Comunidades de transición: enseñando al mundo a vivir en el futuro

Creado en el 2005, este creciente movimiento se dedica a enseñar a las comunidades cómo vivir sustentablemente y dejar de depender del petróleo y otros recursos finitos.

Las “comunidades de transición” son parte de un movimiento que cada vez cobra más importancia. Creado por Louise Rooney y popularizado por Rob Hopkins, la propuesta de esta iniciativa es dotar de control a las comunidades agrícolas para soportar el doble desafío del cambio climático y el declive del petróleo.

Los que participan en el proyecto (que cada vez son más alrededor del mundo) se dedican a generar conciencia de la vida sustentable y a ayudar a gestar adaptación ecológica local en un futuro cercano. Alientan a las comunidades a buscar métodos para reducir el uso de energía, al igual que su participación en largas cadenas de abastecimiento que son completamente dependientes de combustibles fósiles para la producción de artículos esenciales. Uno de los lemas del movimiento es “Alimentos a pie, no alimentos a millas”. Hasta ahora, las iniciativas han incluido la creación de huertos comunitarios para el cultivo de alimentos y de empresas de intercambio de residuos, e incluso la reparación y reciclaje de objetos antiguos (en lugar de tirarlos a la basura). En pocas palabras, las comunidades de transición enseñan a otras comunidades a ser autosuficientes y respetuosas con los recursos naturales.

intransitionlogoLa ideología central del movimiento de las comunidades de transición es la idea de que una vida sin petróleo podría ser mucho más agradable y satisfactoria que la actual. Ello conlleva cambiar nuestra mentalidad y darle cabida a la idea de que la próxima era después del petróleo barato es más una oportunidad que una amenaza, y diseñar un futuro en donde produzcamos bajas emisiones de carbono para, así, ser prósperos y resistentes; diseñar un lugar mucho mejor para vivir que la actual cultura del consumo alienado, basado en la codicia, la guerra y el mito del crecimiento perpetuo.

En muchos lugares, un aspecto esencial de la transición es que el trabajo de transición exterior debe ir acompañado de transición interna. Con el fin de avanzar en las vías de descenso de energía de manera eficaz, tenemos que reconstruir nuestras relaciones con nosotros mismos y con el mundo natural. Ello requiere centrarse en el corazón y el alma de la transición.

El número de comunidades que participan en el proyecto es cada vez mayor y muchas de ellas están en vías de convertirse en comunidades “oficiales” de transición, cualidad que les permite compartir sus ideas con otras comunidades para que luego ésas las compartan con otras, y así sucesivamente. En Inglaterra, los medios de comunicación han puesto en marcha una serie llamada The Archers en la BBC Radio 4, que ilustra la evolución que ha tenido el movimiento.



Este extenso estudio comprobó lo que ya sabíamos: la agricultura ecológica es mejor

Explotar a la naturaleza ya no es opción, ni siquiera para los que sólo quieren usarla para producir masivamente.

La naturaleza y su biodiversidad han sido expoliadas para que podamos seguir produciendo lo que nuestros vertiginosos estilos de vida reclaman. En ese frenesí, pocas cosas han resultado más dañadas que la propia tierra, el suelo del cual brotan los alimentos que nos sustentan.

La agricultura negligente que sobreexplota los campos se presenta como una amenaza global por su forma de manejar los recursos naturales. Esto ha causado la degradación de la tierra debido al sobrepastoreo, el uso excesivo de pesticidas y el mal manejo del agua, entre otras cosas. Además, esta práctica contribuye enormemente al cambio climático, el cual a su vez provoca el detrimento del cultivo de la tierra.

El 80% de los suelos agrícolas de México se han degradado.

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Por eso es urgente volver a otros esquemas y métodos de agricultura ecológicos y sustentables. Contrario a lo que muchos piensan, ello no será un retroceso, sino una evolución.

 

Alta productividad de cultivos sustentables 

No sólo el campo puede ser 100% sustentable, sino que bajo una agricultura ecológica puede ser más productivo. Esto se comprobó en un estudio reciente realizado por 17 universidades, en el cual se analizaron sistemas de agricultura sustentable que no sólo son mejores para el ambiente, sino que incrementan la producción de cultivos (y por ende, de comida).

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Lo que pudieron comprobar las distintas instituciones participantes en esta investigación es que la llamada “intensificación sustentable de la agricultura” está rindiendo frutos en donde se está aplicando, es decir, en 163 millones de granjas en el mundo. Esto marca un nuevo paradigma para la agricultura mundial, y podría ayudar a la soberanía alimentaria de comunidades y países enteros.

La agricultura ecológica busca un equilibrio entre productividad y y sustentabilidad. Sus modelos son diseñados según las necesidades del ecosistema, e incluso toman en cuenta el entorno social. De esta forma las granjas pueden poner en práctica técnicas alternativas de agricultura (por ejemplo, de control de pestes, microirrigación, rotación de cultivos, mantenimiento manual de la tierra, etc.) y generar un equilibrio efectivo entre trabajo, gastos y productividad que termina siendo favorable para los agricultores sin dañar al medioambiente.

Además, los cultivos producidos en granjas donde se utiliza la agricultura ecológica son más saludables que los de la agricultura convencional.

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Estas son buenas noticias (que ya sabíamos, o por lo menos intuíamos). Pero cabe seguir profundizando en la cuestión y pensar en que las nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza deben venir de una renovada concepción de ésta, así como de una aproximación que parta de los conocimientos ancestrales de los que nos hemos alejado y que tienen como eje rector respetar los ciclos naturales de la tierra.

Por eso decimos que se debe volver a paradigmas sustentables.

Asimismo, se deben cuestionar otros paradigmas contemporáneos, como el del progreso y la productividad: ¿en verdad hace falta producir más comida? Si sabemos que más del 40% de la comida se desperdicia, ¿no habrá que cambiar también otras prácticas, como la manera como se distribuye la comida, o la manera en la que la consumimos?

Estas son preguntas para la reflexión colectiva, cuyas respuestas nos pueden llevar a una ecoevolución consciente.

 

* Imágenes: 1) Jimmy Tran; 2) El Economista; 3 y 4) Eva Verbeeck



Oficialmente esta es la primera comunidad libre de plástico en el mundo

En esta comunidad, las tazas de café son biodegradables, la leche viene en botellas de vidrio y los cepillos de dientes están hechos de bambú.

Muchas personas hemos querido llevar a la acción la idea de un mundo sin plástico. Sociedades cada vez más conscientes de que el consumo de este material no solo se distancia de lo útil, si no que raya entre la posibilidad de enfermar y extinguir a cada vez más especies (incluyendo a la especie humana) y en ser uno de los problemas más graves de contaminación de los últimos 50 años, con miras a invadir en su totalidad los oceános en los próximos 30 años. Sin mencionar que se trata de un material altamente tóxico y poco estético.

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Por el otro lado, miles de personas son cada vez más consumidoras de productos de mala calidad hechos de plástico, o bien, han normalizado en su vida cotidiana el uso de todo tipo de productos desechables cuyo uso no dura más de diez minutos –es el caso de la bolsa de plastico.

Hoy en día ya existe una primera comunidad que ha logrado reducir a cero su consumo de plástico. En Gales, los ciudadanos de Aberporth han logrado erradicar el plástico de sus tiendas, comercios y playas ¿Cómo lo lograron? –Haciendo un esfuerzo en equipo.

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Pareciera una labor imposible, pero lo cierto es que en esta comunidad, las tazas de café son biodegradables, la leche viene en botellas de vidrio y los cepillos de dientes están hechos de bambú.

La idea surgió desde el cineasta y oriundo de la región, Gail Tudor. Tudor emprendió un largo viaje en barco por las costas británicas y se dio cuenta del peligro de los microplásticos flotando en el mar: las piezas de este material se desprenden de artefactos más grandes y son consumidas por peces y animales acuáticos. Tudor estableció contacto persona a persona en la región, invitándolos a sumarse a este esfuerzo. Una página de Facebook sirvió de enlace para mantenerlos informados sobre lo que iba ocurriendo.

“Los microplásticos son el problema real”, advierte Tudor, y continua, “recogen toxinas que terminan en peces y luego terminan en nosotros, en nuestra cadena alimenticia”.

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Pero Aberpoth no sólo logró el título oficial de la primer comunidad libre de plástico en el mundo, también consiguieron triunfos internos, como el hecho de que las personas, dueñas de negocios locales, renunciaran a la utilización de tres diferentes productos de plástico.  

Aberpoth es sin duda un ejemplo de consciencia colectiva que sugiere, no la “posibilidad” de un futuro sin plástico, sino la acción para lograr hechos reales desde la perspectiva de un futuro compartido.

 

*También en Ecoosfera: ¿Cómo liberar del plástico a tu vida diaria?