugas. De acuerdo con Phil Torres, miembro del Centro de Investigación Tambopata (con sede en Perú) y quien encabezó este descubrimiento, las lágrimas de las tortugas contienen altos niveles de sodio, un mineral vital y que no abunda en la región amazónica.

Las tortugas obtienen grandes cantidades de sodio gracias a su dieta fundamentalmente carnívora, mientras que para los herbívoros procurarse esta esencial sustancia resulta mucho más difícil. Además, no se descarta la posibilidad de que las lágrimas contengan otros preciados nutrientes que enriquecen la dieta de los insectos. Y si bien aún no se determina si las tortugas obtienen algún beneficio de dicha interacción –más allá de que su vista quede bloqueada y se conviertan en presa fácil de los fotógrafos–, lo cierto es que bien podría tratarse de una de las más estéticas manifestaciones de simbiosis.